Facultad de Derecho, institución clave en la historia jurídica
- Nuestra misión es formar juristas que asuman el compromiso de erradicar la impunidad, defender los derechos humanos y salvaguardar el imperio de la ley y la justicia: Sonia Venegas
México, 9 abril 2026.- La Facultad de Derecho (FD) es una institución central en la historia jurídica del país, y celebrar su 75 aniversario implica reconocer una trayectoria que enlaza una larga tradición con los desafíos del presente y que ha convertido al derecho en un campo de estudio fundamental para ampliar libertades y fortalecer la cultura democrática, afirmó el rector Leonardo Lomelí Vanegas.
Esta celebración implica también “reconocer que la vigencia de las leyes, la protección de las minorías y la resolución pacífica de los conflictos dependen, en buena medida, del rigor académico con el que las instituciones de educación superior pública preparan a quienes ejercerán como profesionales: litigantes, personas juzgadoras y legisladoras, asesoras y asesores, defensoras y defensores, así como integrantes del mundo académico”, añadió.
En el Aula Magna Jacinto Pallares, Lomelí Vanegas destacó que las egresadas y egresados de esta Facultad han estado presentes en los tres Poderes de la Unión; en gobiernos estatales y municipales; en órganos constitucionales autónomos; en la abogacía libre; en la docencia y en organismos internacionales; y han participado en la elaboración y reforma de constituciones, en el diseño y edificación de instituciones duraderas y eficientes, en la defensa de los derechos humanos y en la promoción de una cultura de respeto y legalidad.
Acompañado por la secretaria general de la Universidad Nacional, Patricia Dolores Dávila Aranda, los profesores eméritos Elvia Arcelia Quintana Adriano, Fernando Serrano Migallón y Rolando Tamayo y Salmorán, y la directora de la FD, Sonia Venegas Álvarez, el Rector aseveró que este aniversario es una oportunidad idónea para reafirmar el propósito central de esta Facultad: formar profesionales con un alto nivel académico, ético, técnico y humanista, y fortalecer sus capacidades para contribuir a resolver los retos más apremiantes de nuestro tiempo.
Indicó que esa misión se traduce en la expansión de la oferta de posgrado, en el fortalecimiento de las especializaciones y en la consolidación de la vinculación con la sociedad.
Además, expresó a las y los alumnos y docentes que son herederos de las luchas por la autonomía, de las discusiones informadas en torno a la libertad de cátedra, de las reformas que ampliaron el acceso a la educación superior y del empeño por acercar el conocimiento jurídico a las necesidades reales de la sociedad.
Fecundo semillero
Previamente, Sonia Venegas aseguró que los 75 años son motivo para renovar votos y saber que con las fuerzas –que son sus raíces– podrán enfrentar y atender los desafíos en el ámbito jurídico: hablar de la verdadera vigencia de las garantías humanas, del Estado de derecho, del combate a la impunidad y la corrupción, por ejemplo.
La FD, abundó, se ha consolidado como el más fecundo semillero de abogadas, abogados y juristas de México y con resonancia en Iberoamérica. Remarcó que son “una comunidad viva y una tradición en movimiento”, que se reconoce, se interroga y se transforma con cada generación.
Se renueva como institución esencial en la defensa del orden constitucional y en la consolidación del Estado de derecho, consciente de que su misión es formar juristas que asumen con integridad y valentía el compromiso de erradicar la impunidad, defender los derechos humanos y salvaguardar el imperio de la ley y la justicia, apuntó.
En su oportunidad, Fernando Serrano recordó que la Escuela Nacional de Jurisprudencia –antecedente de la FD– fue una de las cuatro escuelas profesionales con las que se fundó la Universidad Nacional en 1910. De esta Facultad se han desprendido otras escuelas y facultades como: Economía, Ciencias Políticas, Administración Pública y Trabajo Social, lo cual muestra la riqueza de sus planes y programas de estudio, así como la madurez y fortaleza de su cuerpo docente.
Mencionó que la comunidad de esta entidad académica está orgullosa de su pasado, satisfecha con su presente y confiada en su futuro. Entre los retos que se les avecinan están: los cambios tecnológicos, en particular la inteligencia artificial, la crisis del sistema jurídico mexicano y la fragmentación de la sociedad.
“No se puede entender a la Universidad Nacional sin su Facultad de Derecho, ni al mundo jurídico o a la formación jurídica del Estado mexicano sin los aportes de la Universidad a través de su Facultad”, agregó.
Asimismo, manifestó que con respeto a la libertad de cátedra y a la autonomía en materia de docencia e investigación, la FD “seguirá defendiendo las mejores causas del pueblo mexicano y se opondrá a todas las acciones injustas que limiten o traten de limitar sus libertades”.
La alumna Camila Alessandra Guadalupe Hernández Sánchez resaltó que esta entidad universitaria representa la conciencia jurídica de México, en la que tienen el privilegio de formarse 17 mil 830 alumnas y alumnos, quienes aprenden que estudiar derecho es una vocación de servicio y un instrumento para construir justicia, no un conjunto de normas.
