De la pasión al terror en los estadios, nos alcanzó lo lamentable

By on marzo 8, 2022
violencia

Por: Jaime Navarro Saras*

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

De cuando en cuando suceden hechos lamentables y las autoridades, habiendo tenido múltiples oportunidades para evitarlos, terminan por doblar las manos, esconden la realidad y no actúan en consecuencia, asumiendo, de hecho, que no es su responsabilidad y obligación porque esas cosas son solo un reflejo de que sucede en la sociedad.
Las oportunidades para evitar la violencia en los estadios siempre ha estado en manos de los dueños de los equipos de futbol, de los directivos de la FEMEXFUT, de las televisoras y de las autoridades locales y federales; basta señalar que fueron los mismos equipos quienes trajeron de Sudamérica la práctica de las Barras a México, en alusión a que en las tribunas de los estadios no se respiraba pasión, desde su creación se les dio carta abierta y hasta financiamiento para crecer y subsistir, además de impunidad el día de los partidos y en un perímetro más allá del campo de juego.
Sabemos de sobra que todos los días se derrama mucha sangre en nuestro país, lamentablemente se ha hecho costumbre que un día sí y otro también se dé cuenta del número de muertos o heridos en rancherías, pueblos y ciudades como si ello fuera un deporte, qué decir del tema de desaparecidos, pareciera ser que no hay poder humano ni divino que pueda acabar con la violencia y todo lo que ésta arrastra.
En este sentido, los hechos violentos sucedidos el pasado sábado en el estadio La Corregidora, durante en el encuentro entre los equipos Querétaro y Atlas fueron un reflejo de la realidad de violencia que se vive en México, salvo, y eso es lo lamentable, que no se puede justificar que suceda en un evento familiar dónde, además, los aficionados asisten voluntariamente a disfrutar de un evento al que se paga y, se supone, que el boleto garantiza la tranquilidad de poder disfrutar de su pasión.
Las imágenes dantescas difundidas por televisión y a través de las redes sociales, nos dan cuenta de que quienes provocaron tanto daño y dolor provienen de lo peor de la violencia, nunca vimos en los agresores valores como el convivio y respeto por las personas, lo que vimos fueron sujetos desequilibrados deseando dañar a seres indefensos, que corrían pidiendo clemencia, solidaridad y protección que nunca llegó y las consecuencias están en el número de heridos y las condiciones físicas de cómo los dejaron: ensangrentados, desnudos, inconscientes y al borde de la muerte.
Se respira mucha tristeza en quienes somos seguidores del Atlas y de seguro en los demás amantes de este deporte-espectáculo, ya que, a diferencia de los demás hechos violentos que suceden todos los días, en éste se captaron las agresiones en imágenes y el dolor está latente, a pesar de que las autoridades (en contubernio con los dueños del futbol) han querido, a toda costa, economizar y minimizar los daños para ver salvaguardadas sus finanzas y sus estrategias de negocios lícitos e ilícitos que hay alrededor de los equipos.
Hay tanta información en el medio que las declaraciones oficiales no convencen ni a propios ni extraños, los datos de heridos no concuerdan con lo que está expuesto en las imágenes y, lo que han determinado como castigo para el equipo Querétaro, el estadio, los dueños y sus seguidores no es suficiente, lamentablemente el dolor de las víctimas y el reclamo de la sociedad no tienen la fuerza suficiente para un castigo más severo, lo cierto es que se le dará vuelta a la página y el siguiente fin de semana volverá a su normalidad el circo mediático del futbol.
Educativamente hablando será necesario que docentes, autoridades y padres de familia insistan en las aulas y en casa de lo importante que resultan los valores de convivencia y respeto entre las personas, especialmente en las actividades deportivas, culturales y sociales, pero también será necesario que los diferentes niveles de gobierno generen leyes y reglamentos más rígidos que prohíban la generación de violencia de los grupos de animación en los estadios, ya que, es absurda su existencia ante este tipo de hechos que vividos el pasado sábado y, al no haber actuado en consecuencia, la siguiente vez que vuelvan a suceder este tipo de cosas será peor de lo que vivimos el sábado y no habrá excusa que lo pueda justificar, sobre todo porque ya lo veíamos venir y poco se hizo…