Asignaturas pendientes para con la CNTE

  • Simón Vargas Aguilar*

México, 10 abril 2026.- Como pudimos observar claramente en el bloqueo del pasado 6 de abril, que paralizó diversas carreteras en más de 20 estados y exhibió las profundas carencias que afectan a distintos sectores, persiste el reclamo social en México. Indudablemente esas demandas son justas, reflejan un hartazgo generalizado ante la desigualdad, la falta de apoyos y la indiferencia de las autoridades.

Y aunque muchos son los sectores que necesitan ayuda, hoy quisiera centrar la mirada en uno de los rubros más golpeados y sistemáticamente maltratados por los diversos órdenes de gobierno: los trabajadores de la educación, quienes lejos de ser valorados como pilares de la nación, han sido convertidos en víctimas de una precariedad crónica que erosiona no sólo su dignidad, sino la calidad misma de la educación pública. Por ejemplo, en Japón el maestro es considerado un pilar fundamental de la sociedad, gozando de un estatus social muy alto, honor y gran respeto, además de ser una de las profesiones mejor pagadas en el país, al grado de ser públicamente llamados sensei.

Pero, para nuestro país, tristemente, los problemas no son nuevos, pero se han agravado hasta convertirse en una crisis estructural; miles de docentes laboran bajo contratos temporales sin certeza de continuidad; los salarios son vergonzosamente escasos, muy por debajo de lo que exige la inflación y el costo de vida.

A lo anterior se suma la sobrecarga burocrática y laboral, porque, además de impartir clases a grupos numerosos, los docentes deben cumplir con reportes interminables, capacitaciones obligatorias sin apoyo real y actividades extracurriculares que no se remuneran. Falta de recursos materiales es otra constante: pizarrones rotos, falta de libros actualizados, laboratorios deficientes y, en muchas escuelas rurales, ni siquiera hay Internet ni material didáctico básico. Los cursos de actualización prometidos por las secretarías de Educación federal y estatales suelen ser virtuales, genéricos y sin seguimiento, dejando a los maestros a su suerte.

En este contexto, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha levantado nuevamente la voz y salió a las calles a continuar exigiendo lo que durante años ha demandado, hoy tienen entre otros muchos objetivos el de derogar la Ley del Issste de 2007, que cambió el sistema de pensiones de reparto solidario a uno de cuentas individuales administradas por las Afore.

Esta reforma convirtió el derecho a la jubilación en un negocio para el capital financiero privado, porque los maestros aportan durante décadas, pero al jubilarse reciben montos que dependen de la volatilidad del mercado, con pensiones que pueden ser hasta 50 por ciento inferiores a las del régimen anterior.

Y lo más indignante es el incumplimiento de las promesas, desde la presidencia de Andrés Manuel López Obrador se prometió acabar con esta ley; se dijo que se regresaría al sistema solidario, lo cual no sucedió. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, durante su campaña, lo repitió en varios mítines: “vamos a derogar la Ley del Issste”, pero hoy, ya electa, aún no cumple.

A pesar de las mesas de diálogo y los paros nacionales, la ley sigue intacta, incluso en fechas recientes, contingentes de la CNTE han sido protagonistas de protestas contra el modelo de cuentas individuales impuesto por la Ley del Issste 2007, manifestándose frente a las Afore y exigiendo que el derecho a una jubilación digna deje de ser sólo una ganancia para los bancos.

Los profesionales de la educación han dado una prueba contundente de sus requerimientos, ya que incluso la CNTE ha referido que si el gobierno de Sheinbaum Pardo no resuelve sus exigencias, entre ellas la abrogación inmediata de la citada ley, podrían boicotear las actividades del Mundial de Futbol 2026: “Si no hay solución, no va a rodar el balón”.

Ante este panorama, incluso el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que hasta ahora había sido un aliado incondicional de Morena, comienza a presentar movimientos y a mostrar reclamos, su secretario general, Alfonso Cepeda Salas, entregó, hace dos meses, al secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, el pliego nacional de demandas (PND) 2026.

En él se exige, entre otras cosas, un aumento salarial de al menos 13 por ciento, mejoras en las pensiones y el fin de mecanismos como la Usicamm; lo significativo es que el SNTE, que había apoyado casi incondicionalmente al gobierno federal, ahora se une, aunque tímidamente, a las demandas históricas de la CNTE, y es que los profesores están despertando y el dirigente teme perder credibilidad y bases; pero la señal es clara: el malestar es evidente y ya no se puede ocultar ni contener.

Por el momento corresponde al gobierno actual hacer los cambios necesarios, pero, hay que decirlo abiertamente, todos los gobiernos han fallado a los maestros y durante décadas los han usado como botín electoral, los han estigmatizado como “flojos” o “conflictivos” y los han dejado en el abandono mientras presumen las “transformaciones”.

Hoy, con una CNTE movilizada y un SNTE que empieza a hacer presencia, el mensaje es contundente: los docentes no aceptarán más burlas, se requieren salarios dignos, estabilidad, recursos reales y el cumplimiento de promesas que han sido aplazadas desde hace décadas. Mientras no se atienda de fondo esta crisis, la educación pública seguirá siendo el eslabón más débil de una cadena de desigualdades que ya no tolera más excusas. México le debe a sus maestros mucho más que aplausos en el Zócalo: les debe justicia.

*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política