La voz narrativa no es neutral: quien narra selecciona, organiza y da sentido desde su visión del mundo, asumiendo una posición frente a la historia: Eddy Flores Gallegos
Por: Marco Antonio García Téllez
En la Giornate di Letterature Latinoamericane, donde se abordó la Scritture liminali: generi in transito, ibridazioni, organizada por el Circolo Amerindiano de Estudios Americanos con sede en Perugia, teniendo como sede la Universidad de Salerno, Italia, el doctorante Eddy Jemner Flores Gallegos, representando a la Universidad Autónoma de Tlaxcala, presentó la investigación “La escritura liminal como práctica narrativa en tránsito para la formación de la conciencia histórica”.
Flores Gallegos, basando su trabajo en la convocatoria para la XLVIII Conferencia Internacional de Estudios Americanos, cuya finalidad fue estudiar y publicar el conjunto de actividades y disciplinas que, desde diversas perspectivas científicas (antropológicas, arqueológicas, históricas, artísticas, políticas, etc.) abordan las culturas que se desarrollaron en el continente americano, sin límites de espacio ni tiempo, desde el estrecho de Bering hasta Tierra del Fuego y desde los primeros asentamientos humanos hasta nuestros días.
Debiendo señalar que la “La escritura liminal“, designa aquellos espacios de transición y frontera donde las categorías establecidas se cuestionan y redefinen. Aplicado a la literatura y las prácticas discursivas, donde se cuestiona la crisis de los géneros tradicionales y las nuevas formas híbridas que emergen en la intersección de disciplinas, lenguas y culturas. Este tema tiene profundas implicaciones teóricas, pero también aborda cuestiones apremiantes del presente: migración, identidades en tránsito, resistencia cultural y memorias del trauma histórico.
Para el investigador Flores Gallegos, la enseñanza de la historia enfrenta el reto de convencer a sus estudiantes de bachillerato, del por qué es importante estudiar y comprender los hechos del pasado que siguen influyendo nuestro presente y por lo tanto de alguna manera definirán conductas futuras del momento histórico que nos está tocando vivir.
Su investigación arrojó información importante, como el que los estudiantes no dominan la redacción de textos narrativos, limitándose a describir la realidad social, ignorando su potencial interpretativo, y lo más preocupante es cuando se refugian en el silencio; no asumen la palabra como propia ni toman riesgos expresivos.
En su exposición Flores Gallegos, cita a Henríquez y Muñoz, porque ellos plantean que el pensamiento histórico se conjuga con la construcción de la conciencia histórica, y que la escritura es evidencia de su adquisición, por lo tanto resulta fundamental desarrollar en primer lugar la lectura de comprensión y posteriormente la redacción argumentativa, para generar la Conciencia Histórica como Espacio Liminal, porque la conciencia histórica funciona como una penumbra: el estudiante se sitúa en el pasado, presente y futuro de manera ficcionizada, explorando ese umbral desde su propia experiencia. Por lo tanto la narrativa les permite explorar dimensiones que el discurso histórico escolar no siempre aborda: emociones, dilemas morales, identidades colectivas y experiencias sociales — lo que Rüsen llama orientación temporal.
Por lo tanto Conciencia Histórica y la Narrativa se conjugan en la escritura liminal, permitiéndole a los estudiantes abrir su imaginación y la exploración de perspectivas múltiples cuando estudian los hechos históricos, permitiéndoles entender cómo y por qué se vivió un pasado. El docente debe convertir el aula en un “taller de investigación donde se forme ciudadanía”, para que por medio de la redacción de textos los estudiantes puedan revelar sus tensiones entre el miedo y la esperanza, sus Identidades en la construcción de perspectivas de espacio y tiempo por medio de las narrativas perdidas por sus silencios, de tal forma que la memoria tiene significado cuando le dan un sentido de interpretación, no solo el bagaje del dato y al mismo tiempo la subjetividad es paralela a la narrativa que incorpora emociones, valores y juicios éticos, lo que nos lleva a afirmar que la historia se aprende viviéndola, no solo memorizándola.