Observatorio sobre Desaparición e Impunidad, espacio que contribuye a buscar verdad y justicia

  • Los esfuerzos que hace para documentar y dar cuenta de lo ocurrido son fundamentales a fin de contrastar información oficial, crear agenda, denunciar o exigir respuestas al Estado

9 marzo 2026.-El Observatorio sobre Desaparición e Impunidad (ODIM) del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM, fundado por Karina Ansolabehere, investigadora de la entidad, tuvo sus orígenes en 2015 y se consolidó en junio de 2016. Su creación respondió a un contexto nacional marcado por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y en un momento en el que organizaciones sociales como Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A. C. (CADHAC) denunciaron la desaparición recurrente de personas en entidades como Nuevo León.

Estos hechos evidenciaron la necesidad de contar con un espacio académico que analizara la magnitud y las características del fenómeno de la desaparición en México. Desde hace nueve años, el ODIM ha trabajado para generar informes, abrir diálogos, visibilizar y aportar herramientas que contribuyan a la búsqueda de la verdad y la justicia para las víctimas y sus familias.

Hacer visible lo invisible

Sandra Serrano, directora del ODIM, recordó que, desde sus inicios, el Observatorio se planteó “hacer visible lo invisible” y responder preguntas básicas para entender las dinámicas locales de la desaparición: ¿quiénes desaparecen?, ¿quiénes son los responsables?, ¿en qué lugares y bajo qué circunstancias ocurre?, y ¿cuál es la respuesta del Estado?

A lo largo de su trayectoria, el Observatorio ha identificado cinco momentos clave de su labor. A decir de Karina Ansolabehere, el primero fue caracterizar las desapariciones, para comprobar que no todas las personas enfrentan el mismo riesgo de desaparecer. Esta investigación reveló que los hombres jóvenes, pobres y que habitan en zonas urbanas periféricas o de poca relevancia económica, son más vulnerables que quienes pertenecen a sectores privilegiados.

La siguiente aportación fundamental del ODIM, enfatizó, fue analizar la respuesta y actuación de las autoridades ante casos de desapariciones. Esto llevó a estudiar el trabajo de las fiscalías locales, las comisiones de búsqueda, las políticas judiciales y de acceso a la información.

A su vez, Sandra Serrano indicó que una tercera contribución consistió en reconocer los contextos de las personas desaparecidas y entender que cada caso obedece a circunstancias distintas. Por lo que, en una cuarta etapa de la historia del Observatorio, surgió el interés de investigar los regímenes de violencia, así como la manera en que éstas se enlazan y generan contextos de desaparición: no se investiga igual un caso vinculado a la trata de personas que uno relacionado con la violencia criminal o con la desaparición forzada.

“El quinto momento cuestiona si los cambios institucionales, como el relanzamiento del Sistema Nacional de Búsqueda o la creación de comisiones estatales, han dado resultados. El Observatorio concluyó que los avances son limitados, pues la intervención de múltiples dependencias genera choques de interés que frenan acciones urgentes para localizar a las personas desaparecidas”, refirió Karina Ansolabehere.

La labor de acompañamiento, asesoría e investigación del ODIM ha sido esencial para visibilizar estas violencias y aportar datos valiosos para las familias y la sociedad.

Entre asimetrías y omisiones

A casi 10 años de la fundación del ODIM, Karina Ansolabehere y Sandra Serrano consideraron que la desaparición de personas en el país responde a una problemática de violencia sistémica y no sólo a eventos aislados. Esto implica identificar cuáles son las reglas de la violencia que utilizan las desapariciones como estrategia.

Coincidieron en que las respuestas estatales que se han articulado han surgido de procesos intensos de demanda de las familias y organizaciones aliadas que son el motor de los cambios institucionales. No obstante, “la implementación de estos cambios ha sido inefectiva por el propio diseño institucional que no rompe las asimetrías entre órganos estatales, necesarias para darle viabilidad a la búsqueda y la investigación. Las tensiones entre las fiscalías y las comisiones de búsqueda son ejemplos de estas asimetrías”, subrayaron.

La importancia de que la UNAM cuente con una institución como el ODIM radica en que las desapariciones son una violación de derechos humanos, por lo que el ocultamiento es uno de sus principales objetivos, además de que expresa la incapacidad del Estado de garantizar los derechos de las personas. Por tanto, las investigadoras puntualizaron que los esfuerzos de la academia para documentar y dar cuenta de lo ocurrido son fundamentales a fin de contrastar información oficial, crear agenda, denunciar y exigir verdad y justicia al Estado.

Espíritu puma dando apoyo

Álvaro Martos es coordinador de investigación del Observatorio y colaborador en este espacio desde 2018 en el proyecto de investigación académica del ODIM, labor que combina con sus actividades de acompañamiento en la Brigada Nacional de Búsqueda, a la que se integró en 2017 como parte de la Comisión de Documentación.

