Sin ciencia libre no hay democracia
- Las universidades son un espacio natural y obligado de pensamiento crítico y debate público informado: Soledad García Muñoz, ex relatora especial de la CIDH
24 marzo 2026.-La libertad académica y la autonomía universitaria se hacen más desafiantes y necesarias que nunca, porque van de la mano de la construcción de sociedades democráticas, con desarrollo sostenible y seguras, afirmó en la UNAM, Soledad García Muñoz, ex relatora especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Esa libertad tiene la virtud de proteger el pensamiento crítico y de permitir la investigación independiente. “Protegerla es cuidar el conocimiento como bien público. Sin ciencia libre no hay democracia”, sostuvo en la conferencia “Principios interamericanos sobre libertad académica y autonomía universitaria”, organizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ).
La integrante del comité legal de Women in Informal Employment: Globalizing and Organizing y asesora especial del Grupo de Mujeres, Familia y VIH, de Argentina, señaló que hablar del tema en América Latina tiene una resonancia particular. “Las universidades de la región han desempeñado históricamente un papel central en la producción de conocimiento científico y crítico, en la formación de ciudadanía, y en los procesos de transformación social”.
Dicha tradición latinoamericana ha estado marcada por constantes tensiones entre conocimiento, poder y democracia; en este contexto, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) ha dado un paso relevante con la adopción de dichos principios, agregó en la sesión coordinada por María Elisa Franco Martín del Campo, del IIJ.
Universidad y democracia, como universidad y derechos humanos, van de la mano, no sólo por la producción de conocimiento, sino porque ese es un espacio natural y obligado de pensamiento crítico y de generación de un debate público informado, lo cual siempre ha sido medular para la sociedad, y “en los tiempos que vivimos es aún más importante”, opinó la experta.
También por eso, los atentados a la libertad académica y a la autonomía universitaria “están a la orden del día y son cada vez más frontales”, dijo.
En la sesión realizada en el Aula Dr. Guillermo Floris Margadant, de Jurídicas, recalcó que el SIDH proporciona protección regional de los derechos humanos, complementaria de la universal. Reconoce la libertad académica y sus contenidos: investigar, enseñar, aprender, debatir ideas, difundir conocimiento, como un derecho fundamental.
Los principios son un primer intento dentro del Sistema de articular estándares específicos sobre la libertad académica como derecho humano que cumple con una función habilitante para el ejercicio de otros derechos, incluyendo la libertad de expresión, educación, reunión, asociación, igualdad ante la ley, etcétera, refirió.
Entre los Principios Interamericanos sobre Libertad Académica y Autonomía Universitaria, que son 16, se encuentran los del ámbito de protección de la libertad académica, la autonomía de las instituciones académicas, la no discriminación, la protección frente a interferencias del Estado, así como la inviolabilidad del espacio académico.
Ellos dejan ver que tal libertad no se limita al campus universitario, sino que también incluye la participación en debates públicos, la publicación de investigaciones y la circulación social del conocimiento. “Vemos nuevamente el enlace necesario entre esa libertad, la autonomía universitaria y el ejercicio democrático”.
La experta recordó que, en ese ámbito, ya había estándares internacionales previos. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha sido un actor comprometido con estos temas y ha subrayado que la libertad académica implica enseñar y debatir sin restricciones doctrinarias, investigar y publicar los resultados de la investigación, y expresar libremente opiniones acerca de la institución o el sistema en el que se trabaja.
Cuando se restringe esa libertad, “y pasa a menudo”, se debilita la capacidad de las sociedades de entender los problemas que enfrentan y desarrollar respuestas informadas a esos retos. “El papel de las universidades es imprescindible, pero podrán contribuir en la medida que puedan hacerlo con libertad académica y autonomía universitaria”, finalizó.