Escribir para comprender la historia: experiencia educativa presentada en Italia acerca el conocimiento histórico a estudiantes de bachillerato

  • Una experiencia educativa con estudiantes de bachillerato muestra que escribir desde la perspectiva de quienes vivieron un acontecimiento histórico puede fortalecer la comprensión, el pensamiento crítico y la conexión con el presente.

Por: Marco Antonio García Téllez

Para muchas personas, las clases de Historia suelen asociarse con fechas, nombres y acontecimientos que deben memorizarse. Pero ¿qué pasaría si aprender Historia significara imaginar, sentir y escribir desde la experiencia de quienes vivieron esos procesos? Esta pregunta estuvo en el centro de la ponencia “Implementación de escrituras liminales para el desarrollo de dominios históricos en estudiantes de bachillerato”, presentada por Héctor Alberto Martínez Jiménez, académico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, durante las Giornate di Letterature Latinoamericane: Scritture liminali: generi in transito, ibridazioni, realizadas en la Universidad de Salerno, Italia.

La propuesta parte de una inquietud que comparten muchas aulas: aunque el estudio de la Historia busca comprender el pasado para interpretar el presente, con frecuencia termina reduciéndose a recordar información. Ante este escenario, la investigación exploró una alternativa educativa basada en una idea sencilla pero innovadora: utilizar la escritura para que el estudiantado no solo conozca hechos históricos, sino que construya una relación más cercana y reflexiva con ellos.

La estrategia se desarrolló con estudiantes de segundo semestre de bachillerato en la asignatura Historia del Siglo XX. En lugar de responder cuestionarios o elaborar resúmenes, los alumnos realizaron un ejercicio distinto: escribir un diario histórico en primera persona, para ello tomaron como referencia la novela Adiós a las armas, de Adiós a las armas, del escritor Ernest Hemingway.

La dinámica consistió en asumir el papel de personajes relacionados con la Primera Guerra Mundial —soldados, enfermeras, médicos o conductores de ambulancia— y escribir como si estuvieran viviendo ese momento histórico. La actividad no buscaba inventar historias sin sustento, sino combinar conocimiento histórico con imaginación y reflexión. Los estudiantes debían integrar causas del conflicto, procesos políticos, condiciones sociales y experiencias humanas dentro de sus narraciones.

Los resultados mostraron algo que llamó especialmente la atención: muchos jóvenes dejaron de escribir únicamente datos para comenzar a preguntarse por el significado de los acontecimientos. En algunos diarios aparecieron frases donde el conflicto dejó de entenderse como una sucesión de batallas y comenzó a percibirse como una experiencia humana marcada por el miedo, la incertidumbre y el sufrimiento. Un estudiante escribió desde la perspectiva de un personaje durante la guerra: “Muchos creen que esto sería una guerra pequeña y corta, pero yo tengo mucho miedo.” Otro reflexionó: “Empiezo a pensar que la guerra no tiene nada de heroica. Es desgaste, pérdida y silencio.”

Más allá del ejercicio narrativo, estas producciones mostraron una transformación importante: el estudiantado comenzó a utilizar conceptos históricos dentro de situaciones concretas. Términos como nacionalismo, imperialismo, sistema de alianzas o guerra de trincheras dejaron de aparecer como definiciones aisladas y empezaron a integrarse dentro de historias que les daban contexto y sentido.

Otro hallazgo relevante fue la aparición de una voz más personal, en lugar de describir acontecimientos desde una posición distante, muchos textos expresaron preguntas éticas sobre el conflicto, cuestionaron estructuras de poder y mostraron sensibilidad frente al impacto humano de la guerra.

La investigación identifica este proceso como una forma de humanizar el aprendizaje histórico.

Es decir, reconocer que comprender el pasado no solo implica conocer qué ocurrió, sino preguntarse cómo vivieron esos acontecimientos las personas y qué aprendizajes dejan para el presente. La experiencia también mostró que la escritura puede convertirse en una herramienta para desarrollar habilidades complejas: interpretar procesos, relacionar causas y consecuencias, analizar contextos y construir argumentos propios. Desde esta perspectiva, aprender Historia deja de ser repetir acontecimientos y se transforma en una oportunidad para comprender cómo se construyen las experiencias humanas.

Los hallazgos presentados en Salerno sugieren que cuando el estudiantado escribe, interpreta y toma posición frente a los acontecimientos históricos, el conocimiento deja de percibirse como algo distante. La Historia deja de ser únicamente pasado, porque se convierte en una forma de mirar el presente y preguntarse qué tipo de sociedad queremos construir. Seguramente una de las preguntas más importantes que deja esta experiencia educativa no es qué recuerdan los estudiantes sobre una guerra, sino qué comprenden sobre las personas que tuvieron que vivirla.