El Estado impone Reforma Educativa basada en evaluar el desempeño docente: falacia Peñanietista

By on septiembre 23, 2013

* Enrique Peña Nieto y Emilio Chuayffet Chemor en lugar de promover la catarsis educativa amenazando con el despido, deberían decirnos cómo piensan formar a los buenos docentes que requiere el país

 Por: Edgar Gómez Bonilla

Que «la política educativa la dicta el Gobierno, y que el Estado es el que debe señalar  que maestros son competentes porque conocen su materia, es un asunto de proyecto nacional, que abarca a la sociedad en su conjunto y a la nación entera”, esta es la limitada visión con la cual Emilio Chuayffet pregona su famosa reforma educativa, con trasfondo a todas luces  laboral.

Si la competencia de un maestro, que es el motivo del futuro proceso de evaluación se remite únicamente a su conocimiento de la materia, entonces sí que vamos de avance. Que  descubrimiento tan relevante delimita el secretario, con su discurso del siglo pasado donde lo trascendente es que el maestro promueva la cultura del conocimiento, formando alumnos enciclopedistas y no lo que la UNESCO marca en la presente década donde el maestro debe demostrar su competencia de enseñanza a partir de la promoción de los saberes (en  plural y no el saber en singular) incorporando sus conocimientos, habilidades y actitudes en su labor diaria en el aula.

Al señor secretario le sentaría bien impartir cátedra para ser más sensible y opinar con fundamentos sobre lo que implica ser docente en México, no degradando más la figura del maestro, porque sin duda son muchos los docentes que están preocupados por hacer que sus alumnos aprendan y accedan a las escasas oportunidades que el Estado les tiene preparado socialmente, porque muchos maestros ejercen su docencia reflexionando sobre la manera cómo se pueden alcanzar los principios de formar y educar para la vida.

En el presente se hace alusión a que los conocimientos caducan rápidamente y por lo tanto hay que estarse actualizando y capacitando en forma permanente, los tiempos donde se pensaba y se asumía que “echando a perder se aprende” , ya no puede aplicarse en el contexto contemporáneo, porque ahora deben demostrarse las competencias de dominio para no ser excluido de las oportunidades profesionales y/o laborales. Esta acción emergente debe ser una de las prioridades que  la Secretaría de Educación debe atender urgentemente, evitando la simulación para  apostarle a formar  seriamente a sus maestros, más que  informarlos.

En México convertirse en profesor es relativamente fácil si comparamos las situaciones que están viviendo los europeos y norteamericanos con respecto a la profesionalización de la enseñanza,  porque basta presentar los documentos de preparación para ser incorporados a la docencia sin que exista la menor preocupación por verificar que las competencias de enseñanza estén desarrolladas,  y como pensarlas cuando las políticas educativas, navegan en ese gran barco que se llama Educación, las cuales se hacen sólo por cumplir.

Como no se va a visualizar débil el papel del maestro, si este hace lo que puede con las limitadas herramientas que el mismo sistema le otorga, las dimensiones de la enseñanza se ven envueltas en un sombroso panorama de retroceso que afecta la formación de los alumnos, ya que como participantes de los ejercicios de educar no se asume el principio de identidad y compromiso docente.

El presidente de México y su secretario de educación deberían saber que los maestros en el aula se preocupan por  saber escuchar, hacer preguntas, ser receptivos, recordar que cada estudiante y clase son distintos, mostrando que lo aprendido es útil y pertinente para comprender y desenvolverse en el contexto que les ha tocado vivir. El docente modifica sus paradigmas para atender las necesidades de sus alumnos en el aula.

Para incorporarse en la enseñanza y alcanzar la buena docencia deben resolverse los retos que caracterizan la acción de educar, pararse frente a un salón de clases y pensar que por osmosis los alumnos van a aprender, porque el Estado pretende imponer una Reforma Educativa, cuyo fundamento se basa en un esquema de evaluación del desempeño docente, son falacias que acompañan el discurso educativo en el sexenio de Peña Nieto, para que al final quedemos en el mejor de los casos igual y ya instalados en la catarsis, quizá se termine  peor.

La reforma educativa se debe pensar y operar en positivo, pensando en formar buenos docentes, haciendo que los profesores mexicanos se hagan conscientes que su función de enseñar requiere de conocimientos específicos que deben saber combinar para lograr cumplir con el desafío de que sus alumnos aprenden.  Tener la certeza que los estudiantes realmente están aprendiendo  a través de  prácticas donde el profesor demuestra con técnica y a través de la comprensión de sus principios teóricos y metodológicos que la buena enseñanza es saber formar para la vida a sus alumnos.

La buena enseñanza que debe promover la SEP, no es la de estar preocupado por si el SNTE pide más recursos o respuestas a prestaciones laborales, es más bien asegurar que los maestros contribuyan a la construcción de un México más promisorio en su quehacer de educar a los futuros ciudadanos mexicanos. Que con su ejemplo muestren la vocación, compromiso y promoción del apostolado en la noble tarea de educar.

La verdadera preocupación de Chuayffet debería ser que las  niñas y los niños de México tengan un mejor futuro siendo educados, guiados y orientados por sus profesores, en el segundo hogar que es la escuela y dejarse de  chismes y peleas con los maestros.

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