El poeta mexicano que impulsó la distribución de libros gratuitos

By on febrero 18, 2021
Jaime Torres Bodet

El Universal

El poeta contemporáneo Jaime Torres Bodet fue secretario particular de José Vasconcelos con tan solo 19 años. Tiempo después se convirtió en el titular de la UNESCO y, más tarde, como secretario de Educación Pública creó la Conaliteg el 12 de febrero de 1959, un proyecto para distribuir libros de texto gratuitos a los mexicanos. En el marco del centenario de la SEP este año, EL UNIVERSAL presenta una serie de textos sobre los dirigentes más notables de esta dependencia.

Jaime Torres Bodet fue un hombre de mundo. Tuvo la rara virtud en un funcionario de poseer cultura y generosidad. No termina de contarse el número de las personas beneficiadas por susproyectos humanistas.

El objetivo de un mundo libre a través de las letras, que él defendió en cada acto y cada línea, recobra fuerza día con día. La Secretaría de Educación Pública no debe olvidar su sentencia publicada en Memorias: “Ningún maestro, ninguna escuela, educan más que la vida misma. Y si la escuela educa para la paz, mientras la vida educa para la guerra, no haremos hombres, sino víctimas de la vida.”

En 1959 Jaime Torres Bodet, como secretario de Educación Pública, anunció uno de los proyectos más nobles en la historia de la educación en México: la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Con ella culminó su labor como difusor de la cultura universal, pero su historia comenzó tiempo atrás.

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El doctor Jaime Torres Bodet en una entrevista. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Un poeta contemporáneo en el torbellino de la Revolución

Hace cien años, el presidente Álvaro Obregón fundó la Secretaría de Educación Pública. El primer secretario fue José Vasconcelos y el secretario particular de ese secretario era el poetaJaime Torres Bodet, de 19 años.

Nacido en la calle de Donceles, en la Ciudad de México –justo frente a la antigua Cámara de Diputados–, aquel joven precoz se crio entre letras. Sus padres, Alejandro Torres Garben y Emilia Bodet Levallois, fomentaron en el niño el amor por la literatura. La ascendencia francesa de doña Emilia fue determinante para que el pequeño Jaime hiciera del francés su segunda lengua.

En 1916, con 14 años, publicó sus primeros poemas, “Primavera” y “Sonetos”. Ese mismo año, mientras la Revolución se ensañaba con la capital mexicana, Torres Bodet ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria en el colonial edificio de San Ildefonso. En sus patios arqueados conoció a los jóvenes que como él descubrían en la poesía su razón vital. Se llamaban Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, José Gorostiza, Bernardo Ortiz de Montellano, Salvador Novo.

La década de los 20 fue de una intensa actividad para Torres Bodet. La muerte de una tía impidió que cumpliera el sueño de estudiar en la Sorbona de París. Comenzó entonces su fecunda vida como profesor universitario, funcionario público, diplomático y traductor.

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“Jaime Torres Bodet, el poeta infatigable”, un reportaje de Ortega en EL UNIVERSAL ILUSTRADO del 18 de octubre de 1923.

Antonio Caso lo nombró profesor de literatura de la Escuela de Altos Estudios. Sus poemas y ensayos fueron cotidianos en las páginas de EL UNIVERSAL ILUSTRADO, revista fundamental de la literatura mexicana de la primera mitad del siglo XX. Ahí aparecieron en 1925 los versos de Biombo, uno de sus libros emblemáticos, del que forma parte el poema “Música”:

Amanecía tu voz
tan perezosa, tan blanda,
como si el día anterior
hubiera
llovido sobre tu alma.

Después de trabajar con Vasconcelos, Torres Bodet fue secretario particular de Bernardo J. Gastélum, secretario de Salubridad. Los viajes que hizo con ambos funcionarios le permitieron conocer la terrible miseria que asolaba a ese México que salía del torbellino de la Revolución. Lo horrorizó el analfabetismo que dominaba el territorio nacional.

En 1928 se publicó el primer número de Contemporáneos. Revista Mexicana de Cultura, que dio nombre al grupo que la creó: Los Contemporáneos.  Compuesto por Torres Bodet, Villaurrutia, Novo, Jorge Cuesta, Gilberto Owen, y otras inteligencias, Contemporáneos dio un giro decisivo al difundir una literatura de vanguardia, a la altura de las letras europeas, que permitiera a los mexicanos formar parte de una cultura cosmopolita.

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Publicación de EL UNIVERSAL ILUSTRADO (17 de marzo de 1932) exhibida en una exposición de los Contemporáneos en el palacio de Bellas Artes. Foto: Juan Boites/ EL UNIVERSAL.

Los defensores del nacionalismo revolucionario atacaron ferozmente a estos jóvenes cultos porque los veían como una amenaza a la “cultura nacional”. Se sumaban las críticas que los Contemporáneos recibían por la homosexualidad de varios de sus integrantes. La revista dejó de publicarse en 1931. Fue uno de los intentos más audaces por hacer del mexicano un ciudadano del mundo.

