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La transformación de la práctica docente ante la pandemia – Impulso Informativo

La transformación de la práctica docente ante la pandemia

By on febrero 25, 2021

Educación Futura

Esta pandemia ha impacto muy duramente a todos los habitantes del planeta. Con certeza se puede afirmar que no existe una sola persona en el mundo que no haya sido afectado directa, o indirectamente por todas las medidas que se han llevado a cabo para hacerle frente. El ámbito educativo es quizás uno de los más golpeados: docentes, estudiantes y familias han tenido que transformar la dinámica de enseñanza, siendo obligados a trabajar bajo esquemas que jamás habrían imaginado, y para los cuales no estaban preparados. De acuerdo con datos de la UNESCO (2020) cerca de 1 600 millones de estudiantes en todo el mundo han tenido que tomar clases a distancia, pero no todos en las mismas condiciones. Esta crisis de salud, ha venido a agravar las problemáticas asociadas a las condiciones de precariedad en las que viven muchas familias. El tema de la desigualdad ha marcado, aún más, la falta de equidad en el acceso a los servicios educativos. Esto, definitivamente, traerá consecuencias a corto y largo plazo en el aprendizaje de los estudiantes. Como si esto fuera poco, se proyectan efectos negativos en los aspectos laborales, económicos y emocionales de las familias, principalmente en las que viven en condiciones de vulnerabilidad (Save the Children, 2020).

Definitivamente, nadie está feliz con esta situación. Los docentes afirman que ahora trabajan más que antes. Los padres de familia se encuentran al borde del colapso teniendo que asumir el rol de padres y maestros en casa, para lo cual no estaban preparados y deben asumir esta nueva responsabilidad en una dinámica de encierro (y muy probablemente de hacinamiento), enmarcada por las problemáticas asociadas a esta pandemia: estrés, ansiedad, miedo a la enfermedad, e incluso procesos de duelo por la pérdida de algún familiar, además de las reducciones en el ingreso familiar.

Por otra parte, para los estudiantes el panorama tampoco ha sido “miel sobre hojuelas”.  Investigaciones como las de Fernández, Rodríguez y Martínez (2020), han mostrado que los estudiantes tienden a presentar estrés, ansiedad y disminución de la motivación, factores que se asocian a la poca participación en las tareas académicas.  Estas situaciones emocionales se atribuyen a la situación de confinamiento y a dinámicas familiares que se caracterizan por ambientes conflictivos o marcados por la violencia.  En consecuencia, la truncada posibilidad de contar con el esparcimiento que brindaban los patios de recreo en los planteles escolares, el desahogo que se conseguía al convivir con otros compañeros, compartiendo juegos, risas y hasta el lunch, son elementos que se extrañan y se hacen urgentes en el encierro que viven los estudiantes. Algunos aprovechan la virtualidad de los espacios escolares para establecer contacto con sus coetáneos, pero algunos no cuentan ni con eso. Junto con ello, las dudas que ya de por si surgían en clases regulares y que teniendo enfrente al maestro no lograban resolverse, ahora deben ser atendidas por sus padres, que quizás estén aún más confundidos que ellos. Las pocas oportunidades que tienen para conectarse con los “profes” no resultan suficientes para poder aclarar todo aquello que no se logra entender fuera de clase.

 Sí, todos (docentes, estudiantes y padres de familia) han sido forzados a involucrarse en dinámicas complejas y con resultados poco satisfactorios. Nadie está contento con este esquema de trabajo tan sui generis, nadie está totalmente satisfecho con lo que ha logrado ante las carencias y dificultades con las que ha tenido que lidiar. Sin embargo, a pesar de todo este panorama tan gris, han aparecido prácticas, formas de interacción y de comunicación, que en una dinámica regular nunca se habrían dado, y que podemos afirmar que son los regalos que esta pandemia nos ha dejado.

Realizando un estudio sobre prácticas de enseñanza, hemos llevado a cabo una serie de entrevistas a docentes de educación básica. Entre las experiencias compartidas podemos identificar un elemento común: un sentido de solidaridad y preocupación por sus educandos, y una disposición casi impulsiva por hacer lo que sea necesario a fin de que los objetivos de aprendizaje se alcancen.   El compromiso docente ha reconstruido un nuevo significado, potencializando la empatía a partir del conocimiento de las condiciones contextuales de los estudiantes y sus familias. Muchas familias no tienen los recursos para adquirir los instrumentos tecnológicos que permita a sus hijos participar en esta nueva dinámica de trabajo remoto. Sin embargo, esto no ha detenido a los docentes. Prácticamente todos han buscado formas de acercamiento con las familias a través de distintas vías, han acudido de forma voluntaria y desinteresada a las casas de los estudiantes, para poner al alcance de estos los materiales que requieren en la realización de las tareas que el plan de actividades escolares les demanda.

