Genómica y secuenciación en la recuperación de especies en peligro de extinción
25 junio 2026.-La secuenciación genética es una técnica que permite leer el “código” del ADN, es decir, el orden exacto de las cuatro bases que lo componen, adenina, timina, citosina y guanina. Por medio de ella, los científicos pueden identificar mutaciones, comprender enfermedades y diseñar tratamientos personalizados.
En términos simples, la secuenciación funciona como un escáner molecular que revela, letra por letra, el libro de instrucciones que cada ser vivo lleva en su interior. Aunque esta tecnología suele asociarse con la medicina y la salud humana, actualmente también desempeña un papel importante en uno de los grandes desafíos del siglo XXI: la conservación de la biodiversidad.
Hoy en día, millones de especies enfrentan amenazas por la pérdida de su hábitat, la sobreexplotación, el surgimiento de enfermedades emergentes y el cambio climático. Ante este panorama, la ciencia busca nuevas herramientas para conservar y proteger la biodiversidad. En este contexto, la genómica y la ingeniería genética representan una de las alternativas más prometedoras.
La genómica estudia la estructura, función y variabilidad del genoma completo de un organismo; la ingeniería genética, en cambio, emplea herramientas biotecnológicas para modificar de manera precisa el ADN. Ambas disciplinas se complementan: mientras la genómica aporta el conocimiento, la ingeniería genética proporciona las técnicas para su manipulación.
La integración de estas áreas ha dado origen a nuevas estrategias de conservación, como la intervención genética dirigida, que busca promover rasgos que aumenten la capacidad adaptativa y la supervivencia de las especies amenazadas, mediante la identificación de genes asociados con la resistencia y la supervivencia.
La sexta extinción: un millón de especies en riesgo
Los científicos hablan de una sexta extinción masiva impulsada por la actividad humana, como la deforestación, la urbanización, la contaminación, el tráfico ilegal de fauna y el cambio climático. Según el Informe Global de Biodiversidad de IPBES (2019), cerca de un millón de especies se encuentran amenazadas de extinción si continúan las actuales tendencias de deterioro ambiental.
Conservar la biodiversidad no significa solo salvar animales emblemáticos como los elefantes, pandas o jaguares. También implica proteger los ecosistemas de los que dependen todos los seres vivos: los bosques que capturan carbono, los insectos que polinizan y los microorganismos que reciclan nutrientes.
Cuando una especie pierde diversidad genética, reduce su capacidad para adaptarse a cambios ambientales y sobrevivir a enfermedades o alteraciones del entorno. Es aquí donde la genómica desempeña un papel importante: al secuenciar el ADN, los científicos pueden medir la variabilidad genética, detectar consanguinidad y diseñar estrategias que fortalezcan la resiliencia de poblaciones.
Ciencia al filo de la extinción
En 2018 murió Sudan, el último macho de rinoceronte blanco del norte (Ceratotherium simum cottoni). Hoy, solo quedan dos hembras, Najin y Fatu. Ellas simbolizan una pregunta que parece salida de la ciencia ficción: ¿Puede la ciencia traer de regreso una especie extinta en estado silvestre?
La genómica para la conservación busca responder esa pregunta, no solo para esta especie, sino para cientos de especies al borde de la extinción. A través de técnicas como la secuenciación de genomas, la clonación y la edición génica, la biología moderna se ha convertido en una caja de herramientas capaz de rescatar diversidad genética, generar individuos resistentes a enfermedades y, en algunos casos, intentar la desextinción. Este campo emergente busca no solo recuperar especies extintas, sino también restaurar ecosistemas completos.
La caja de herramientas genómicas
La genómica de la conservación emplea diversos enfoques que permiten conocer el genoma de los organismos y diseñar estrategias para su protección. Una de las técnicas más empleadas es la secuenciación masiva de ADN, que permite identificar variantes genéticas y evaluar el estado de salud poblacional.
