Celebraciones deportivas o campañas de blanqueamiento político

  • Rumbo al Mundial 2026, Sportswashing en el CCUT
  • La muestra propone una mirada crítica sobre el papel histórico de los grandes torneos, como el de la FIFA, en la construcción de propaganda y legitimación de poder

19 marzo 2026.-A días de que México se convierta en anfitrión del Mundial de Futbol 2026 por tercera ocasión, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) abre sus salas a Sportswashing. Las celebraciones deportivas como campaña de blanqueamiento político, una exposición que invita a mirar con ojo crítico lo que hay detrás del festejo.

Más allá de futbol o de los Juegos Olímpicos, la muestra, que permanecerá abierta desde el 26 de marzo hasta el 2 de agosto, habla sobre el poder, cuestionando el uso de estas grandes celebraciones del deporte para legitimación política y propaganda internacional.

“La exposición no critica ni a los deportistas ni al deporte mismo, ni siquiera al festejo de organizar este tipo de celebraciones. Lo que estamos criticando es cómo se politiza y cómo los organizadores y las organizaciones como la FIFA terminan instrumentalizando a las mismas figuras del deporte para ofrecernos otro tipo de imagen”, explicó Roberto Barajas, coordinador de Artes Visuales del CCUT y curador de la muestra.

El término sportswashing alude precisamente a esa operación: la utilización de grandes encuentros deportivos como pantalla propagandística para mejorar la imagen de países o regímenes que, simultáneamente, ocultan represión política, violaciones a derechos humanos o crisis de seguridad.

“Esto es tan viejo como Matusalén y tan actual como el Mundial 2026”, sentenció Jacobo Dayán, director del CCUT. El recorrido histórico de la exposición arranca con el Mundial de Uruguay, en 1930, pasando por el de 1934 en Italia, organizado por Mussolini; las Olimpiadas de Hitler en Berlín (1936); el Mundial de Argentina con Videla (1978), celebrado a unas cuadras de la ESMA; las Olimpiadas de México, inauguradas diez días después de la masacre de Tlatelolco, y el Mundial de Catar (2022), entre otros.

En cada caso, el aparato deportivo funcionó como escenario de legitimación: una imagen de orden y festejo proyectada al mundo mientras, adentro, ocurrían cosas que los organizadores preferían invisibilizar.

“Tenemos a la artista argentina Adriana Bustos con una videoinstalación de dos canales: del lado izquierdo, la transmisión televisiva del Mundial de Argentina durante la dictadura de Videla en 1978; del lado derecho, un fragmento del documental Olimpia, sobre la inauguración de las Olimpiadas de Hitler en 1936. En algún momento del video los dos coinciden en imágenes: se ve a un dictador latinoamericano y se ve a Hitler en los años 30”, describió Barajas.

Alrededor de esa pieza, la muestra articula caricaturas de Rogelio Naranjo, documentos del Memorial del 68, obras de arte, fotografías de archivo, contenido audiovisual, documentos y hemerografía, entre otros materiales, construyendo una narrativa sobre cómo el espectáculo deportivo ha servido, una y otra vez, de coartada política.

“Evidentemente está siendo utilizado el mundial como en una suerte de la famosa frase de pan y circo”, señaló Dayán sobre el contexto actual. El director del CCUT advirtió que, a diferencia de la Copa del Mundo de Catar, donde numerosas voces cuestionaron las condiciones laborales de los trabajadores migrantes, hoy no se escuchan protestas de peso contra la realización del torneo en Estados Unidos, México y Canadá.

La omisión resulta elocuente: el certamen se jugará en el país de Donald Trump, cuyas políticas migratorias han sido ampliamente denunciadas, y la FIFA ya le entregó una medalla de oro de la paz al mismo mandatario.

“Se celebrarán partidos de futbol a unos cuantos kilómetros del rancho Izaguirre. En las inmediaciones del Estadio Akron de Guadalajara, donde fueron encontradas más de 450 bolsas con restos humanos”, dijo Dayán.

Barajas apuntó en la misma dirección: el Mundial contribuye a mantener “una cara de que aquí no pasa nada”, una imagen de normalidad proyectada hacia las cámaras internacionales, mientras colectivos de madres buscadoras anuncian movilizaciones durante el torneo.

“La vocación del CCUT es tener una mirada crítica desde la resistencia, los derechos humanos y la democracia, por lo que el Mundial no podía pasar desapercibido”, concluyó Dayán.

Los documentos propios del CCUT entran en diálogo con acervos de otras instituciones, como fotografías del Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos; carteles y fotografías del Museo MODO; fotografías procedentes de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero, de la Universidad Iberoamericana, y obras de artistas como Erick Meyenberg o Attilio Tuis.

La exposición se acompaña de un programa académico con mesas de especialistas e incluye la participación de integrantes de la selección femenina de la Copa de 1971, torneo ignorado por la FIFA en el que México llegó a la final con el Azteca lleno. Una de las tantas historias enterradas que Sportswashing se propone desenterrar.