Nueve estudiantes más por licenciatura y ocho Tesla más en la UAM
Hugo Aboites*
Sólo 755 lugares –que significan nueve estudiantes más por licenciatura– es lo que se propone desde la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) para responder a la urgente demanda social y gubernamental de aumento en el número de jóvenes en educación superior.
El anuncio de esta cifra, que hicieron el rector general, Gustavo Pacheco, y la secretaria general, Esthela Sotelo, y que fue calificada como fruto de un “enorme esfuerzo”, contrasta con la oferta que la misma institución ha hecho en trimestres anteriores. Ha venido ofreciendo entre 3 mil 500 y 4 mil 500 (con la excepción de 2 mil 800 en 2020).
Con 755 lugares y a pesar de que sería la primera vez que formalmente se abriría este trimestre a un nuevo ingreso, es claro que la UAM no está dándole ni la urgencia ni la importancia debida al tema. Y la situación lo amerita: sólo para estar al nivel de matrícula de países como Argentina y Brasil, México debería casi duplicar el número de estudiantes, es decir, admitir a cerca de tres millones más. Pero esto queda lejos de lo cotidiano de las instituciones, que no presionan para obtener más recursos y tampoco son alentadas a explotar sus posibilidades.
En partes de la UAM es conocido el fenómeno de la subutilización de aulas en ciertos turnos y la existencia de un nutrido ejército académico de reserva (temporales precarios que utiliza la UAM y cuyo número se amplía o contrae según se necesite). Si hay departamentos que utilizan hasta 75 profesores temporales para atender a dos carreras, y asumiendo que absolutamente ningún profesor actual puede hacerse cargo de 20 estudiantes más el próximo trimestre, entonces bastaría con 100 nuevos profesores en toda la universidad para admitir a 2 mil, adicionales a los 755 estudiantes. Y faltan todavía cuatro meses que pueden ser utilizados para habilitar y convocar.
Por otro lado, y en el tema de los recursos, hace un par de días apareció la noticia de que en el presupuesto federal para 2027, el IPN y la UAM aparecen como especialmente favorecidas (pero no la UNAM, que sólo recibirá un 1 por ciento de recursos una vez cubierta la inflación). La UAM obtendrá cerca de 700 millones más al subsidio actual (3.47 por ciento más) ya descontada la inflación.
Evidentemente, las autoridades UAM ya sabían que estos aumentos vendrían en el presupuesto federal, pero consideraron que con 755 lugares ya se hacía un esfuerzo monumental, porque lo que aparentemente no se quiere hacer es dedicar gran parte de esos recursos a abrir más lugares, y para eso contratar más docentes (para avanzar en resolver el problema de los profesores precarios) y abrir más aulas y mejorar a los trabajadores administrativos. Usualmente no se puede evitar que, haya o no recursos, las autoridades se vuelvan muy imaginativas respecto a qué hacer con el dinero.
Tan cierto es esto que, cuando se habla de que son pocos los 755 lugares y que es necesario gastar en otras evidentes prioridades, alguien en la rectoría general decide aprovechar que hay recursos y adquirir una flotilla de ocho autos Tesla para funcionarios de la rectoría (con un costo de cerca de 900 mil pesos cada uno). Una muestra clara del tipo de tendencias que se generan en las universidades púbicas y desvían cantidades importantes de dinero. Y una razón más para exigir que esos recursos vayan directamente al gasto necesario para ampliar significativamente la matrícula y no a otros destinos menos claros, especialmente en un clima de urgencia.
Otro tema de fondo es que la política de aumentar la matrícula con base en la contratación de temporales puede servir para un momento de emergencia, pero de manera paralela y de inmediato deben tomarse decisiones para contratar en forma definitiva a cientos de profesoras y profesores en las plazas no utilizadas. Son plazas que cuentan con el respaldo de fondos asignados por la federación desde hace años, a las que se pueden añadir más plazas utilizando una parte sustancial de los nuevos recursos de 2027. Esto haría posible un aumento permanente de la plantilla con base en contrataciones definitivas incluyendo a los académicos temporales aptos. De hecho, no pocos forman parte de un acuerdo preferencial entre el sindicato y la rectoría y hay respaldo también en la legislación universitaria.
Y el problema de las dictaminadoras. No funcionarán eficientemente mientras sigan encargadas de algo que suena absurdo: deben evaluar a cientos de profesores ya definitivos pero que cada año su trabajo es revisado. Una solución sería la de que informaran de sus actividades solamente a su departamento donde se revisen y aprueben, mientras las dictaminadoras se ocupen sobre todo de evaluar los candidatos a nuevos profesores y darle curso así a las cientos de plazas no dictaminadas. Las situaciones de emergencia obligan a buscar soluciones eficientes.
* UAM-X