La rebelión del futuro

Por: Hugo Aboites*

La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) vive un momento álgido y hasta confuso. Varias unidades están en paro, en solidaridad con la Unidad Iztapalapa, pero también porque comparten problemáticas, son sensibles a un clima nacional que sienten cada vez menos hospitalario y porque resienten todos, pero especialmente las mujeres, que predominan.

A tal punto son más que ahora trabajo con un grupo en el que, salvo una persona, todas son mujeres. Son muy jóvenes, muy dedicadas (varias ingresaron a la UAM por pase automático), independientes, exigentes, todas asalariadas o estudiando otra carrrera y prácticamente ninguna espera ser mantenida por el o la consorte. Conscientes de que ahora las cosas son más difíciles, tener o no hijos es todo un tema y estudiar comienza a verse como parte vital de su empleo, del trabajo de por vida y del final con endeble pensión.

Además del ingreso, muchas ahora también demandan con insistencia que las instituciones sean responsables con su futuro, pues como trabajadoras requieren saber mucho y bien. Así, la protesta estudiantil puede verse como un llamado a las autoridades de la UAM a que se pongan a la altura y respondan, dejen de infantilizar a las y los jóvenes con un entorno de eventos y diversiones y resuelvan las problemáticas para un futuro que a las y los jóvenes les va a afectar severamente.

Es paradójico que en una de las instituciones considerada de las mejores del país, la UAM, quienes protestan y organizan el paro sean sobre todo los estudiantes de carreras de ingeniería y ciencias básicas y de ciencias biológicas y de la salud, prejuiciosamente consideradas de obligada excelencia, y que allí precisamente haya carencias tan elementales y básicas para los estudiantes en baños, biblioteca, lugares donde estudiar, y que existan problemas administrativos elementales como materias que se traslapan, sobrecupos, servicio médico deficiente, trámites sorpresivos y más problemas que conforman las cuatro páginas de problemas sólo de Iztapalapa.

El paro no sólo muestra las carencias básicas, responde a lo que se evidencia como descuido sistemático y a la falta de atención y respuestas oportunas. Es decir, que la situación se complica además por otra carencia más profunda: la escasa disposición de las autoridades institucionales a tratar y decidir en estos y otros temas con los interesados. En Xochimilco, a la misma hora en que la asamblea de estudiantes se reunía para decidir el paro en apoyo a los estudiantes de Iztapalapa, los representantes estudiantiles solicitaban que en la sesión de Consejo Académico, en ese momento en curso, se incluyera en el orden del día el tema del gasto en autos costosos. Negativa total. Y la presidenta del consejo, la rectora, sugirió entonces pasar el tema a asuntos generales, pero esto, que ocurre al final de cada sesión, es un espacio en el que no hay discusión ni votación, simplemente se narra el asunto y se toma nota.

Efectivamente, hay urgente necesidad de mejorar los servicios, y ésa es tarea de las autoridades, pero también hay que reconocer que detrás de estas protestas hay mucho mar de fondo, en dos grandes sentidos. El primero es que el actual movimiento estudiantil muestra claramente que en la vigente estructura de captación de problemáticas, de información, discusión y de acuerdos institucionales de la universidad, deja fuera un amplio espectro de inquietudes, problemáticas, y que esto genera tensiones, demandas, y eventualmente protestas como la actual.

El actual movimiento de estudiantes muestra la necesidad de hacer un diagnóstico preciso de las fallas de la estructura y con esa base generar, con amplia participación, estructuras alternativas. Es problemática la predominancia absoluta de las autoridades en la conducción de la institución. Y cambiarlo significa la reorganización de fondo del poder interno, basada en la incorporación de estudiantes y trabajadores a las decisiones. Decisiones tan delicadas como el gasto en una costosa flotilla de autos Tesla para el uso de funcionarios no son irrelevantes ante la prioridad social de abrir espacios a las y los jóvenes.

En un segundo sentido también hay que reformular la universidad. Hablamos de precisar su papel positivo en una sociedad cruzada de contradicciones y cuestionables ejercicios del poder que atenta contra derechos de comunidades indígenas, sectores más pobres y subordinados, niños, niñas, jóvenes mujeres y hombres. La universidad debe proponer e impulsar en los hechos agendas sociales de mejoramiento, en cada profesión, campo de estudio y difusión e investigación, armar iniciativas concretas en esos terrenos. Para los estudiantes, estudiar y trabajar para impulsar una sociedad como la arriba esbozada les permite recuperar el sentido y valor más profundo de su vida, porque contribuyen a crear un país con educación y empleos dignos para todos. Ellas y ellos saben lo que esto significa.

* UAM-X