La demencia podría triplicarse, pero… es posible prevenir la mitad de los casos

  • Esta enfermedad no forma parte del envejecimiento normal y es preciso eliminar dicho estigma: María del Carmen Cárdenas Aguayo, especialista de la Facultad de Medicina
  • Plan Nacional de Demencia del Instituto Nacional de Geriatría

UNAM, 1 OCTUBRE 2026.- “¿Cuántos años tienes?”, preguntó Félix Solís a su esposa, Crescencia Sangrador. “No me acuerdo”, responde ella desde la silla del comedor de su departamento. “¿De qué año eres?”, insiste. “Del 66”, contestó ella.

Crescencia fue diagnosticada con demencia tipo alzhéimer en 2021, a la edad de 54. “Notamos los primeros signos hace una década. Teníamos un negocio de antojitos mexicanos y en una ocasión le entregó cambio a alguien que aún no pagaba. Luego llegaron otros clientes y les preparó un pedido que no era. Todo lo confundió. Poco después observamos que, al hacer cuentas, cobraba de menos o daba cambio de más”.

Su deterioro cognitivo avanza cada día, pero todavía es capaz de efectuar algunas actividades sola, aunque siempre bajo supervisión. Esto es posible gracias a la atención médica y a que su marido, hijas e hijo la mantienen activa mental y físicamente.

“No hay cura o tratamiento efectivo para frenar la enfermedad, pero entre más pronto se intervenga (con ejercicios de memoria, por ejemplo), podría retrasarse el progreso y lograr que la persona se sienta mejor, más comprendida y que el entorno familiar entienda y atienda la situación”, indicó María del Carmen Cárdenas Aguayo, profesora en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina (FM).

IDENTIFICAR A TIEMPO

Félix y Crescencia son de Tlaxcala y hace 40 años llegaron a Ciudad de México. “Nos casamos jovencitos. Llevamos una vida juntos. Hoy que nos alcanza esto es difícil, pero llevadero”, comentó el señor Solís.

En 2019, se agudizaron los indicios de que algo le ocurría a Crescencia, a lo cual se sumaron el contagio por Covid-19 (perdió olfato y no lo recuperó del todo) y una parálisis facial causada por el impacto de perder a su madre. Comenzaron a ir de un especialista a otro en busca de diagnóstico. “Creímos que era algo hormonal. Un endocrinólogo le administró medicamento sin estudios previos, pero sus confusiones seguían. Por ejemplo, si ordenaban una quesadilla de carne, la preparaba de queso. Escribíamos los pedidos en papel y aún así se equivocaba”.

Después acudieron con una psicóloga y, tras solicitar en dos ocasiones un reporte sobre el avance de su esposa, les dijeron que sufría depresión, algo que la familia rechazó porque los síntomas que presentaba eran más complejos que eso, entre ellos “una ansiedad muy grande”. Al asistir con una neuróloga, le efectuaron análisis tiroideos y la canalizaron con otro internista endocrinólogo. Meses más tarde, su tiroides estaba regulada y regresaron a neurología, pues los problemas cognitivos persistían.

Crescencia bajó de peso, se aisló y “lucía desorientada, como ausente”. Con la voz entrecortada y enjugándose las lágrimas al recordar el día que recibieron el diagnóstico, Félix cuenta: “A principios de 2021 la doctora dijo: ‘La señora tiene alzhéimer’. Nadie te prepara para una noticia así”.

La demencia es considerada un síndrome por ser un conjunto de enfermedades relacionadas con el deterioro cognitivo y la pérdida de las capacidades para que la persona se valga por sí misma. Es progresiva y degenerativa, explicó María del Carmen Cárdenas. “El 70 % de los casos son de tipo alzhéimer; el resto pueden ser supranucleares, frontotemporales, vasculares o por cuerpos de Lewy o párkinson”, añadió.

Los síntomas son diversos y distintos para cada paciente: puede darse merma del olfato o desorientación en tiempo y espacio, o que extravíen pertenencias y piensen que alguien se las robó o escondió. “Dejan fuera de lugar objetos (como el teléfono en la nevera); se confunden al salir de casa e ir a lugares conocidos (de los que sabían regresar), o descuidan sus finanzas porque llevan mal sus cuentas”. También se modifica la conducta: manifiestan cambios súbitos de enojo o ira. Si hay agresividad en repetidas ocasiones, ello podría indicar demencia frontotemporal.

