INAH descubre en Quintana Roo antigua ciudad maya de arquitectura monumental
Chetumal, 28 abril 2026.- El Instituto Nacional de Antropología e Historia (Inah) informó que registra una zona identificada como El Jefeciño, un antiguo asentamiento prehispánico de 80 edificios, ubicado en el municipio Othón P. Blanco, Quintana Roo.
El área fue dada a conocer a las autoridades por habitantes de la región durante las labores del Proyecto de Salvamento Arqueológico Tren Maya, coordinado por el arqueólogo Manuel Pérez Rivas, en el frente 1 del Tramo 7.
Datos preliminares indican que El Jefeciño se despliega en 100 hectáreas; sin embargo, podría abarcar más, por lo que es necesario realizar una exploración minuciosa para determinar con exactitud su superficie, las dimensiones de los edificios y el patrón de asentamiento, entre otros atributos, explicó Sonny Ojeda, responsable de la Zona Arqueológica de Dzibanché Kinichná.
Agregó que de acuerdo con la evidencia, los vestigios podrían corresponder al periodo Clásico Temprano/Tardío (250-900 d.C.), en el que se desarrolló la arquitectura maya de estilo Petén, caracterizada por edificaciones abovedadas de gran envergadura, esquinas redondeadas y remetidas, con molduras en delantal.
Diana Blancas, encargada de la Zona Arqueológica Kohunlich, quien trabajó junto a Ojeda entre 2023 y 2024 a fin de determinar el estado de conservación de la urbe y su posible extensión, señaló: “Se pudo observar lo que correspondería al área nuclear, compuesta por cinco edificios, de entre 11 y 14 metros de alto, por 16 y hasta 40 metros de largo. Dichos monumentos están distribuidos a manera de plaza en forma de ‘C’”.
En el edificio identificado con el No. 53035, en el noreste del predio, se observaron restos de estuco con pintura mural decorativa y fragmentos de una osamenta humana que, posiblemente, formen parte de un contexto de enterramiento, acotó. Los especialistas destacaron que no se realizó un salvamento arqueológico, por lo que no fue posible efectuar un análisis profundo del material encontrado ni tampoco su recuperación, ya que las evidencias deben permanecer in situ.
Ojeda detalló que la pintura mural es de estilo decorativo y no narrativo, con pigmentos en colores blanco y naranja, así como franjas rojas; no obstante, se requiere una exploración intensiva para verificarlo. Aunado a ello, en el monumento No. 53037, al noroeste del conjunto, se alcanza a ver una subestructura con moldura de delantal.
De manera superficial se identificaron tres etapas constructivas: en la primera y más profunda (aproximadamente 8 metros), está la moldura de delantal; la segunda, corresponde a los restos de pintura mural, y la tercera presenta derrumbes en los que aparecen desplantes de escalinatas. “Por el tamaño de los edificios inferimos que, al menos, deben tener entre cuatro y cinco etapas constructivas”, añadió el arqueólogo.
Otro hallazgo corresponde a las tres bóvedas mayas al interior de algunos edificios, colocadas en saledizo, las cuales tienen buen estado de conservación. Se espera que en el futuro se pueda realizar un proyecto de mapeo para definir y estudiar el patrón de asentamiento.
La secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza, al igual que los investigadores, coincidieron en que el estudio de la urbe contribuirá a comprender la red de sitios arqueológicos de la región, así como a ampliar lo que se sabe de los antiguos mayas del sur de la entidad y las relaciones sociales que existieron entre ellos.