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Reportaje de EL UNIVERSAL ILUSTRADO (22 de mayo de 1924) sobre la poesía de Torres Bodet.

Difundir cultura en tiempos de guerra

El 21 de diciembre de 1943 el presidente de la República, Manuel Ávila Camacho,  nombró a Jaime Torres Bodet  Secretario de Educación Pública. Quien fuera ayudante del maestro Vasconcelos tenía ahora la posibilidad de que la educación llegara cabalmente a todos los habitantes del país.

El 21 de agosto de 1944, mientras la suerte del mundo se decidía en el fuego de la Segunda Guerra Mundial, y a unas semanas del Desembarco de Normandía, el Secretario Torres Bodet inició la Campaña Nacional contra el Analfabetismo.

Como apuntó Adriana Konzevik –en Iconografía de Jaime Torres Bodet publicada por el Fondo de Cultura Económica–, la base de esta Campaña era la ley que el general Ávila Camacho promulgó “para abatir el alto índice de analfabetismo, aminorar la desigualdad y democratizar el acceso a la educación. Así, la ley estipulaba que todo mexicano que supiera leer estaba obligado a enseñar a leer y escribir al menos a otro mexicano.”

Sobre este tema, el dirigente de la SEP expresó:

«Nuestra campaña contra el analfabetismo es ya un intento de realizar ese nuevo concepto de educación porque –dentro de sus limitaciones– trata de educar para la democracia, en la más democrática de las formas: por el esfuerzo de todos en bien de todos y porque educa tanto al que aprende como al que enseña: al que aprende por lo que aprende, y al que enseña, por lo que enseña, por lo que avanza en el conocimiento de las deficiencias y los dolores de la Nación.»

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El doctor Torres Bodet inspecciona una unidad móvil equipada con biblioteca en 1961. Foto: Mario Juárez / Archivo EL UNIVERSAL.

Al año siguiente, Jaime Torres Bodet viajó a Londres para participar en la Conferencia Internacional que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En su discurso, el diplomático mexicano advirtió la necesidad de la cooperación internacional en materia de educación para que no volviera a germinar el odio de los regímenes nazifascistas.

 La libertad recién conseguida sólo podría asegurarse mediante la educación y la cultura. En este sentido, los intelectuales, los escritores, los poetas, los artistas y los maestros, todos ellos representados en la UNESCO, eran la piedra angular del orden de vida deseado. Torres Bodet, quien se asumía como parte de este grupo pacificador, declaró emocionado:

«Millones de hombres y de mujeres que esperan que todos nosotros, los que aceptamos la responsabilidad de pensar y de hablar por ellos, fundemos algo más que una lista de normas y de ideales (…) Hay algo más que todo eso en la base misma de la cooperación intelectual. Es la cooperación de los intelectuales; la fuerza organizada del mundo de las ideas, para impedir que ocurran de nuevo las monstruosas desviaciones que llevaron a los pueblos a resolver su crisis por la violencia.»

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Jaime Torres Bodet recibió la presea Orden Mexicana del Derecho y la Cultura, en agosto de 1960. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

De nuevo en México, Miguel Alemán Valdés nombró al poeta como Secretario de Relaciones Exteriores. Torres Bodet no terminó el sexenio como parte del gabinete porque en 1948 aceptó el cargo de director general de la UNESCO. Fue la segunda persona en desempeñar el cargo.

El mismo día de su aceptación –según Konzevik– la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Si Torres Bodet conoció y ayudó a reconstruir un país devastado por la Revolución, como director de la UNESCO le correspondió trabajar en un mundo lastimado por la guerra más cruel de que se tenía registro. La cultura fue vista como un fuerte revitalizante en aquellos días.

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Torres Bodet izando la bandera nacional al inaugurar la segunda escuela en Copilco. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

La responsabilidad del mexicano como dirigente de la organización era enorme  y se dio a la tarea de viajar por distintos países –algunos todavía en ruinas– para conocer sus problemas específicos. Torres Bodet renunció a su puesto en 1952 ante el bajo presupuesto que le era asignado al organismo. Jean Piaget fue uno de los que alertaron de la gran pérdida que significaba esta salida. En diciembre de aquel año, el presidente de la República Francesa, Vicent Auriol, entregó a don Jaime la Gran Cruz de la Legión de Honor.

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Torres Bodet en compañía de Charles de Gaulle, presidente de la República Francesa, durante su visita a México en 1964. Fotos: Archivo EL UNIVERSAL.

De regreso a la SEP: libros gratuitos y desayunos escolares

Seis años después Jaime Torres Bodet volvió a ocupar la cartera de Educación Pública, ahora bajo la presidencia de Adolfo López Mateos. Pese a los esfuerzos que hizo en su gestión anterior por disminuir el analfabetismo, la realidad del país no había cambiado mucho.

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El secretario de Educación en un recorrido por el albergue infantil número 16, el 17 de abril de 1962. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Por ello se inició un nuevo programa –con duración de 11 años– que respondiera con mayor fuerza a las necesidades educativas de un México en crecimiento económico y demográfico.