“A diferencia de lo que sucede con quienes padecen desórdenes del movimiento, como párkinson, la gente con alzhéimer suele tener movilidad, pero a consecuencia de su desorientación camina con los brazos colgados, fija la mirada al frente y parece estar perdida”.

La especialista detalló que, tras un diagnóstico y con buen cuidado, la sobrevida es de unos 10 años. De lo contrario, estos pacientes mueren por afecciones secundarias, como neumonía o broncoaspiración al comer sin supervisión. Los factores de riesgo que pueden causar demencia son múltiples: mala alimentación, sedentarismo, depresión, hipertensión arterial, diabetes u obesidad. “Está demostrado que las dietas altas en grasa o el exceso de glucosa causan problemas de aprendizaje y memoria que, al acumularse a lo largo de los años, generan el síndrome”.

La edad es uno de los principales factores de riesgo. Sobre esto, la experta aclaró: “Este padecimiento no es parte del envejecimiento normal y eso es uno de los estigmas que debemos eliminar, pues tanto la sociedad como los médicos del primer nivel de atención consideran que esto es así y no lo tratan de forma adecuada”.

Elementos como la contaminación ambiental, el tabaquismo, el abuso del alcohol y el aislamiento social también predisponen a esta afección. “Sólo una pequeña proporción de factores genéticos constituyen un riesgo. En el alzhéimer, el genético o familiar representa del uno al cinco por ciento de los casos (inicia a partir de los 30 años); el resto es esporádico (comienza arriba de los 60)”, agregó la académica.

RETRASAR SU PROGRESO

Según el Plan Nacional de Demencia, publicado en 2024 por el Instituto Nacional de Geriatría, en 2021 la Secretaría de Salud estimaba alrededor de un millón 300 mil mexicanas y mexicanos con dicha enfermedad, cifra que podría elevarse a tres millones y medio para 2050. Hasta el 56 % de los casos pueden prevenirse con políticas públicas que promuevan la salud cerebral a lo largo de la vida.

“El progreso del padecimiento empieza dos o tres décadas previas al diagnóstico. Calculamos que a los 30 años comienzan los daños y éstos se acumulan en el cerebro, manifestándose al pasar el umbral de los 60. Tenemos esa ventana de intervención para evitar o retrasar su inicio, al mejorar el estilo de vida mediante la atención a las enfermedades de riesgo, ejercicio, alimentación saludable, no fumar, no beber en exceso y fomentar la interacción social”, precisó la investigadora.

Félix sabe que el tratamiento no es curativo, pero le permite cierta estabilidad. Sobre una repisa debajo del televisor se vislumbran juegos didácticos de madera, libros de sopas de letras y, en un pizarrón, colgado en la pared, se lee que las gaseosas y el pan dulce no se consumen en su hogar por la diabetes tipo 2 que ella padece.

“Hacemos de todo para mantenerla activa. Arma rompecabezas, colorea mándalas, juega basta, pesca palabras en las sopas de letras o soluciona ecuaciones matemáticas. Siempre le doy algo para hacer y creo que eso funciona; de esa manera no la dejamos partir y la incluimos”, cuenta Félix.

Esta pareja comparte el gusto por bailar, y aunque en los últimos meses su esposa ha presentado dificultades para hacerlo, él no deja de ponerle música. “Si escucha una canción, tararea algunas frases”, platica Félix esbozando una sonrisa. A continuación, invita a Crescencia a bailar mientras que en la bocina suena la cumbia La pulsera de amor.

Dos veces por semana hacen sentadillas y ejercitan sus brazos con botellas de agua. Salen a caminar y, por seguridad, ella se sujeta siempre de él, precaución que Félix adoptó en 2022, cuando Crescencia aún salía sola a la calle y sufrió una caída que requirió de 12 puntadas en la rodilla.

