¿Qué detiene a la educación en línea?

By on mayo 26, 2020
clases en línea

Forbes México

La transformación digital de la que tanto se habla en el mundo empresarial y también en la educación, ha tomado a todos por sorpresa y ha empujado al mundo (con énfasis en el sector educativo) a actualizarse a la fuerza. En muchos casos no con los mejores resultados.

En México existen poco más de 26 millones de estudiantes de educación básica, Si se contemplan los inscritos en bachillerato, escuelas normales y universidades públicas y privadas, suman un universo de poco más de 42 millones de estudiantes en toda la República, de acuerdo con los datos del INEGI. De esos, 3 millones estudian la universidad y 237 mil estudios de posgrado. Un 2% de la población estudia la universidad y .18% cursa estudios de posgrado.

Pero ninguno de ellos está asistiendo a la escuela en este momento debido a la contingencia sanitaria y en todos los niveles se han tenido que improvisar clases digitales para no dejar a la deriva el ciclo escolar y abandonar a los alumnos a su suerte.

Por supuesto, los resultados han sido muy variopintos, aunque la constante ha sido que los resultados no han sido propiamente los esperados.

Hay varias razones. En primer lugar, los temarios y las dinámicas estaban pensadas para impartirse de forma presencial, con dinámicas y actividades de otra naturaleza y con indicadores diferentes. Por ello, la mayor parte de los profesores que se han aventurado a impartir una materia a través de plataformas tecnológicas ha tenido que ir improvisando y preparando materiales que se ajusten al mundo digital, a veces con éxito, a veces no.

Por otra parte, los profesores tampoco están capacitados para ello. Y si bien en todas las universidades se impulsan planes y programas de estudio sobre la convergencia digital, no necesariamente todos los maestros cuentan con las habilidades digitales mínimas o incluso el interés por acercarse a alguna herramienta digital que apoye su trabajo en estos momentos. Ello deriva en que, a pesar de la amplia oferta de herramientas educativas on line, no todos los profesores están capacitados para ofrecer una clase digital.

Así, van desde quienes no tienen idea de cómo utilizar una plataforma, hasta quienes desean repetir la dinámica de una presencial en una clase en línea, reproduciendo hasta los horarios totales de una clase de 6 horas.

Si bien muchos de ellos son nativos digitales y están mucho más familiarizados con los entornos digitales, eso no significa que estén acostumbrados a recibir clases en línea y tampoco a implementar sus dinámicas, por lo que, en muchas ocasiones, una sesión se vuelve una tortura para profesores y alumnos.

Y por supuesto, también se encuentra la infraestructura de los alumnos y profesores. No todos cuentan con la posibilidad de tener una conexión adecuada o estable, puesto que en familia comparten Internet entre muchas personas y el ancho de banda necesario para una conferencia suele ser muy demandante. Si eso se suma por dos o tres miembros que reciben o imparten clases en los mismos horarios o tienen que realizar home office, la situación se complica.

Por ello, si bien se reconoce el esfuerzo de las instituciones educativas por salvar los periodos escolares, también es cierto que nadie estaba preparado para recibir educación a distancia y la improvisación nos está haciendo pagar altos costos. Internet, a final de cuentas, fue una herramienta pensada para estas contingencias. Un sistema de comunicación descentralizado que permitiera que las personas comunicarse sin necesidad de un nodo central. Lo que viene dentro de la nueva normalidad es empezar a construirlas habilidades necesarias para que la educación en línea realmente se convierta en una opción viable y equivalente a la educación presencial en todos los niveles y con todas las temáticas. Una reto que debemos afrontar todos quienes nos dedicamos a la educación.

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