Soledad Loaeza asegura en la Nueva Historia General de México, de El Colegio de México, que en 1956 de mil alumnos inscritos en primer año, sólo 134 llegaban a sexto. Para hacer frente a esta situación –continúa Loaeza– se impulsó, entre otras cosas, la construcción de escuelas y la entrega de desayunos escolares.

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El 3 de junio de 1959 se realizó la primera reunión de la Conaliteg, presidida por Jaime Torres Bodet y Martín Luis Guzmán. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

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Martin Luis Guzmán, el presidente Adolfo Lopez Mateos y Jaime Torres Bodet ven salir los pliegos de los primeros libros. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

La joya de la corona fue la creación de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg). Hasta esa época los padres de familia eran los responsables de conseguir los libros que los maestros solicitaban para el curso escolar.

Se pedía, por ejemplo, Rosas de la infancia, de la escritora mexicana María Enriqueta, y era responsabilidad de los tutores proveer a sus hijos de ese material. Esto implicaba una fuerte carga económica que se agravaba con el número de hijos por familia.

La Conaliteg se fundó para terminar con estos apuros. Ahora el Estado daba a los niños esos infalibles compañeros de papel. Incontables familias mexicanas  tuvieron por primera vez un libro en sus hogares gracias al generoso proyecto de la SEP. El primer director de la Comisión fue Martín Luis Guzmán, una de las plumas más finas del español.

Desde entonces, los niños de este país han conocido la literatura sin que el bolsillo de sus padres sufra desavenencias. La poesía, la novela, el cuento, la fábula y la canción universales han sido impresas para que el alumno conozca el mundo desde su pupitre. Los libros son pequeños pedazos de infinito, dijo Stefan Zweig. La infancia mexicana tiene asegurado el mayor de los legados.

En la imagen de 1961, Torres Bodet entrega personalmente los libros de texto gratuitos; en la de 2020, un padre de familia recibe el material de la Conaliteg requerido para sus hijos en una primaria de Iztapalapa. Fotos: EL UNIVERSAL. Diseño web: Luis Morales.

La creación de la Comisión fue anunciada el 12 de febrero de 1959. El investigador Billy F. Cowart ofrece cifras impresionantes de los primeros años de aquella empresa. Para el inicio de cursos de 1960 fueron distribuidos 17 millones de libros. Dos años más tarde la cifra aumentó a 73 millones.

Jaime Torres Bodet entregó personalmente los primeros libros de texto. María Isabel Cárdenas, de la escuela Cuauhtémoc de la ciudad de San Luis Potosí, fue la primera alumna que recibió su paquete de libros.

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En una entrevista publicada en EL UNIVERSAL en el 2004, María Isabel Cárdenas Ruiz, quien recibió el primer libro de texto gratuito producido por el Estado mexicano, relató que no concluyó la primaria porque las maestras le pegaban. Foto: Eduardo Morales / Archivo EL UNIVERSAL.

Las imágenes del secretario de Educación, ya de 58 años, sonriendo ante los nuevos lectores,  no dejan de ser conmovedoras. Según cifras de Soledad Loaeza, entre 1960 y 1970 se distribuyeron cerca de 375 millones de textos escolares. No obstante –señala la investigadora– a finales de esta década el índice de analfabetismo era todavía bastante alto; las mujeres fueron las menos beneficiadas.

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Torres Bodet mientras entregaba libros de texto gratuito a principios de los años 60. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

La primera generación de libros de texto gratuitos tuvieron en la portada los rostros de Miguel Hidalgo, Benito Juárez y Francisco I. Madero. En 1962 apareció impresa en los ejemplares una de las estampas más conocidas por los mexicanos: La Patria, del pintor Jorge González Camarena. La imponente mujer morena vestida de blanco con la bandera en la mano izquierda es sin duda el sinónimo de la Comisión Nacional de Libros de Textos Gratuitos.

Jaime Torres Bodet fue reconocido por su generosidad admirable y la gratitud por sus acciones no se hizo esperar. Pero la soledad pudo más en un alma noble como la suya. El 13 de mayo de 1974, el poeta se quitó la vida en su casa de Lomas de Virreyes. Unos días antes había dado a la imprenta la versión final de sus Memorias.

La fotografía principal muestra a Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública mientras distribuía libros el 16 Enero 1961. Archivo EL UNIVERSAL.

Fuentes:
Soledad Loaeza, Modernización autoritaria a la sombra de la superpotencia, en Nueva Historia General de México, El Colegio de México, 2010
Jaime Torres Bodet, Iconografía, Textos de Adriana Konzevik, Investigación iconográfica de Francisco Montellano, Fondo de Cultura Económica, 2018
Jaime Torres Bodet, Obras escogidas, Fondo de Cultura Económica, 2015
Cowart, Billy F., “Torres Bodet y la educación mexicana”, en La obra educativa de Jaime Torres Bodet, El Colegio de México, 1966

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