El experto en ciencias sociales reconoció que las líneas de investigación están ligadas al trabajo académico, y aunado a eso, por propia convicción y militancia académica, se ha acercado a diferentes colectivos, organizaciones de la sociedad civil y familiares de desaparecidos para hacer acompañamiento solidario en el tema de desaparición.

“A veces lo que uno hace en la academia contribuye a la causa de las familias”, explicó el investigador, y profundizó también en lo que ha significado ser un acompañante solidario: “Hay que estar ahí y eso significa poder caminar con las familias respetando su dolor y sabiendo que ese dolor es compartido pero no se siente igual […] Estar ahí es compartir ese caminar de búsqueda que nos vuelve más empáticos y sensibles a las diferentes necesidades y requerimientos que forman parte de ese proceso”.

El acompañamiento “tiene que ver con poner al servicio de las familias aquellas habilidades, aprendizajes o saberes que vienen de la academia como escribir e investigar”; ejemplo de ello es redactar oficios, llenar formatos o realizar solicitudes por escrito; mientras, que en investigación se revisan carpetas o averiguaciones previas”, puntualizó.

Para Álvaro Martos esta actividad también le ha permitido “estrechar y generar lazos que muchas veces empiezan como solidaridad y luego se transforman en amistad, cercanía y empatía, y tiene que ver con poder estar ahí en los diferentes momentos que implica la búsqueda de una persona desaparecida, no solamente con la búsqueda directa, sino también con otras actividades como los actos de memoria”.

Estos últimos consisten en estar presentes en los aniversarios de desaparición, las misas, los monumentos o memoriales, o cuando se hacen intervenciones, murales o actos públicos que mantienen vivos los testimonios y la presencia de los que no han sido encontrados, precisó.

Martos también se ha enfocado en crear vínculos entre otros individuos solidarios. Muchas veces hay quienes tienen la intención de poder acompañar a las familias de las personas desaparecidas y no saben cómo hacerlo. “La idea de tender puentes tiene que ver con poder acercar esa experiencia de familiares de personas desaparecidas con todas aquellas que, desde su corazón, quieran abrirse a ese dolor y acompañar en las distintas formas que implica esta actividad”. Esta labor, describió, puede ser a través de donaciones, o de presencia o de trabajo de acompañamiento en los procesos de búsqueda.

Investigación y solidaridad

Para Volga de Pina, investigadora y abogada del ODIM, la desaparición “es el síntoma más evidente de una enfermedad, un cáncer que se ha extendido por todos lados”; por ello, además de su labor profesional en esta estancia de la UNAM, de manera voluntaria acompaña a familias de personas desaparecidas, motivada por la responsabilidad de dejar un mundo menos injusto y complicado para las futuras generaciones.

En el ODIM, De Pina se ha enfocado principalmente en el estudio de las dinámicas de desaparición y las respuestas estatales frente a este fenómeno. Su trabajo aborda temas relacionados con el funcionamiento y los desafíos de las comisiones de búsqueda, así como con la manera en que distintas instituciones nacionales e instancias internacionales abordan la problemática de la desaparición.

Aunado a dichas labores, la académica no es indiferente al tema cuando brinda, de manera personal y comprometida, asesoría jurídica y acciones de búsqueda, lo que implica navegar por terrenos riesgosos y emocionalmente intensos. “Colaboro tanto en las búsquedas inmediatas, es decir, personas que recién desaparecieron, pero también en aquellas que tienen muchos años sin ser localizadas”, abundó.

Su convicción por ayudar a las familias ha llevado a la investigadora a brindar desde asesorías telefónicas para guiar en los procesos jurídicos, hasta acompañarlas a las fiscalías a promover amparos y otras acciones legales. Además de participar en procesos de reforma legal, como la Ley General de Desaparición, leyes estatales o la creación de políticas públicas en materia de búsqueda.

A su consideración y por su conocimiento en los casos de las personas desaparecidas expresó: “La realidad se conoce cerca de las familias, pues atendiendo tantos casos, me percaté de todos los obstáculos que tienen aquellos que buscan a sus seres queridos, porque es gigante la brecha entre lo que dice la ley y lo que realmente pasa con la atención a las desapariciones”.

Subrayó que es imposible no involucrarse en los casos “y quisieras hacerlo en todos, porque tanto las familias como sus historias te conmueven y percibes más de cerca su dolor, que se vuelve más fuerte con el abandono institucional al que se enfrentan”.

Por ello, “con sus propias manos, herramientas y conocimientos buscan a sus seres queridos. Se vuelven expertas en ámbitos que nunca pensaron, pero que son necesarios para encontrar a sus familiares. Ellas y ellos saben sobre antropología, derecho, psicología, entre otras especialidades; porque la vida los llevó a buscar sus propios caminos y muchas veces son ellos quienes tienen mejores resultados que las propias autoridades”, finalizó.