Naturalizados o formados: el dilema que el “Tri” sigue sin resolver
Por: Alejandro García Téllez
Desde hace años, en México hay un debate que aparece y desaparece según el momento de la Selección Mexicana: el de los jugadores naturalizados. Cada vez que el equipo entra en crisis, la conversación vuelve como una solución inmediata, casi automática. Y ahí es donde vale la pena preguntarse si estamos construyendo respuestas de fondo o simplemente reaccionando a la urgencia del momento.
Uno de los casos que recientemente reavivó la conversación fue el de Álvaro Fidalgo. Tras su regreso a España para jugar con el Real Betis, se despidió declarándose mexicano. El mensaje sonó fuerte y generó aplausos, pero también a mi me dejó una duda incómoda: si el objetivo debería ser priorizar el talento mexicano y fortalecer los procesos formativos, ¿tiene sentido seguir apostando por naturalizaciones como solución para la selección?
El contraste aparece de inmediato al mirar el caso de Obed Vargas, quien recientemente debutó con el Atlético de Madrid en la Copa del Rey, nada menos que ante el Real Betis, en un partido que terminó con una contundente goleada 5–0. Obed Vargas se formó futbolísticamente en el Seattle Sounders FC y nunca pasó por un club de la Liga MX; sin embargo, decidió representar a México desde las selecciones menores, siguiendo procesos y competencias que sí forman parte del desarrollo tricolor. Un debut que no solo habla de nivel competitivo, sino de un proceso bien trabajado que hoy ya da resultados al más alto nivel.
Y ahí el debate se vuelve más claro. No se trata de cerrar la puerta a nadie ni de rechazar talento por su origen. El problema aparece cuando los naturalizados dejan de ser excepción y se convierten en costumbre, cuando la selección depende de ellos porque los clubes han dejado de cumplir su función principal: formar jugadores.
La solución de fondo no está en el pasaporte, sino en las fuerzas básicas. En que todos los equipos asuman que formar futbolistas no es un trámite ni un gasto, sino la base del proyecto (tenemos el vivo ejemplo con la selección de Marruecos). Mientras eso no ocurra, la selección seguirá resolviendo sobre la marcha problemas que se gestaron desde abajo.
Porque un fútbol fuerte no se construye reaccionando cada cuatro años, sino trabajando de forma constante para que representar a México sea la consecuencia natural de un proceso bien hecho, y no una salida cuando el margen de error ya no existe.
OBSERVACIÓN- Prefiero ver a Armando Gonzáles “la hormiga” que a Berterame jugando un mundial con México.
VERGÜENZA- Que paliza se llevo Pumas de la UNAM en la Copa de campeones de la Concacaf.