Trivializar la enseñanza: entre la ola de calor y el Mundial

México 10 mayo 2026

Por: Hugo Casanova Cardiel*

La conducción de la educación pública vive uno de sus momentos más deplorables. Un proyecto educativo que ha privilegiado lo discursivo por encima de lo fáctico, una serie de materiales de apoyo (los libros de texto y sus auxiliares) cuyos contenidos no han resistido las pruebas mínimas de contenido y rigor formal. Y, lo más grave, una dirección errática y caracterizada por su desapego frente a los valores y principios de la educación pública mexicana.

Las sucesivas gestiones de los gobiernos del panismo y el tardo priísmo no fueron superadas e incluso fueron alcanzadas en el sexenio anterior con la alternancia de tres titulares de la Secretaría de Educación Pública. Tres personas tan respetables como ajenas al saber pedagógico y que operaron el esquema educativo de los gobiernos de la Cuarta Transformación. Así, en la llamada Nueva Escuela Mexicana se incorporaron elementos como el enfoque humanista, la educación contextualizada, el aprendizaje dialógico y la participación comunitaria. Sin embargo, en la realidad se mantuvo un diseño curricular centralizado y una línea de política educativa verticalista que limitaba al magisterio nacional a ser un mero operador del currículo.

La falta de oficio en la conducción de la educación nacional sería ratificada en 2024 con el nombramiento de un titular cuyo principal logro había sido el de encabezar el proyecto de continuidad partidista en el Ejecutivo nacional. Muy eficaz en términos político-electorales, pero también muy distante del saber educativo y del pulso de la complejidad y necesidades de la sociedad mexicana en términos de educación. Así, el hecho educativo dejó de ser una alta responsabilidad nacional para convertirse en una recompensa por los servicios prestados a un proyecto político.

En ese marco, el anuncio de la inminente reducción del ciclo escolar en un mes y medio (40 días naturales) es un síntoma más de la crítica condición de la conducción educativa. La argumentación acerca de la ola de calor (en los recientes años, el mes de mayo ha registrado las temperaturas más altas del país) y el Mundial de Futbol (con apenas 13 partidos en tres estados de todo el país) vuelve muy poco sólida la versión de que los propios secretarios de educación pidieron adelantar la salida de vacaciones. ¿Para qué? ¿Qué se supone que harán los millones de estudiantes de todos los niveles en un asueto involuntario y mediado por las pantallas de televisión? ¿Cómo se ejercerá el legítimo derecho al descanso y esparcimiento en un sistema educativo caracterizado por brechas sociales y económicas insalvables?

Y una vez más, se hace visible el déficit de gobernanza en México: en realidad las decisiones las siguen tomando unos cuantos, muy lejos de los sectores involucrados. Es decir, las políticas públicas siguen siendo un simple eslogan, pues al estar al margen de la sociedad –estudiantes, docentes, padres y madres de familia– las políticas son gubernamentales y no públicas. Y en todo ese escenario, no podría evitarse la suspicacia de interpretar esta decisión como una respuesta táctica ante las reivindicaciones del sindicalismo magisterial.

Por otro lado, la presidenta Shein­baum, interesada y consciente de la educación nacional, ha señalado que el anuncio del secretario es por ahora una propuesta. Y ello representa una real posibilidad de escucha y atención a las múltiples señales de la sociedad. Y no se está haciendo aquí referencia sólo a las estridentes expresiones de las organizaciones subsidiarias de las televisoras o del poder económico –que siempre se hacen escuchar– sino a las voces del magisterio, del estudiantado y de sus familias que tienen en las instituciones escolares su principal y, a veces, único espacio de interlocución social. Esa condición de propuesta preliminar a la que alude la Presidenta, es la que puede dar forma a una solución que tome en cuenta, esta vez en serio, la multiplicidad de actores y la enorme complejidad del sistema educativo nacional.

Un hipotético plan b de las autoridades nacionales, podría atenuar una mala decisión. Sin embargo, el problema de gobierno sigue presente: la educación nacional enfrenta una crisis de conducción que reclama ser atendida con urgencia.

Investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM