Celulares: regular con sensibilidad
La Secretaría de Educación Pública (SEP) informó que el Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu) alcanzó un acuerdo unánime para regular el uso de celulares en las aulas a partir del próximo mes. Mientras en primaria y secundaria se plantea la restricción total durante la jornada escolar, en los niveles medio superior y superior cada comunidad educativa construirá sus propias reglas.
El titular de la SEP, Mario Delgado, reconoció que el debate ha crecido a partir de que los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mostraron “cómo los dispositivos móviles están afectando de manera importante la lectura de comprensión”. Asimismo, la decisión parte de la prioridad que se busca dar a la salud mental de los estudiantes en “todo el sistema educativo”.
Con esta medida, México se suma al creciente número de países que emprenden esfuerzos para alejar a niños y adolescentes de las pantallas, en particular dentro de las escuelas. Italia, Francia y China fueron pioneras en esta tendencia con restricciones introducidas en 2007, 2018 y 2021, respectivamente, y en años recientes también se han establecido políticas en Australia, Brasil, Finlandia, Corea del Sur, Países Bajos y Suecia. Aunque en Estados Unidos no hay una normativa federal, hasta tres cuartas partes de los centros educativos han puesto en marcha sus propias disposiciones.
Entre los principales argumentos esgrimidos a favor de las restricciones se encuentran eliminar la fragmentación de la atención que provocan las notificaciones y los contenidos multimedia; reconstruir el tejido social fomentando la interacción cara a cara durante los recesos; combatir la toma de fotografías y videos no consentidos y el uso de la tecnología para amplificar el bullying, así como reducir la adicción a las pantallas a fin de mejorar la higiene del sueño y el bienestar emocional.
La evidencia científica ha probado la correlación entre el uso problemático del celular u otros dispositivos móviles, como tabletas, y la caída en el rendimiento escolar y el empeoramiento de problemas de salud mental, como ansiedad, depresión y baja autoestima. Por ejemplo, se ha encontrado que los estudiantes con mayor uso del teléfono tienen comprensión lectora significativamente menor que quienes lo utilizan de manera moderada.
Tanto académicos como profesores de grupo han constatado que el exceso de pantallas resulta contraproducente para el aprendizaje. En este sentido, es notable que países ricos que convirtieron las aulas en entornos digitales hace apenas unos años ahora desmonten esas tecnologías e impulsen el uso de las mejores herramientas de enseñanza: papel y lápiz. Aunque esta vuelta a lo esencial parece contraintuitiva en sociedades que fueron condicionadas para abrazar la digitalización como la panacea del siglo XXI, el hecho es que la mente humana retiene mejor los datos y crea conexiones más valiosas entre ellos cuando el pensamiento se conecta con el acto físico de escribir y cuando la lectura está libre de la sobrestimulación del mundo virtual.
Por supuesto, no es sencillo restringir el uso del celular a niños y jóvenes que han crecido con estos dispositivos y que han construido sus vidas alrededor de ellos. Las autoridades deben ser conscientes de esta realidad y poner en práctica las restricciones con sensibilidad hacia los estudiantes, sus inquietudes y necesidades, pues las políticas mejor intencionadas chocarán con pared si son percibidas por sus destinatarios como imposiciones arbitrarias.