¿Cómo contar la ciencia sin aburrir a nadie?
• Las divulgadoras Fernanda Torres y Paola Flores tienen la respuesta
UNAM, 24 SEPTIEMBRE 2026.- Un planeta en forma de pirámide, una canción sobre pollo frito o la discografía de Taylor Swift son elementos que quizá suenen muy alejados del mundo académico, pero para Fernanda Torres y Paola Flores son herramientas que les permiten hacer divulgación científica entretenida y sin provocar bostezos.
¿Cómo contar la ciencia sin aburrir a nadie? Esta fue la pregunta que convocó a los asistentes al conversatorio en el que las dos divulgadoras científicas unieron sus reflexiones a las de Felipe Zámano, coordinador del Seminario Universitario de Redes Sociales y Cultura Digital de la UNAM.
Física cuántica, hongos, planetas, pero también reels y memes fueron algunos de los temas que fueron abordados en el conversatorio, una de las actividades de la VIII Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni).
“Empecé a hacer contenido en redes sociales, porque quería que a mi mamá le pareciera entretenido lo que hacía […] Ahora, más del 65 % de mis seguidores son de la edad de mi mamá. Y esto me parece maravilloso”, contó Fernanda Torres, física de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
En 2014, Fernanda Torres creó @cienciaconfernanda para realizar divulgación científica en redes sociales. En Instagram tiene más de 150 mil seguidores y en YouTube alcanzó el millón de vistas. Con un estilo amigable y divertido, en sus videos explica temas sobre física cuántica, la teoría de cuerdas o la materia oscura.
Paola Flores, egresada de Biología y quien formó parte de la quinta generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas de Cultura UNAM, también comenzó a usar redes sociales como Instagram o TikTok para divulgar temas sobre biología y sacudir a la ciencia de los formalismos que se le imponen. En @paobiologica busca mostrar que los científicos “tenemos hobbies, dudas e inquietudes como cualquier otra persona”.
Un formato novedoso
“¿Por qué no hay un Saturno piramidal?… Para entender por qué los planetas son redondos, tenemos que hablar de la gravedad”, asegura Fernanda Torres en uno de los tantos videos en los que explica cómo la física está presente en nuestras vidas.
Para Torres, las redes sociales han democratizado el conocimiento, ya que permiten que la divulgación científica no esté limitada a un horario o espacio fijo. Y puso un ejemplo: en otros tiempos, a la audiencia le preocupaba perderse alguno de los programas televisivos que difundían temas científicos, actualmente puede estar en el baño escroleando sobre física”.
En el conversatorio, se recordaron series televisivas que acercaron a muchas generaciones a la ciencia. Entre ellas el clásico Cosmos o El mundo de Beakman, basado en la tira cómica You can with Beakman and Jax. Este programa enseñaba ciencia con experimentos y humor absurdo; era protagonizado por Beakman, un despeinado científico con bata verde, acompañado por Liza, su asistente, y una rata gigante de laboratorio llamada Lester.
Las redes sociales hoy en día permiten que la divulgación científica se realice sin requerir de una gran producción televisiva. Felipe Zámano enfatizó el potencial emocional de las plataformas digitales, en las que el público dejó de ser un espectador para interactuar con la información. También advirtió de un riesgo: estos espacios no permiten dialogar lo suficiente con quienes piensan diferente.
¿Qué herramientas usar para que más personas se interesen en el contenido científico? Para Paola Flores, la respuesta hay que buscarla en la cotidianidad. Ella apostó por tomar cualquier tema de su entorno para hablar de biología. Y por ello, en sus videos la ciencia está presente en un plato de cereal o en los calcetines que piensan comprar.
“Mucho de lo que publico surge de mi día a día […] En la divulgación, lo que queremos hacer es que la ciencia sea atractiva y, muchas veces, esto significa buscar formas de entretenimiento”, comentó Flores.
Por ejemplo, para hablar acerca del universo de los hongos –tan sólo en México hay más de 400 que son comestibles–, Flores utilizó la canción August, de Taylor Swift. Y explicó que los biólogos llaman a este mes “hongosto”, debido a que es la época del año en la que más hongos es posible encontrar. La publicación recibió muchos comentarios favorables. Uno de ellos decía: “Me gustan las personas que hablan de Taylor Swift y me explican sobre hongos’”.
El enganche de los memes
Lejos de ver a los memes como una amenaza para el rigor científico, Fernanda Torres encuentra en ellos una oportunidad para enviar conocimiento como paquetería de Amazon: “Me parece fabuloso poder integrar la cultura pop y los memes en los videos. A veces uno peca de quedarse en la física y entonces solamente hacer referencias ñoñas […] Creo que la divulgación científica es entretener con ciencia”.
En 2015, se popularizó el video Las chicas de verdad nos gusta el pollo frito. Y Fernanda Torres utilizó un fragmento de esa canción para hacer un video, en el que explora la posibilidad de medir la velocidad de un tornado usando un pollo.
Pero, ¿cómo es posible saber qué temas llevarlos a un reel? Felipe Zámano destacó la importancia de estar pendiente de la conversación pública, aquella que se desenvuelve en el transporte público, en la fila de las tortillas o en los salones de clase y después utilizarla como un pretexto para difundir el conocimiento científico con un lenguaje más accesible.
Entretenida y con rigor
Torres, Flores y Zámano coincidieron en que los creadores de contenido tienen una gran responsabilidad: investigar y verificar que los datos que otorgan sean correctos. Y, particularmente, que la prisa por publicar contenido en redes sociales no sea pretexto para dar información errónea.
La conversación también abordó un tema recurrente cuando se habla de divulgación científica: a las personas que hacen ciencia se les forma para saber investigar, pero no se les enseña cómo compartir el conocimiento.
Paola Flores recordó las palabras de una profesora: “La ciencia no sirve si se queda en un papel”. Esta frase la llevó a preguntarse cómo hacerlo y a experimentar en redes sociales diversas formas de compartir el conocimiento.
Para Fernanda Torres, la divulgación científica está lejos de ser una actividad “adicional” al trabajo científico. Para ella es parte de su quehacer como investigadora. Y tiene claro que una divulgación científica mal realizada no sólo corre el riesgo de ser aburrida, también termina por aislar el conocimiento.
“El punto central de comunicar la ciencia es hacerlo con mucho amor y pasión. Y, genuinamente, creo que es la única manera de poder transmitir a la gente lo que estás haciendo”, resaltó Torres.
¿De verdad aprender ciencia podría ser más sencillo de lo que muchos piensan? Felipe Zámano ayudó a responder esa pregunta al enlistar las opciones de divulgación que permite el universo de las redes sociales: “Hoy podemos llevar ciencia a partir de un reel, de un audio, de un meme. Las posibilidades que dan las redes son maravillosas”.
Claro que, como advirtió Fernanda Torres, no hay manera de volverte un experto de física cuántica con un video de 30 segundos; sin embargo, puede ser el anzuelo perfecto para asombrarte, descubrir nuevas cosas y dejar de ver a la ciencia como una herramienta contra el insomnio.
Al considerar que la ciencia está en constante cambio, ¿cómo llevan esa incertidumbre a un público no especializado? Las respuestas de cada uno mostraron que hacer divulgación científica también tiene su ciencia.
Felipe Zámano apeló a la contextualización de fuentes. Paola Flores optó por declarar que dentro de la divulgación no se busca convencer a las audiencias, sino incentivarlas a la reflexión. Y Fernanda Torres recordó que en la ciencia, nada está escrito en piedra: “La ciencia es fluctuante. Y, sobre todo, está hecha por humanos, para humanos. Somos unas máquinas errantes y esto es fabuloso”.
En última instancia, el conversatorio mantuvo una idea: entretener con ciencia no significa abaratar el conocimiento, sino retomar algo que es fundamental en la esencia de lo humano: la curiosidad.