Este acercamiento con los estudiantes y sus familias, ha hecho a los docentes más sensibles hacia la realidad que muchos estudiantes enfrentan. Lamentablemente, un buen número de familias ha perdido a alguno de sus integrantes, por lo que el apoyo que los educandos requieren trasciende el ámbito educativo. Varios docentes han constatado que los estudiantes manifiestan necesidades más de orden afectivo, y esto los ha orillado a hacer adecuaciones curriculares para responder a estas necesidades, o incluso a dejar en un segundo plano las tareas académicas para atender lo que resulta más urgente:  en palabras de una docente “tenemos que estar más cerca de las familias (…) debemos ayudarles [a los estudiantes] a sanar sus heridas y sacarlos adelante”.  Al respecto Vargas, Chaparro y Rodríguez (2019) señalaron que la función de la escuela va más allá de la adquisición de aprendizajes académicos, pues ésta también interviene en el desarrollo de habilidades cognitivas y socioafectivas, que contribuyen a la creación de sentido de pertenencia, autoestima, motivación y otros factores implicados en la calidad de vida de los niños y jóvenes. Es precisamente este tipo de aprendizajes los que estén en este momento desarrollándose en mayor medida. Actualmente la escuela está promoviendo el desarrollo de otro tipo de aprendizajes que conducirá a los chicos a conseguir una mayor resiliencia ante el actual clima de adversidad que están viviendo.

La sensibilidad y empatía se percibe en el discurso de prácticamente todos los docentes. Hay una preocupación sentida por el bienestar psicológico de los estudiantes. Esto ha dado pie a la formación de relaciones de más cercanía, de más confianza y apoyo hacia ellos. Asimismo, se ha dado una mayor comprensión en los docentes de la relevancia que el intercambio social y afectivo entre los compañeros de clase guarda, como estrategia de manejo de las contrariedades que los muchachos enfrentan en esta pandemia.  Muchos de los niños y jóvenes que no pueden acudir a los planteles escolares han visto mermada su única oportunidad de deshago, de respiro, de descanso de una dinámica familiar difícil, que en muchos casos llega incluso a la violencia: “es que ya quiero regresar la escuela porque no aguanto mi papá”, “no soporto a mi mamá porque se la pasa golpeándome”.  Además, en condiciones de desigualdad y, con mayor vulnerabilidad por la brecha digital, la implicación de los padres en el trabajo escolar de sus hijos es muy deficiente.  Por lo tanto, se hace necesario buscar estrategias de apoyo a los estudiantes, y los docentes han desplegado un conjunto de acciones para atenderlos. Además de las visitas domiciliarias, han diversificado las formas de comunicación con ellos a través de las distintas herramientas tecnológicas de las que disponen, pero también ampliando el tiempo que dedican a cada uno, siempre que hay oportunidad de mantener contacto con ellos; e incluso creando espacios, en los medios virtuales, para que los muchachos puedan tener más intercambios y comunicación con sus compañeros. Por su puesto, que estas actitudes tan favorables de parte de los docentes hacia sus estudiantes han transformado la percepción de estos sobre el trabajo de los “profes”. Han mejorado las relaciones en la diada profesor-alumno, lo que ha fortalecido favorablemente la comunicación y los lazos afectivos entre ellos.

Asimismo, los docentes reconocen que las nuevas formas de interacción, mayormente virtual, ha tenido un impacto positivo en la implicación de los padres de familia, principalmente, gracias a las redes sociales como Facebook y WhatsApp. Esto ha abierto canales de comunicación, que antes de la pandemia no existían: “es una nueva normalidad de convivencia la vía online (…)  así convivimos, y así nos entregan trabajos y así nos dieron resultado, entonces tenemos que aceptarlo tal y como es”. Además, gracias a las facilidades de comunicación que brindan las redes sociales se ha incrementado la participación familiar, observándose un aumento en la cantidad y frecuencia de mensajes que reciben los docentes, incluso fuera del horario escolar. Tal como lo planteó De la Cruz (2020), gracias a esta pandemia, ha surgido una fuerte solidaridad y colaboración entre padres de familia y docentes a favor de la educación de los estudiantes.

A manera de conclusión, es claro que esta pandemia ha transformado positivamente a los docentes y sus prácticas de enseñanza, emergiendo la empatía y solidaridad por los estudiantes y sus familias. Existe una alta consciencia por parte de los docentes sobre la relevancia de la enseñanza y fortalecimiento de competencias, habilidades y valores, tales como la empatía, gestión emocional, cercanía afectiva, trabajo colaborativo, equidad, entre otras, para hacer frente a los desafíos que esta pandemia presenta. Sin embargo, es necesario tener en cuenta la importancia de capacitar, orientar y apoyar a las familias en herramientas y sugerencias que les ayuden a crear ambientes más propicios para el aprendizaje, aprovechando los puentes de comunicación que se han logrado establecer a través de las redes sociales. Esto, definitivamente requerirá conocer con mayor profundidad el contexto que rodea a las dinámicas familiares y al trabajo escolar en casa. Empero, es claro que los docentes tienen la disposición y el interés por apoyar a las familias, por lo que, a pesar de que esto representa un reto, es factible pensar que encontraremos muchas historias de éxito escolar en esta situación de confinamiento.  Por lo tanto, podemos afirmar que esta pandemia ha dejado ver un lado de la práctica docente que no conocíamos, o que no habíamos visto de forma tan frecuente y destacada, pero que en definitiva merece nuestro reconocimiento, por el alto valor que sus esfuerzos han tenido en la vida y el aprendizaje de muchos niños y jóvenes ¡Gracias maestros!

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