Apoya la FES Zaragoza a niñas y niños con problemas de habla, lectura y comprensión

  • Programa con un cuarto de siglo de experiencia
  • Las terapias son personalizadas y se construyen a partir de juegos, representaciones teatrales y contextos cotidianos

2 marzo 2026.-Mi hijo ya no tiene miedo de hablar. Su carita cambió, su risa es distinta y ahora quiere venir a sus terapias”, compartió Julieta Moctezuma, abuela de Ángel, un pequeño que, tras una operación de paladar, tuvo dificultad para articular palabras. Ello lo llevó a comunicarse con señas y a ser blanco de burlas en la escuela, lo cual mermó su seguridad.

Hoy la historia del pequeño es distinta: escribe, lee en voz alta con fluidez aceptable y se expresa con más confianza debido a la terapia de lenguaje que recibe en la Clínica Universitaria de Atención a la Salud (CUAS) de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza.

Julieta refirió que una maestra de tercer grado de primaria exhibió a su hijo en clase, pues al pedirle recitar sus compañeros se mofaron por cómo lo hacía. “Ese día llegó llorando y su corazón latía muy fuerte. Me armé de valor, lo saqué de la escuela para apuntarlo en otra y el cambio fue notorio, pues ahí lo apoyan y ya le gusta acudir”.

El punto de quiebre de esa crisis llegó cuando encontraron en la Universidad un espacio donde el aprendizaje no se basa en la corrección rígida, sino en el acompañamiento humano. Hoy, Ángel se siente entendido.

Desde hace más de 25 años, la FES Zaragoza mantiene un programa universitario que atiende a infancias con dificultades en lenguaje oral, escrito y aritmético, áreas relacionadas con el rendimiento escolar. La responsable, Lorena Irazuma García Miranda, detalló que muchos problemas académicos no parten de la falta de capacidad, sino de dificultades para comprender y estructurar el pensamiento.

“El lenguaje es la base de todo aprendizaje. No podemos expresar lo que no pensamos ni comprender lo que no está bien estructurado. Por ello, el programa se enfoca en la atención temprana: si el lenguaje no se trabaja a tiempo, las consecuencias pueden arrastrarse toda la vida”, aseguró.

Es necesario acompañar el proceso del lenguaje, estimularlo y ejercitarlo constantemente para lograr entender el mundo y desarrollarse personal, social y académicamente, subrayó García Miranda.

Una de las particularidades del servicio es su enfoque lúdico. Las terapias se construyen a partir de juegos, representaciones teatrales y contextos cotidianos: supermercados, restaurantes o historias con personajes. En el caso de Ángel, las sesiones incluyeron teatro, cuentos y juegos de memoria diseñados para practicar los sonidos que más se le dificultaban.

“No se trata de repetir fonemas de manera mecánica, sino de que el niño converse, juegue, se ría y use el lenguaje en situaciones reales. El resultado se traduce en una mejor articulación, así como mayor autoestima y participación en clase”, explicó la especialista.

Aprender jugando

Para Edna Rubí García Cortés, docente de primaria y madre de Itzayana, llegar a la Clínica de la FES Zaragoza fue un punto de inflexión. Su hija, de ocho años y estudiante de tercer grado, arrastraba rezagos en lectoescritura y matemáticas, así como una carga emocional provocada por cambios constantes de escuela y experiencias de exclusión.

“Ser maestra no me hacía más fácil ser mamá. Al contrario, con mi hija no podía imponerme como docente”, indicó.

Tras dificultades en su primera escuela primaria (donde incluso enfrentó situaciones de despojo y falta de acompañamiento), Itzayana comenzó a mostrar rechazo a asistir a clases y problemas para consolidar aprendizajes básicos.

“La recomendación de acudir al programa universitario llegó por un colega egresado de la FES Zaragoza. Aquí encontré un espacio donde mi hija aprendía y salía feliz. Llegaba diciéndome: ‘Mamá, vi números’, o ‘me leyeron un cuento’. Eso fue lo que más me alegró”, contó Rubí.

A través de contextos lúdicos, como el juego del supermercado, Itzayana comenzó a fortalecer el cálculo mental, la escritura y la lectura, sin sentir que estaba en una clase tradicional. En tanto, lo que ella aprendía en la CUAS lo replicaba en casa y hasta en la escuela, con sus compañeros.

Para Rubí, el valor del programa va más allá del bajo costo y la atención especializada. “Es una gran ayuda. A veces, como padres o madres, no nos damos el tiempo o no sabemos cómo apoyar. Aquí no sólo les enseñan a leer, escribir o a contar, también les devuelven la confianza”.

