Alterar el comportamiento colectivo magnifica conductas agresivas en eventos como el futbol

  • Nuestro cerebro tiene zonas específicas para el contagio de las emociones: Angélica Larios Delgado
  • La Copa Mundial de la FIFA 2026, por ejemplo, expone los contrastes de la sociedad

22 junio 2026.-En eventos masivos como el futbol, la interacción de factores psicosociales (identidad social exacerbada y desinhibición por el consumo de sustancias como alcohol) junto con la adrenalina del entorno, intensifica la euforia y altera el comportamiento colectivo: podría detonar conductas agresivas ante cualquier percepción de amenaza hacia el equipo favorito o al honor grupal.

Angélica Larios Delgado, académica de la Facultad de Psicología, señaló que las actividades deportivas, en especial la Copa Mundial de la FIFA 2026, generan intensidad emocional al conectar con aspectos individuales y colectivos; por ejemplo, desde el sentido de identidad con el juego y el equipo hasta la sensación de logro. Esta relación constituye el primer factor de riesgo para que las emociones escalen.

Aquellas que se comparten, puntualizó, generan una especie de redundancia y se potencian. Es un fenómeno transversal que cruza todas las esferas humanas, de lo individual y lo grupal, y más en eventos masivos de audiencia global.

Es algo que se propaga y nuestro cerebro tiene zonas específicas para ese contagio emocional. Se trata, dijo, de mecanismos evolutivos diseñados para la supervivencia, la colectividad y el gregarismo (tendencia a agruparse y convivir), las cuales actúan como potente efecto multiplicador en los grupos de personas teniendo un efecto acumulativo entre más grande es el número de personas.

La especialista en psicología del deporte explicó en entrevista que en un proceso de retroalimentación constante dentro de una agrupación esas vivencias producen una respuesta emocional masiva: euforia y “emociones desbordadas”. A mayor escala colectiva el impacto se acrecienta, respondiendo directamente a las dinámicas de la psicología de masas.

Se refirió al fenómeno de la violencia y argumentó que puede surgir de un desequilibrio o relación de poder. Se ejerce como respuesta a una diferencia y como mecanismo para solucionar conflictos. Los deportes per se implican una situación de competencia y de oposición, es decir, una situación de enfrentamiento donde el público se identifica con el juego y se siente agraviado cuando considera que se marcó mal un penal o les robaron la victoria.

Larios Delgado resaltó que la problemática surge al perder de vista que se trata solo de un juego, el cual se interioriza tanto que esa percepción de logro o pérdida se distorsiona y al combinarse con el enojo y la frustración se crea un escenario perfecto para la agresión.

El futbol, como cualquier otra disciplina, no puede desvincularse de su entorno. En sociedades fragmentadas por la inequitativa distribución de la riqueza y la violencia institucional sistemática, el deporte opera como caja de resonancia que amplifica la reactividad de los sectores vulnerados, planteó la universitaria.

En este contexto, abundó que los desafíos sociales de la población tienden a acumularse y se agravan por la falta de gestión emocional y de cultura de aceptación. Por ejemplo, prioritariamente en el balompié hay sesgos de género mediante cantos homofóbicos que denigran a los jugadores al vincularlos con una preferencia sexual diferente. Estos factores interactúan de manera simultánea.

La Copa Mundial de la FIFA 2026 expone los contrastes de la sociedad. Mientras en las calles domina el júbilo, la alegría y una cálida bienvenida a los turistas, en las periferias el festejo brota la brusquedad. Ejemplo de ello son las hostilidades de algunos aficionados a las madres buscadoras.