Biblioteca Central de la UNAM celebra 70 años; se adapta al presente
29 junio 2026.-Cada día, los 12 pisos de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reciben a un promedio de 4 mil personas, quienes acuden a las salas de consulta de libros impresos y digitales, así como a las salas de trabajo en equipo.
Este edificio de 16 mil metros cuadrados, que podría considerarse el más emblemático de Ciudad Universitaria por el mural que diseñó estratégicamente Juan O’ Gorman, celebra su 70 aniversario con remodelaciones y adecuaciones para adaptarse a las necesidades actuales de una comunidad que cada vez utiliza más herramientas tecnológicas para su estudio.
“Este espacio se diseñó con un paradigma funcionalista, es decir, que fue concebido para conformar una biblioteca, y eso lo convierte en el primero en México que se construyó para esta función, pues todos los anteriores eran adaptaciones”, detalla la titular de la Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información de la UNAM, Elsa Margarita Ramírez Leyva.
Al conmemorarse 70 años de este recinto histórico, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, su directora destacó que no sólo se trata de una biblioteca funcional, sino que además constituye un obra de arte que proyectó O’ Gorman con una visión a largo plazo, pues sus fachadas fueron recubiertas con mosaicos de colores que dieron forma al mural denominado Representación histórica de la cultura, que, entre otras cosas, tiene la singularidad de ser uno de los más grandes del mundo en cuanto a su técnica.
Se trata, explica la también doctora en ciencias de la información y documentación, de un conjunto de piedras naturales que constituyen un gran mosaico con el efecto policromo por la combinación de 12 colores básicos dispuestos de manera impresionista, es decir, con manchas de color que forman figuras a una determinada distancia.
El arquitecto O’ Gorman eligió 150 muestras de piedras originales con mayor resistencia a la lluvia, sol y cambios de temperatura para evitar el deterioro del mural y disminuir el mantenimiento, por lo que en sus siete décadas no ha requerido una restauración profunda como los murales de Rectoría o de la Facultad de Medicina.
La estructura del edificio tiene dos torres. Una para albergar más de 120 mil recursos documentales en un ambiente sin luz, para que no se dañen, sin humedad, y con una temperatura adecuada. En la otra están las salas de lectura, señaló Ramírez Leyva en entrevista.
“Es una biblioteca que complementa a otras, pero también ha funcionado como biblioteca pública, porque viene mucha gente externa a buscar recursos o simplemente un lugar para leer, porque es un sitio de convivencia muy pacífico; entonces, brinda un ambiente para estudiar, investigar, o simplemente recreativo”, subraya la directora.
Su diseño arquitectónico no es su único atractivo, añade; es una biblioteca que ha sabido actualizarse a las necesidades de sus usuarios, porque ahora cuenta con salas de trabajo colaborativo, así como para seminarios y conversatorios, a fin de mantenerse vigente.
Sus pisos se están remodelando con material más ecológico y menos ruidoso, así como nuevo mobiliario que cumple con las normas sostenibles, al igual que la estantería.
“Estamos por renovar las mesas en las salas de lectura con sillas más flexibles y ergonómicos, y vamos a poner otras salas colaborativas y una de videojuegos”, destaca la también experta en bibliotecología.
El libro sigue vivo
Al recordar que a principios del siglo XXI se decía que las bibliotecas dejarían de ser visitadas, la investigadora y funcionaria universitaria resalta que el libro impreso se está revalorizando y la ventaja de la Biblioteca Central es que es híbrida.
“Tenemos el material impreso y digital. Aquí, vemos a la comunidad con su dispositivo electrónico, su libro, su libreta, tomando notas; es una cuestión integral e interactiva”.
Asegura que los usuarios del inmueble siguen buscando libros impresos porque es un recurso vivo y que se continúa adquiriendo en todo el sistema bibliotecario.