“A cinco años de su enfermedad, ella es independiente para muchas cosas, pero la mayoría las realiza bajo supervisión. Se baña, viste, peina y come sola. Me ayuda a lavar la verdura y cortarla, pero siempre la superviso cuando agarra el cuchillo. Si prende la estufa, escucho cómo lo hace. Aún puede preparar un huevo, por ejemplo”. Sin embargo, el deterioro provocado por el padecimiento es cada vez más visible.

Félix y Crescencia llegaron hace tres décadas al lugar en donde hoy viven. Conocen a toda la gente de la unidad de departamentos y viceversa. “Hay vecinos que mi esposa ya no identifica. Incluso en la familia no recuerda a quienes la frecuentan poco”.

María del Carmen Cárdenas expone que un estudio de The Lancet (usado como base para el Plan Nacional de Demencia) plantea que la interacción social es de gran ayuda. “Platicar y convivir con otros es importante, así como realizar juegos y manualidades. Se busca ejercitar la capacidad cognitiva al aprender un idioma, tocar un instrumento o bailar”.

El ejercicio aeróbico también es fundamental, siempre adaptado a la edad y condiciones de la o el paciente. A ello se agregan las dietas saludables, como las mediterráneas; no obstante, la situación económica y el tipo de alimentos en el país complica acceder a éstas, agregó.

“El salmón, rico en omega 3, podemos reemplazarlo por semilla de chía. Una cucharada equivale a cuatro mil unidades de omega 3 y tiene altos beneficios para el funcionamiento cerebral y para proteger del estrés oxidativo, que daña a las neuronas y elimina la comunicación entre ellas”.

INVESTIGACIÓN

La también encargada del Laboratorio de Reprogramación Celular y Enfermedades Crónico-Degenerativas de la FM cuenta que, desde su maestría, trabaja el tema de las demencias, motivada, en gran parte, porque su abuela vivió con dicha afección.

“Nos interesa mucho abordar lo que es la reserva cognitiva, es decir, qué tan importante es aprender algo a lo largo de la vida para resistir ante este tipo de neuropatologías. Las mujeres han presentado más riesgo de padecer la enfermedad porque el acceso desigual a la educación disminuye su reserva cognitiva”, indicó.

La universitaria añadió que un estudio en Finlandia, llamado FINGERS, observa que las intervenciones no farmacológicas revierten los daños de una demencia en quienes empiezan a presentar el deterioro referido. “Cambiar el estilo de vida o aprender un idioma, instrumento o baile genera nuevas conexiones neuronales”. Dicha investigación se realiza en 12 países de América Latina, incluido México.

Hoy, la especialista y su equipo reclutan a voluntariado con problemas cognitivos para tomarles muestras de sangre y del neuroepitelio olfatorio (zona interna de la nariz de donde es posible extraer precursores neurales de forma no invasiva). “Las células obtenidas se cultivan in vitro y así estudiamos los mecanismos moleculares involucrados en las patologías. Estoy convencida de que no existe un solo biomarcador para diagnosticar la enfermedad. Debemos combinar la historia clínica, imágenes y muestras celulares, como las tomadas aquí, con su análisis molecular”.

El objetivo, detalló la académica, es alcanzar una “firma molecular” que permita identificar, de manera clara, a pacientes con principios de demencia, pues ello contribuye a que los diagnósticos sean mucho más oportunos. La población interesada en participar en este estudio puede ponerse en contacto mediante el correo mcardenasaguayo@unam.mx.

IMPACTO A CUIDADORES

Para Félix, ser cuidador primario implica demasiado: por un lado, una inmensa responsabilidad y, por el otro, mucho amor y paciencia. “A veces su ansiedad me gana y me arrastra con ella”. Enfatiza que sus hijas e hijo le brindan apoyo moral, emocional, económico y se suman para trabajar en equipo. Pese a ello, su labor en cuidados le provocó colitis nerviosa. Al finalizar la entrevista, se escuchó a Crescencia dar golpecitos con sus pies en la silla del comedor. “Ya entró en ansiedad. Cuando pasa eso le pregunto: ‘¿qué pasó, amor, qué quieres?’. Tras 41 años juntos, no concibo dejarla ir. Por eso cuidarla no me pesa; lo hago porque la quiero”.