En defensa de nuestra dignidad
Por: Noemí Juárez Pérez*
“La educación es un derecho y un compromiso con la dignidad”. Este es uno de los puntos del manifiesto leído por la maestra Ana Gabriela Reyes Varela, de San Luis Potosí, el pasado 19 de octubre en el Salón Iberoamericano de la Secretaría de Educación Pública, como resultado de la voz colectiva del magisterio. Una voz surgida de los foros La Nueva Escuela Mexicana a tres años.
Para nadie es un secreto que el capitalismo voraz y su correlato, el neoliberalismo, han hecho de nuestra humanidad una mercancía. En México, este modelo permeó todas las esferas de nuestra vida cotidiana y, quizá lo peor, se instaló en nuestra educación pública, la que debía ser de las infancias, de todas y de todos. Como normalista me formé con las reformas de 1993 y 2006, y trabajé en grupo con las reformas de 2011 y 2017, un símil: planes de estudio basados en estándares internacionales, modelos de competencias, aprendizajes claves, programas y materiales prescriptivos.
Desde 2019 se reformaron la Constitución y la Ley General de Educación para hacer explícito el reconocimiento a las maestras y maestros como agentes fundamentales del proceso educativo y de la transformación social, revalorizando su trabajo docente. Esta conquista legal cobró su dimensión más real, humana y transformadora en el Plan de Estudio 2022, donde la autonomía profesional del magisterio se consolida como el corazón de la Nueva Escuela Mexicana.
En esta transformación, la docencia ha dejado de ser el sujeto de sospecha que se debe evaluar y castigar para convertirse en la semilla sobre la que se está reconstruyendo la educación y el tejido social de nuestro país. Tanto nuestras leyes como nuestro fundamento curricular rescatan el lugar que durante tanto tiempo nos arrebataron al magisterio. Pero sabemos que las leyes, los planes de estudio y las normas deben hacerse realidad en las escuelas, en las actividades de niñas y niños, en la interpretación y resignificación que cada maestra y maestro hace del currículo.
Ese es el espíritu con el que concebimos los foros de La Nueva Escuela Mexicana a tres años; 25 foros estatales, cinco regionales, dos nacionales; alrededor de 7 mil docentes de las 32 entidades federativas nos hemos reunido desde marzo de este año a mirarnos, a pensar mutuamente en la educación que emana de nuestra autonomía, en la educación que retoma nuestros saberes probados en las aulas durante años de experiencia, en una educación que nos regresa nuestra dignidad como mexicanas y mexicanos. Hemos demostrado, compartiendo nuestras experiencias, que somos profesionales críticos, que tomamos decisiones contextualizadas, que analizamos nuestra práctica y que constantemente generamos conocimiento pedagógico situado.
Hace ya cuatro años que se publicó el Plan de Estudio 2022 y parece mucho tiempo, pero al pensar en el tamaño de la transformación a la que estamos convocados, entendemos que el camino debe seguir una y otra vez. Porque no hemos dejado de creer que la verdadera transformación educativa ocurre cuando se confía plenamente en las maestras y maestros. Y sé, además, que un país no se puede transformar sin un rumbo claro para su educación pública. Lo ha mencionado nuestra Presidenta: “La educación es el arma de la transformación”.
Después de los diálogos en los foros, de escuchar a la maestra Ana Gabriela, que evocó a miles de maestras y maestros de México, seguimos convencidos de que no hay mejor decisión pedagógica que resignificar el currículo desde la experiencia y desde la realidad de las comunidades. Así como el actual reconocimiento del magisterio como profesionales de la educación no retrocederá, tampoco la apuesta por un país más justo y equitativo dará marcha atrás.
*Subsecretaria de Educación Básica del gobierno de México