Historias de traiciones: del chacal Victoriano Huerta a los entreguistas a Trump

MI VOZ
Por: Enrique Romero Razo

Algunos sostienen que la traición forma parte de la naturaleza humana.
Otros, con temeridad, afirman que las complicidades son más poderosas que las amistades.
En lo personal, no coincido con esas ideas.
La gratitud y la lealtad son valores que nos definen como seres humanos.
“Un hombre bien nacido es agradecido”, me repetía una y otra vez mi anciano padre, quien en su juventud fue maquinista de los extintos Ferrocarriles Nacionales de México.
Sin embargo, episodios trágicos de nuestra historia nacional se han escrito a la luz de las más viles traiciones.
Basta recordar la del chacal Victoriano Huerta contra Francisco I. Madero, aquél 9 de febrero de 1913, que dió inicio al episodio históricamente conocido como la Decena Trágica, mismo que culminó con el cobarde asesinato del propio Madero, de su hermano Gustavo —a quien salvajemente le arrancaron su único ojo sano—, del vicepresidente José María Pino Suárez y del senador Belisario Domínguez, entre muchos otros.
No debe escapar a nuestra memoria que el 23 de marzo de 1845 nació en Colotlán, Jalisco, José Victoriano Huerta Márquez, de origen indígena huichol, quien durante 17 meses ocupó la Presidencia de la República, convirtiéndose en un dictador que disolvió el Congreso de la Unión, hasta ser derrotado por las fuerzas constitucionalistas.
Huerta fue enviado al exilio, donde murió el 13 de enero de 1916, tras intentar regresar al poder bajo el patrocinio del imperio alemán, que buscaba mantener a los Estados Unidos fuera de la Primera Guerra Mundial.
Su traición al prócer de la democracia, Francisco I. Madero, será recordada por siempre.
De ahí que el mote de “el chacal” lo acompañe hasta la eternidad.
Hoy, sin embargo, nuevas traiciones se gestan en el seno de nuestra nación y nuevos chacales salen a la luz.
Alejandro “Alito” Moreno, por ejemplo, quien pide a gritos una intervención norteamericana en territorio nacional ante la inminente desaparición del fantasmal Partido Revolucionario Institucional, de infausta memoria, que él mismo se ha empeñado en dirigir modificando sus estatutos una y otra vez.
Su única esperanza de sobrevivir políticamente, ante la extinción del instituto político que preside, parece ser implorar la intervención de una potencia extranjera en los asuntos internos de México.
Afortunadamente, con los resultados obtenidos y la altísima popularidad de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum, eso no ocurrirá.
El diálogo entre naciones y el respeto irrestricto a nuestra soberanía seguirán rigiendo la agenda bilateral México–Estados Unidos.
Así como Victoriano Huerta carga con el sempiterno descrédito de ser considerado un traidor a la patria, así también quedarán marcados estos nuevos chacales que piden a gritos que Donald Trump los rescate de la muerte política y del olvido institucional.

Mientras tanto, los mexicanos bien nacidos estamos y estaremos del lado de la transformación del país y de la gran lideresa que la encabeza: nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum.