En el “triángulo rojo” se triplica la deserción escolar por pobreza, migración y violencia
- Abandono se dispara en la secundaria por presiones económicas: Centro Jaramillo
Puebla, 26 marzo 2026.- En cuatro de los principales municipios del llamado “triángulo rojo” –Acatzingo, Palmar de Bravo, Quecholac y Tecamachalco– se registran índices de deserción escolar en primaria, secundaria y preparatoria que superan la media estatal y nacional.
Según datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en esa región –conocida porque presenta uno de los más altos niveles de robo en el país, el abandono en primaria es de 1.2 por ciento, mientras a nivel nacional es de 0.12 por ciento. El problema se dispara en la secundaria, pues la salida definitiva de escuelas se sitúa en el 13.9 por ciento en la entidad mientras que a nivel nacional es de 3.2 por ciento y a nivel bachillerato la renuncia a continuar los estudios es de 15.7 por ciento mientras que el promedio en el país es de 11.2 por ciento.
Para el Centro Rubén Jaramillo de Estudios de la Pobreza hay al menos tres factores que provocan la deserción académica. “El primero es que los niños y adolescentes de incorporan a las actividades agrícolas, otros migran para incorporarse al mercado laboral en la ciudad de Puebla, la capital del país e incluso Estados Unidos y unos más se adhieren a labores del crimen organizado en calidad de ‘halconcitos”, advirtió Andrea Mendoza Barba, investigadora de la organización.
En el “triángulo rojo” de Puebla, la crisis educativa no se explica solo por lo que ocurre dentro del aula. Se explica por el territorio. En municipios atravesados durante años por pobreza, inseguridad y economías ilícitas, la escuela compite contra fuerzas mucho más duras que el bajo rendimiento o la falta de interés. Los datos oficiales muestran que en Palmar de Bravo el grado promedio de escolaridad es de 6.8 años, en Acatzingo de 7.7, en Quecholac de 6.6 y en Tecamachalco de 8.7; en contraste, en el municipio de Puebla el promedio alcanza 11.2 años, de acuerdo con el Anexo Estadístico del Estado de Puebla con base en el Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi.
La brecha no es menor: significa que en buena parte de esta región la escolaridad promedio ni siquiera logra consolidar con claridad la educación media superior. La infraestructura educativa existe –tan solo en Palmar de Bravo operan decenas de planteles entre preescolar, primaria y secundaria–, pero los datos muestran que sostener la trayectoria escolar es otra historia.
El punto crítico aparece en la adolescencia. En la región de Acatzingo, datos oficiales del gobierno de Puebla indican que la deserción escolar es de apenas 1.2 por ciento en primaria, pero se dispara a 13.9 por ciento en secundaria y alcanza 15.7 por ciento en media superior. El contraste con el promedio nacional es contundente: en México, el abandono en secundaria ronda 3.2% por ciento lo que significa que en esta región es más de tres veces mayor.
“Este quiebre marca el momento en que el sistema educativo comienza a perder a los estudiantes. La primaria resiste, pero la secundaria se convierte en el punto de ruptura, justo cuando los jóvenes enfrentan mayores presiones económicas, sociales y de violencia”, apunta Mendoza Barba.
POBREZA, UN FACTOR
Y esa fractura no ocurre en el vacío. Ocurre en una región donde la pobreza es estructural. De acuerdo con el Programa Estatal de Ordenamiento Territorial del gobierno de Puebla, la región de Acatzingo presenta más de 86 por ciento de su población en situación de pobreza, mientras que en Tecamachalco supera 75 por ciento.
El caso de Tecamachalco ilustra con claridad la magnitud del problema. El Plan Estatal de Desarrollo reporta que el municipio tiene 76.07 por ciento de su población en pobreza, 13.91 por ciento en pobreza extrema, apenas 6.95 años de escolaridad promedio y un 12 por ciento de analfabetismo. Esto implica que muchos estudiantes crecen en hogares donde la educación ya arrastra rezagos desde generaciones anteriores.
“En Quecholac, la presión social sobre la escuela es aún más evidente. Datos oficiales señalan que mil 351 niñas, niños y adolescentes de entre 6 y 14 años no asisten a la escuela. A ello se suman carencias profundas: casi 90 por ciento de la población carece de seguridad social, más de un tercio enfrenta problemas de alimentación y el acceso a herramientas educativas es limitado, con menos de dos mil viviendas con internet en todo el municipio”, indica la investigadora del Centro Jaramillo.
VIOLENCIA Y CRIMINALIDAD
La inseguridad agrava el escenario. En Acatzingo, más de 82 por ciento de la población percibe inseguridad; en Quecholac, casi 70 por ciento y en Tecamachalco, el indicador alcanza el 100 por ciento, según datos oficiales basados en la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe 2024).
No se trata solo de percepción. En estos municipios también se registran decenas de casos de violencia familiar y de criminalidad. Por ejemplo, en Acatzingo se tiene registrada una tasa de homicidios de 46 por cada 100 mil habitantes.
A este contexto se suma un factor determinante: la economía ilegal. La región es conocida como el “triángulo rojo”, históricamente vinculada al robo de combustible. En 2024, esa región de Puebla encabezó el país en carpetas de investigación por este delito en el primer semestre, con 520 casos, de acuerdo con reportes basados en cifras oficiales. En este escenario, la escuela compite también con la posibilidad de ingresos inmediatos fuera de la legalidad.
Las vulnerabilidades combinadas afectan principalmente a adolescentes en la zona. En Acatzingo, durante 2023, se registraron mil 356 nacimientos, de los cuales 270 correspondieron a madres adolescentes; en Tecamachalco, 276 de 1 mil 515 nacimientos fueron de mujeres de entre 10 y 19 años. La maternidad temprana es otro factor que interrumpe trayectorias educativas, especialmente entre mujeres jóvenes.
El conjunto de estos datos dibuja un patrón claro: el abandono escolar en el “triángulo rojo” no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una estructura donde se combinan baja escolaridad, pobreza generalizada, carencias sociales, violencia cotidiana y la presencia de economías ilícitas.