Estudiantes que transforman

El programa es, además, un espacio clave de formación profesional para estudiantes de Psicología. Una de ellas es Midory Jimena Zárate Ortega, una joven de 22 años, ya en vías de titularse, quien llegó a este proyecto por recomendaciones y terminó encontrando ahí su vocación.

“Le tomé mucho cariño a lo que se logra. Conocer a Ángel nos dio la oportunidad de hacer las cosas mejor, con mayor conocimiento y cercanía. Emociona mucho poder decirle: ‘sí puedes, vas para arriba’, cuando lo escuchas emitir los sonidos deseados”.

Las sesiones mezclan ejercicios breves de conciencia corporal, de respiración y del aparato fonoarticulador (posicionar la lengua y sacar aire por tiempos) mediante actividades creativas para evitar que el niño sienta que está en la escuela. “Primero lo explicamos y luego lo aplicamos jugando, con cuentos, actuando. Aunque no lo note, está diciendo muchas palabras con los sonidos que le cuestan trabajo”.

Para Midory, lo más difícil fue vencer el miedo a interactuar y, lo más gratificante, ver el avance. “Me motiva pensar que podré ayudar a más niños como Ángel. Aunque te canses, verlos contentos te hace seguir”.

Por su parte, Ingrid Silvana López Velázquez, de 20 años, y Adriana Jaqueline Jiménez Fernández, de 21, estudiantes de Psicología, coinciden en que el enfoque del programa marca la diferencia. “Aquí no se trata de hacer planas o memorizar, sino de jugar: a la lavandería, a la granja, al cine o al supermercado. A veces las actividades implican disfrazarse: un día eres princesa y otro, bombera”.

También relataron que el primer paso es generar confianza. “Primero jugamos y platicamos para entender por qué vienen. Las y los niños poco a poco empiezan a contarte cosas. Hay sesiones en las que la risa se escucha hasta afuera”, abundó Ingrid.

Cada menor que pasa por aquí, reconoció Adriana, tiene una historia distinta: contextos familiares complejos, escuelas con grupos saturados o rezagos no atendidos.

En la CUAS, las y los pequeños tienen a dos personas dedicadas sólo a ellos y todo está hecho a su gusto: el material, los colores, su nombre en los gafetes. Y esto impacta en su rendimiento académico y mejora sus relaciones interpersonales.

Trabajar con infancias también implica retos. Las estudiantes coinciden en que el avance requiere compromiso de tres partes: familia, escuela y terapia. “Puedes lograr algo en sesión, pero si eso no se refuerza en casa hay que volver a empezar. Aun así, cuando un niño logra leer una oración y se da cuenta de que pudo hacerlo, es un logro enorme”.

El impacto real

El bajo rendimiento escolar de muchos menores se debe a que no comprenden, no tienen suficiente vocabulario o no se les entiende por problemas al articular palabras (la parte más fina de la lengua en general).

“El programa hace hincapié en la conversación, en que disfruten de un chiste y en que digan de manera fluida un trabalenguas, pues eso sienta las bases para el lenguaje escrito y el aritmético. Si tenemos dudas, acudimos a los estomatólogos a fin de entender las alteraciones en el aparato fonoarticulador del infante y trabajar en eso”, dijo Lorena García.

Se recomienda “hablarle a las y los pequeños desde bebés para que vayan construyendo su lenguaje con varios estímulos. Para ello es útil contarles o leerles cuentos de acuerdo a su edad, jugar con los sonidos, cantar, conversar con ellos y ellas, y escucharles con atención para que sientan que lo que dicen es importante”.

Cada semestre, el programa atiende de manera individual a alrededor de 14 niñas y niños que apenas pagan cuotas simbólicas. Aunque usualmente reciben a estudiantes de primaria, también han trabajado con jóvenes de secundaria que no tienen estructurado el pensamiento ni asimilado el lenguaje escrito; es decir, que no comprenden lo que leen.

Para la UNAM, mantener estos servicios es una manera de formar profesionales sensibles y, al mismo tiempo, abordar problemáticas reales de la comunidad. El servicio se encuentra abierto al público general y se ofrece los martes y viernes, de 8:30 a 12:30 horas, en la CUAS Zaragoza. Para ingresar, es necesario asistir a una entrevista inicial para evaluar si el programa es adecuado para el menor. Una vez cumplidos los requisitos, se brindan 16 sesiones personalizadas.

Mayor información en la página: https://www.zaragoza.unam.mx/clinicas-universitarias-de-atencion-a-la-salud/