Salarios: revertir el daño neoliberal
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó que en el primer trimestre del año los salarios representaron 30.8 por ciento del producto interno bruto (PIB), un incremento de 4.1 puntos porcentuales respecto a 2018. Sólo en los 12 meses transcurridos entre el lapso enero-marzo de 2025 al mismo periodo de este año, los salarios tuvieron un avance de 1.7 puntos porcentuales en el conjunto de la economía mexicana.
Esto significa que durante los ocho años recientes la distribución de la riqueza ha cambiado en beneficio de los trabajadores, lo cual también se refleja en las cifras de pobreza laboral, condición en la cual el ingreso producto del trabajo es inferior al valor de la canasta alimentaria. Este indicador se ubica en 31.9 por ciento de la población ocupada, una disminución anual de 3.2 puntos porcentuales. Si bien persisten graves rezagos en entidades como Chiapas, Oaxaca y Guerrero (con 59.8, 52.9 y 52.2 por ciento de los trabajadores en pobreza laboral, respectivamente), en otras hubo aumentos de los ingresos laborales reales de hasta 20 (estado de México y San Luis Potosí) o 30 por ciento (Morelos).
Más que simples cifras, los datos referidos dan cuenta de la transformación de la economía mexicana en los sexenios anterior y el presente. El escaso peso de los salarios en el PIB es también una medida de la desigualdad y un reflejo de decisiones políticas. Así, no es coincidencia que los países donde los ingresos de los trabajadores representan una mayor proporción de la economía sean también los que registran mayor Índice de Desarrollo Humano y los que son reconocidos por su elevada calidad de vida.
Tampoco es casual que la implantación del modelo neoliberal haya llevado esta proporción a su nivel más bajo desde que se tiene registro, como resultado, entre otros factores, de la caída en el poder de negociación de los trabajadores mediante la desindicalización y la flexibilización laboral.
Se estima que por cada punto porcentual que cae la participación de los salarios en el PIB, el Índice de Gini (la métrica estándar de desigualdad) aumenta entre 0.15 y 0.33 puntos porcentuales.
Nada está aislado. A partir de la década de 1980, el declive de la participación de los salarios en el ingreso nacional tiene su correlato en el auge de los pagos de dividendos e intereses por parte de las corporaciones no financieras. Es decir, la riqueza se desvió de las nóminas hacia los accionistas, lo cual comprueba que el neoliberalismo es, en esencia, un mecanismo para extraer capital de las clases bajas y medias y transferirlo a una minoría de ultrarricos.
En este sentido, resulta significativo que la mejoría real de las condiciones de vida de los mexicanos asalariados se logre en un periodo de bajo crecimiento del PIB, lo cual desmiente la manida falacia neoliberal de que el único camino hacia la reducción de la pobreza pasa por el crecimiento sostenido de la economía. Una vez más se comprueba que, en ausencia de políticas redistributivas, los productos del crecimiento son acaparados por quienes se encuentran en la cumbre de la pirámide económica.
El hecho de que en la actualidad México vaya a contracorriente de la maquinaria de despojo neoliberal muestra que, con sus defectos e insuficiencias, el modelo económico de la Cuarta Transformación ha convertido la bonanza de unos cuantos en bienestar para las mayorías.