El rector Leonardo Lomelí se tomó una fotografía de aniversario con académicas y académicos de la Facultad en la explanada “El Águila”.
Un largo camino
Luis Julián Mireles Romero*
La enseñanza del derecho en México ha transitado por diferentes etapas, en las que nuestra Universidad y nuestra Facultad han estado presentes como herederas de una larga tradición orientada a la construcción de una sociedad con leyes justas. Desde la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México se procuró la formación de juristas con conocimientos sólidos.
La transición de la época colonial a la Independencia implicó profundas transformaciones en el país; sin embargo, la educación jurídica seguía en manos de la Universidad. Fue durante el gobierno de Valentín Gómez Farías, bajo la influencia del pensamiento liberal, cuando se produjo la primera clausura de la institución, bajo el argumento de que constituía un medio para el retroceso. La reapertura se dio unos meses después; a partir de entonces, se empezaron a conjugar los estudios de bachillerato y superiores con la paulatina incorporación de la formación en lo que hoy se denomina estudios de posgrado. Esta clausura no fue la única. Durante el siglo XIX se experimentaron algunas más.
En ese devenir, la enseñanza del derecho también experimentó diversas transformaciones. Del estudio tradicional del derecho natural, del derecho civil, del derecho penal y del derecho romano se pasó a incorporar otros conocimientos y nuevas áreas de estudio, como el derecho público, el derecho patrio y los principios de legislación.
Hasta que, en diciembre de 1867, durante el gobierno del presidente Benito Juárez, se creó la Escuela de Jurisprudencia mediante la Ley Orgánica de la Instrucción Pública en el Distrito Federal, en la que se incluyó la enseñanza del derecho constitucional, del derecho administrativo, del derecho económico-político, del derecho procesal en sus vertientes civil y penal, del derecho comparado y del derecho mercantil. Con esto, el derecho se volvía diverso tanto en su estudio como en su práctica.
El diario El Siglo Diez y Nueve anunció que, por acuerdo de la Junta Directiva de Instrucción Pública, se hacía saber a los alumnos que la Escuela de Jurisprudencia abriría sus puertas interinamente para las clases el 3 de febrero de 1868 en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.
La vida universitaria continuó desarrollándose y no fue hasta inicios del siglo XX cuando se registró un incremento en la matrícula de alumnos. El Colegio de San Ildefonso ya no era suficiente para albergar a profesores y estudiantes. Por ello, el 3 de mayo de 1905 se anunció que la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública ponía a disposición del director el edificio del cuartel occidental de San Ildefonso para que fuera trasladada la Escuela de Jurisprudencia. No obstante, dicho traslado no se concretó hasta el mes de marzo de 1908.
En 1907 se emitió un nuevo plan de estudios para la carrera de abogado, en el que la Escuela Nacional de Jurisprudencia quedó como la encargada de formar a los especialistas en ciencias jurídicas y sociales. Para tal efecto, también se habilitaban las instituciones de administración de justicia, los establecimientos penales y la Escuela Nacional de Medicina. Asimismo, el plan de estudios contemplaba una duración de cinco años.
El 26 de mayo de 1910, el Congreso expidió el decreto por el que se aprobó la creación de la Universidad Nacional de México con la incorporación de seis escuelas nacionales: la Preparatoria, la de Medicina, la de Ingenieros, la de Bellas Artes, la de Altos Estudios y, por supuesto, la de Jurisprudencia. El proyecto de creación había sido planteado por Justo Sierra Méndez treinta años antes. Aunque su materialización tomó varias décadas, su establecimiento dio pauta al surgimiento de una de las instituciones educativas en materia jurídica más importante de nuestro país y de América Latina.
El siguiente gran cambio que experimentó nuestra institución se produjo entre 1949 y 1951, derivado de la implementación del Doctorado en Derecho. En ese contexto, el director José Castillo Larrañaga envió al rector el proyecto previamente aprobado por el Consejo Técnico, el cual implicaba dejar de ser Escuela Nacional para transformarse en Facultad, lo que abría la posibilidad de otorgar grados académicos.
Posteriormente, a finales de 1950, la Comisión de Reglamento del Consejo Universitario consideró procedente el cambio de nombre. Sin embargo, la decisión tardó casi tres meses. No fue hasta la sesión del 29 de marzo de 1951 cuando se aprobó por unanimidad el cambio de denominación. A partir de ese momento se dejaba atrás el nombre de Escuela Nacional de Jurisprudencia para convertirse en Facultad de Derecho.
A setenta y cinco años, la Facultad de Derecho ha contribuido a los grandes cambios nacionales, ha participado en las principales transformaciones constitucionales y jurídicas de México, y se ha constituido como una casa abierta a la diversidad de pensamiento. Actualmente, nuestra Facultad es reconocida por su excelencia académica, la cual no sería posible sin la participación de quienes la integran.