Evaluar para saber: desafíos y oportunidades para el regreso a clases

By on julio 21, 2021
Educación

Educación Futura

¿Qué lecciones ha dejado la pandemia a los sistemas educativos en términos de los retos para contar con información precisa y oportuna para la toma de decisiones?

Según diversos reportes publicados durante la pandemia, en los sistemas educativos en el mundo se perciben diversos impactos derivados del cierre de escuelas y del traslado a modalidades de educación a distancia.

En el reporte publicado por el BID y OREALC/UNESCO, 2020:  Reabrir las escuelas en América Latina y el Caribe: Claves, desafíos y dilemas para planificar el retorno seguro a las clases presenciales, se reconoce que el impacto que ha tenido la pandemia en los sistemas educativos de América Latina y el Caribe ha puesto en riesgo los avances alcanzados en torno al cumplimiento de las metas establecidas en la Agenda 2030. Se reconoce, asimismo, que éste afecta con mayor fuerza a las poblaciones más vulnerables, ampliando las brechas ya existentes.

En el mismo reporte se señala que, antes de la pandemia, los sistemas educativos de la región ya enfrentaban desafíos importantes como brechas de acceso, bajos aprendizajes y desigualdades estructurales. En 2018, 10.5 millones de niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe no asistían a la escuela, de los cuales 16% estaba fuera de primaria, 22% fuera de secundaria baja y 62% fuera de secundaria alta (educación media superior).

Además, gran parte de los alumnos de América Latina y el Caribe no alcanzan las competencias básicas de aprendizaje: menos de la mitad de los jóvenes logra alcanzar las competencias básicas de Lectura, según los resultados de PISA 2018; y solo 1 de cada 4 lo hace en Matemáticas. Según TERCE, 40 de cada 100 estudiantes de tercer grado de primaria y 18 de cada 100 en sexto grado no superan el primer nivel de desempeño (el más bajo) en la evaluación de Lengua. En Matemáticas esta proporción se incrementa a 47 de cada 100, en ambos grados. Estos rezagos se acentúan aún más en función del nivel socioeconómico de las familias a las que pertenecen los estudiantes.

Asimismo, se reconoce que aún no es posible determinar y visibilizar los efectos que ha tenido la pandemia de la COVID-19 en la educación de los países de la región. Es sabido que tendrá consecuencias en el corto plazo, pero también habrá impactos en el mediano y largo plazo. En este escenario, proteger, e incluso ampliar, la inversión educativa de manera oportuna y eficiente puede ayudar a reducir los impactos actuales y futuros de la pandemia en la educación.

Estos reportes –y varios otros que se han publicado en 2020 y 2021– ofrecen un panorama de la educación durante la pandemia, así como una serie de directrices y recomendaciones para el regreso a clases presenciales. Hay algunos que presentan panoramas muy desalentadores y otros más que ofrecen una visión más esperanzadora, pero todos coinciden en los retos que presenta el contar con información precisa sobre la situación educativa en los países y acerca de la medición de los aprendizajes alcanzados por los estudiantes durante el cierre de escuelas, independientemente de la modalidad de educación a distancia que se haya implementado.

El diagnóstico de los aprendizajes es un proceso que se debe realizar desde múltiples ángulos y niveles (nacional y estatal), de manera simultánea, y desde los distintos ámbitos de competencia de los sistemas educativos con la finalidad de contar con un panorama general, que luego pueda contribuir a la definición de uno regional, sobre el impacto del confinamiento en los aprendizajes de los estudiantes. Dichos resultados deberían mostrar tanto la situación de cada escuela y como de cada grupo escolar, con la intención de que los docentes tengan la posibilidad de identificar las necesidades particulares de sus estudiantes y el colectivo escolar pueda, en última instancia, diseñar estrategias de atención a alumnas y alumnos lo más personalizadas posibles.

La evaluación de los aprendizajes durante la pandemia ha presentado inmensos desafíos para los docentes y para las escuelas. Hay evidencias de los esfuerzos que han realizado los docentes por mantener la comunicación con los alumnos y en algunos casos se contará con evidencias del trabajo realizado en casa, lo que no necesariamente ofrecerá una validación de los aprendizajes adquiridos.

Lo cierto es que no es posible regresar a clases presenciales pensando que el tiempo de cierre de escuelas no tendrá un impacto específico en la educación, como si este tiempo hubiera transcurrido normalmente. Menos aún podemos asumir que todos los estudiantes han adquirido los conocimientos, habilidades y competencias esperadas para el grado que les corresponde.

Adicionalmente, ante el panorama incierto de una nueva ola de contagios, aun no podemos asegurar que iniciaremos el próximo ciclo escolar 2021-2022 con clases presenciales. Por ello, es urgente que las comunidades escolares se preparen para garantizar la continuidad educativa con modelos híbridos, que permitan al menos una combinación de clases presenciales y a distancia, de tal manera que no se sigan ampliando las brechas de desigualdad entre la población más vulnerable que no ha podido participar en las modalidades a distancia.

Para que los sistemas educativos puedan tomar decisiones –sobre los aprendizajes que deben reforzarse, sobre la formación docente para la recuperación de los mismos y sobre la inversión indispensable para el logro de las metas educativas– es necesario contar con información precisa sobre la situación educativa en términos de aprendizajes logrados, salud socioemocional y abandono escolar, especialmente de la población en riesgo de exclusión como niñas y mujeres, personas con discapacidad, población en situación de movilidad, población en extrema pobreza, población indígena, entre otros.

Para ello, diversos documentos publicados tanto por Organismos Internacionales como por los propios países han propuesto diversas alternativas para los diagnósticos y análisis de la situación en la que se encuentran las comunidades educativas. Ello exige una planeación adecuada, el despliegue de recursos y el acompañamiento cercano a las escuelas.

A los docentes les toca valorar la condición socioemocional y medir los aprendizajes logrados de sus estudiantes lo que implica un reto mayúsculo. Recibirán un grupo de niñas y niños en condiciones muy desiguales, y pretender que se ocupen de recobrar la salud socioemocional y recuperar los aprendizajes básicos que permita a los estudiantes desarrollar las habilidades y adquirir las competencias y conocimientos del grado actual sin un plan preciso de acompañamiento y sin las herramientas necesarias para atender esta situación, es desconocer la magnitud del impacto de la pandemia y representaría un riesgo para el avance en el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 de la Agenda 2030: Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.

Es indispensable contar con una reformulación curricular de emergencia que identifique los aprendizajes fundamentales para cada grado escolar, y dotar a las escuelas y a los docentes de herramientas e instrumentos de evaluación formativa que les permita monitorear los avances en el aprendizaje, en las distintas modalidades educativas. Asimismo, se requiere contar con un parámetro de los resultados esperados para cada asignatura y grado; y con herramientas didácticas que les permitan a los profesores tomar decisiones sobre el trabajo con los estudiantes, individualmente y en grupo.

A las autoridades educativas les queda el reto de redoblar esfuerzos para proveer a las escuelas de esas herramientas, así como brindarles apoyo cercano a las comunidades educativas para generar la información y los análisis necesarios que les permitan determinar tanto los puntos de partida como establecer las rutas de acción para la continuidad educativa de todas y todos los sujetos del derecho a la educación.