Violencia cotidiana

MAESTROS

Por: Gustavo Santín Nieto

Cartas a Gracia

Estimada Maestra:

La Carta a Gracia que remitiría el pasado lunes 19 concluiría cuestionando el éxito que lograrían las medidas proteccionistas incluidas en el decreto 14/10/2026, publicado en el DOF y que pretendería “garantizar que las plataformas digitales sean espacios seguros para niñas, niños y adolescentes”. La carta concluiría señalando: “culpar a las plataformas digitales de todos los males que aquejarían a niñas, niños y adolescentes sería ignorar la violencia en la que vivirían; desconocer que una parte importante de ella y que les afectaría directamente en entornos presenciales: hogar, escuela, comunidad y espacios públicos; sería querer tapar el sol con un dedo.

Tan preocupante para maestros, maestras, madres, padres de familia y tutores sería tomar en consideración lo que sucedería en un mundo virtual y los riesgos a los que estarían expuestos niñas, niños y adolescentes, como lo que acontecería de manera cotidiana, que los expondrían a riesgos, muchas veces constitutivos de delitos y a los que de manera genérica se les referiría como violencia.

“La violencia [definida en la página de la Secretaría de Bienestar: Prevención de la Violencia. https://acortar.link/iC623b] es el uso intencional de la fuerza física o el poder contra una persona, un grupo o comunidad y que tiene como resultado un daño psicológico, lesiones, la muerte, privación o mal desarrollo”, y  que probablemente se nutriría de la definición de la Organización de la Salud (https://acortar.link/smKrjX) que se referiría a ella, como: “La violencia es un problema de salud pública que se define como el uso intencional de la fuerza física o el poder, ya sea real o amenazado, contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad, que resulta o tiene una alta probabilidad de resultar en lesiones, muerte, daño psicológico, desarrollo deficiente o privación.

El sitio Prevención de la Violencia -citado renglones arriba- acotaría su definición señalando consecuencias: “Muchos hombres, mujeres, niñas y niños sufren lesiones, discapacidad o problemas de salud como resultado de la violencia. La exposición a la violencia puede aumentar el riesgo de fumar, consumir alcohol o drogas; de sufrir enfermedades mentales o tendencias suicidas; enfermedades crónicas, del corazón, diabetes o cáncer; infecciosas como el VIH y problemas sociales como el crimen o más violencia”. En renglones posteriores enunciaría: Tipos y Modalidades y sitios en los que podrían presentarse (“En el ámbito familiar, laboral, docente y en la comunidad puede darse la violencia feminicida, psicológica, física, económica, patrimonial y sexual; y cualquier otra forma que vulnere la dignidad, integridad o libertad de la niña, el niño, la o el adolescente”).

Señalamientos que serían medidos por varios indicadores, por ejemplo: La UNICEF señalaría que 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes habrían padecido “métodos de disciplina violentos”; 53% de las adolescentes mujeres (15-17 años) habrían “experimentado violencia sexual a lo largo de su vida”; 2.9 millones de adolescentes reportarían sufrir ciberacoso en 2024; 86 NNyA requerirían atención hospitalaria por violencia en 2025; de los números y de los porcentajes referidos, el 62.9% estaría asociado a violencia intrafamiliar.

La violencia contra niñas, niños y adolescentes no comenzaría en las redes sociales ni terminaría en las aulas. Podría aparecer desde los primeros años de vida en forma de castigos, humillaciones o negligencia, aprendida en casa de padres y abuelos y transmitida posteriormente a hijos y nietos; continuaría en la escuela mediante el acoso, la exclusión o las agresiones entre compañeros y no en pocas ocasiones por los encargados de educarlos; y se extendería durante la adolescencia hacia los espacios públicos y comunitarios en donde en no pocas ocasiones privaría la ley del mas fuerte o del más gandalla. Sus consecuencias trascenderían la seguridad personal: afectarían el aprendizaje, la salud mental, la autoestima y los proyectos de vida. Por ello, la educación para la convivencia, la cultura de paz y el respeto a la dignidad humana no deberían considerarse un contenido accesorio del currículo, sino una condición indispensable para garantizar el derecho a la educación y sobrevivir a la guerra que se libra todos los días. No todo es como te cuentan.