Otro recurso empleado son los paneles de SNPs (polimorfismos de nucleótido único), pequeñas diferencias en el ADN que varían entre individuos, como letras distintas dentro del mismo libro genético. Estas variaciones funcionan como marcadores para medir el grado de parentesco y la diversidad genética dentro de una población. Esta herramienta permite un análisis rápido, preciso y económico para determinar si una especie posee suficiente variabilidad para adaptarse y sobrevivir a los cambios ambientales.
Finalmente, los genomas de referencia son ensamblajes de alta calidad del ADN de una especie. Funcionan como mapas genéticos detallados que permiten la comparación entre individuos y el diseño de estrategias de conservación.
Estas herramientas no sustituyen la restauración del hábitat, pero permiten tomar decisiones informadas y efectivas, como elegir qué individuos cruzar, qué poblaciones trasladar o qué genes aportan resistencia a enfermedades.
Ciencia contra reloj
El rinoceronte blanco del norte es el emblema de la conservación. Dado que Najin y Fatu no pueden reproducirse naturalmente, los científicos han recurrido a dos estrategias:
- IVF (fecundación in vitro): Usan óvulos de las hembras y esperma congelado de machos ya fallecidos para crear embriones viables.
- SCNT (transferencia nuclear de células somáticas): Consiste en colocar el núcleo de una célula del rinoceronte blanco en un óvulo enucleado de una especie cercana como el rinoceronte blanco del sur (Ceratotherium simum simum).
Sin embargo, estas técnicas aún enfrentan grandes retos, como la baja eficiencia, la incompatibilidad entre especies y problemas en el desarrollo embrionario. A pesar de ello, actualmente se han generado alrededor de 30 embriones viables, que se esperan implantar en hembras sustitutas de la subespecie del sur.
Como complemento a estas limitaciones, algunos investigadores exploran la posibilidad futura de utilizar edición genética para recuperar parte de la diversidad genética perdida y disminuir los problemas asociados con la consanguinidad.
En conjunto, el caso del rinoceronte blanco muestra cómo la clonación ya no pertenece únicamente a la ciencia ficción, aunque tampoco garantizan la recuperación poblacional. Incluso si se lograran nacimientos exitosos, la variabilidad genética sería limitada, por lo que se requerirán estrategias de manejo a largo plazo.
Desextinción ¿Regreso del mamut?
Cuando hablamos de desextinción, muchas personas piensan en películas como Jurassic Park. En realidad, estos proyectos no buscan “resucitar” especies extintas en sentido estricto, sino recuperar características de especies extintas a partir de parientes vivos.
Uno de los ejemplos más conocidos es el proyecto del mamut lanudo (Mammuthus primigenius), donde los científicos investigan, aún en etapas experimentales, cómo editar el ADN del elefante asiático (Elephas maximus) para incorporar genes asociados con la resistencia al frío, característica de su antepasado. Algo similar se busca realizar con aves extintas como la paloma migratoria (Ectopistes migratorius), con el objetivo de restablecer su nicho ecológico en los bosques norteamericanos.
No obstante, la desextinción genera tanto entusiasmo como controversia. Hay quienes advierten que los recursos deberían destinarse a proteger especies con poblaciones viables que invertir recursos en revivir otras desaparecidas. Por otro lado, sus defensores sostienen que estas técnicas pueden restaurar funciones ecológicas perdidas, como el papel del mamut en mantener los ecosistemas de tundra al compactar el suelo y dispersar nutrientes.
Intervención genética dirigida; anfibios y bosques resistentes
La genómica no solo se aplica en casos como la clonación o la desextinción. También participa en proyectos de Intervención Genética Dirigida (TGI). La TGI es una técnica que representa uno de los mayores avances de la biotecnología moderna. Se basa en la capacidad de modificar de forma precisa y controlada la información genética de un organismo, eliminando, sustituyendo o insertando secuencias específicas de ADN con fines determinados.
A diferencia de los métodos tradicionales de mutagénesis o hibridación, la TGI actúa como un bisturí molecular, capaz de alterar genes puntuales sin afectar el resto del genoma. Esta herramienta emplea sistemas de edición genómica altamente específicos, como CRISPR-Cas9, TALENs o Zinc Finger Nucleases, que reconocen fragmentos concretos de ADN y permiten reescribirlos con una precisión sin precedentes. Gracias a ello, los investigadores pueden modificar rasgos hereditarios, aumentar la resistencia frente a enfermedades o contaminantes, e incluso recuperar especies en riesgo mediante la corrección de mutaciones dañinas.
