A tres años de la Nueva Escuela Mexicana

Por: Noemí Juárez Pérez*

El pasado 23 de marzo dimos inicio a la organización de foros estatales para propiciar, a tres años del comienzo de la apropiación de la Nueva Escuela Mexicana en las aulas, espacios de diálogo, reflexión y construcción colectiva desde la experiencia viva de nuestras maestras y maestros.

Buscamos recuperar las experiencias situadas de nuestros docentes en todos los estados y regiones porque, en el transcurso de estos tres ciclos escolares, hemos visto que no existe una sola vía para apropiarse de la NEM, por la rica e inmensa diversidad de las comunidades y escuelas de nuestro país.

En todas las escuelas que hemos visitado observamos cómo maestras y maestros integran saberes, articulan proyectos de aula, de escuela y de comunidad; transforman la evaluación en un proceso profundamente formativo y contextualizan los contenidos y procesos de desarrollo de aprendizaje de los Programas de Estudio para propiciar en sus alumnas y alumnos experiencias formativas vitales. La autonomía profesional docente nos está dando educación para la vida, para el ejercicio de una ciudadanía verdaderamente democrática. También hemos visto que no ha sido sencillo, porque no es un proceso lineal que se esté cumpliendo de manera homóloga en todo el territorio nacional; pero siempre está presente la convicción docente de que todo acto educativo es un acto de corresponsabilidad con el territorio y con los vínculos sociales que lo sostienen; y si algo ha demostrado el magisterio mexicano es que, incluso en escenarios complejos, nunca dejan de sostener nuestras escuelas con profesionalismo y amor.

En este diálogo, hemos comprobado una vez más la disposición, creatividad y apertura de maestras y maestros para transformar y sistematizar su práctica, lo que constituye el principal motor de la implementación del modelo. Este capital pedagógico es una fortaleza estratégica que debe ser reconocida, acompañada y fortalecida desde las políticas públicas.

Los retos y dificultades que hemos identificado son la necesidad de desaprender prácticas tradicionales, la insuficiencia de formación continua, la complejidad de la integración curricular, la carga administrativa y las condiciones laborales, la cuales nos revelan que la transformación educativa propuesta por la Nueva Escuela Mexicana requiere no sólo voluntad pedagógica, sino una política educativa coherente que garantice condiciones adecuadas para su implementación. En esto hemos puesto ya manos a la obra.

Gracias a todas y todos los docentes, directivos, supervisores y autoridades locales que nos han apoyado a reconocer los niveles de apropiación de la Nueva Escuela Mexicana y lo que implica fortalecer el acompañamiento pedagógico, garantizar recursos pertinentes, generar tiempos institucionales para la reflexión colectiva y promover una cultura escolar centrada en la colaboración, la inclusión y la vinculación comunitaria.

Como lo subrayamos cuando iniciamos este diálogo: la Nueva Escuela Mexicana es multigrado, es indígena, es urbana, es rural, es migrante, es afromexicana, no nació en un escritorio ni fue producto de decisiones unilaterales, como sucedía antes, con los modelos educativos de los gobiernos neoliberales.

Ninguna política educativa puede sostenerse si no emerge del diálogo directo con quienes sostienen la escuela pública todos los días en las aulas de México y hacen visible el valor de una profesión que transforma vidas y territorios.

* Subsecretaria de Educación Básica del gobierno de México