Por ejemplo, actualmente se investigan estrategias de edición genética para conferir resistencia en ranas australianas amenazadas por el hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis, responsable de la desaparición de más de 90 especies de anfibios (Figura 1). Asimismo, se han insertado genes de trigo en el castaño americano (Castanea dentata) que le otorgan tolerancia al tizón, permitiendo su recuperación en los bosques de Estados Unidos.
En conjunto, estos casos muestran que la edición génica no busca generar organismos artificiales, sino aumentar la resiliencia de especies existentes mediante herramientas biotecnológicas cuidadosamente evaluadas.
Genómica desde la megadiversidad: México y América Latina
México y América Latina figuran entre las regiones con mayor biodiversidad del planeta, pero también enfrentan una de las tasas más altas de pérdida de especies.
En México, instituciones como el INMEGEN y el Cinvestav-Langebio participan en el Mexican Biobank Project, que ha generado la base genómica más completa del país. Este proyecto analiza más de 1.8 millones de marcadores genéticos en personas de más de 900 localidades, produciendo información útil para la salud pública, la diversidad genética y la conservación.
En el contexto latinoamericano, diversos países se han sumado a proyectos de secuenciación a gran escala. EBP-Colombia, por ejemplo, forma parte del Earth BioGenome Project y tiene como objetivo contribuir a la secuenciación de la biodiversidad del país para fortalecer el conocimiento y la conservación de los ecosistemas tropicales. El CIBCM de la Universidad de Costa Rica también colabora en la secuenciación de especies endémicas centroamericanas, fortaleciendo la integración científica de la región.
En conjunto, estos esfuerzos demuestran que la conservación genómica no es exclusiva de las potencias científicas. En América Latina, la integración de estas iniciativas con políticas públicas, educación y participación social será clave para preservar la biodiversidad de manera sostenible.
Retos y perspectivas de la genómica para la conservación
La genómica nos recuerda que aún existen oportunidades científicas para enfrentar la crisis de extinción. Con la ayuda de estas herramientas, es posible leer, comprender e incluso modificar el ADN de especies en riesgo. Lo que antes era ciencia ficción, como clonar animales o diseñar árboles resistentes a plagas, hoy forma parte de proyectos de conservación.
Sin embargo, la genómica no es una varita mágica. No salvará a las especies si continúa la sobreexplotación de recursos y la destrucción de ecosistemas. La tecnología genética puede reforzar poblaciones y recuperar diversidad, pero debe acompañarse de protección de hábitats y decisiones responsables como sociedad.
Además de los desafíos científicos, también existen importantes dilemas éticos y sociales: ¿Queremos invertir en traer de vuelta especies extintas o en proteger las que aún sobreviven? ¿Es justo someter animales a técnicas con altas tasas de fracaso? Estas preguntas no tienen respuestas simples, y deben abordarse con transparencia y participación pública.
En este contexto, México y América Latina representan una gran oportunidad para la genómica. La región posee una riqueza biológica excepcional y cuenta con instituciones que ya trabajan en la frontera del conocimiento, como el INMEGEN, el Cinvestav-Langebio y el Mexican Biobank Project. Si estas capacidades científicas se combinan con políticas sólidas y colaboración comunitaria, será posible fortalecer la conservación de especies y proteger el futuro de los ecosistemas.
En este esfuerzo, la participación ciudadana también resulta fundamental. Colaborar en plataformas como Naturalista.mx, asistir a talleres de la Red Mexicana de Bioinformática (RMB) o compartir conocimiento son formas reales de contribuir. La ciencia no se limita a los laboratorios: también se construye mediante la observación, la curiosidad y la participación social.
En última instancia, la genómica es una herramienta poderosa, pero la decisión está en nuestras manos: elegir si queremos un futuro donde la biodiversidad siga viva o resignarnos a verla solo en fotografías. La conservación comienza con conocimiento y se mantiene con compromiso.