¿Cómo enseñar historia para formar conciencia social? Una reflexión desde Salerno coloca al testimonio y la memoria en el centro del aprendizaje

Por: Marco Antonio García Téllez

  • Académico participa en encuentro internacional en Salerno, Italia, con una propuesta que posiciona al testimonio y la memoria como herramientas para fortalecer una educación crítica y con compromiso social

En el marco de las Giornate di Letterature Latinoamericane: Scritture liminali: generi in transito, ibridazioni, organizadas por el Centro Studi Americanistici «Circolo Amerindiano di Salerno, Italia se presentó una propuesta académica que plantea que enseñar historia no debe limitarse a transmitir fechas y acontecimientos, sino ayudar a comprender el presente a través de las voces de quienes han vivido procesos de violencia, resistencia y búsqueda de verdad. En este espacio internacional de diálogo académico se presentaron reflexiones sobre literatura, memoria, escritura y transformaciones sociales desde América Latina.

Entre las participaciones destacó la ponencia: “Testimonio y memoria como acciones liminales en la enseñanza de la historia”, presentada por el académico mexicano Edgar Gómez Bonilla, quien propuso una pregunta que hoy resulta especialmente pertinente: ¿qué sucede cuando la historia deja de enseñarse únicamente como información y comienza a trabajarse desde las experiencias humanas?

La propuesta parte de una idea sencilla pero profunda: la memoria no es solamente recordar acontecimientos pasados; también es una práctica que construye identidad, produce reflexión y puede convertirse en una forma de resistencia social. Desde esta perspectiva, el testimonio adquiere un papel central dentro de la enseñanza de la historia. Lejos de concebirse como un recurso complementario, el testimonio aparece como un puente entre literatura, historia y política. Escuchar las voces de quienes han vivido acontecimientos históricos permite acercarse al pasado desde una dimensión humana que muchas veces queda fuera de los libros de texto.

La propuesta presentada en Salerno sostiene que el aula puede entenderse como un espacio liminal, es decir, un lugar de tránsito donde estudiantes y docentes se encuentran entre el conocimiento establecido y la experiencia vivida; entre la historia oficial y las voces que históricamente han permanecido en los márgenes, este enfoque representa un cambio importante en la manera de comprender la educación histórica. En lugar de acumular datos, fechas o nombres, se busca construir sentido: comprender cómo el pasado continúa afectando el presente y cómo las decisiones colectivas dejan huellas en la vida de las personas.

Para mostrar el potencial de esta perspectiva pedagógica, la ponencia recuperó uno de los acontecimientos más significativos de la historia reciente de México: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Más allá del análisis político o jurídico, el interés se centró en comprender cómo las voces de familiares y sobrevivientes constituyen prácticas de memoria que resisten al olvido y generan nuevas formas de comprensión histórica.

Los testimonios analizados muestran que la memoria no permanece inmóvil: se transforma en acción. La voz de madres y padres de familia expresa algo que trasciende el ámbito individual. El dolor se convierte en búsqueda de verdad; el silencio se transforma en palabra pública; la experiencia personal adquiere una dimensión colectiva. En este sentido, el acto de testimoniar no solo comunica hechos: también construye ciudadanía y exige responsabilidad social. Desde el punto de vista educativo, trabajar con testimonios permite que el estudiantado cuestione narrativas únicas, compare perspectivas y comprenda que la historia no siempre está cerrada ni terminada. Algunos procesos siguen abiertos porque continúan afectando vidas humanas.

La propuesta presentada también plantea acciones concretas para el trabajo pedagógico: incorporar fuentes orales, desarrollar talleres de memoria colectiva, promover ejercicios de escritura reflexiva, analizar críticamente narrativas oficiales y generar espacios donde el componente emocional tenga lugar dentro del aprendizaje. Estas estrategias buscan fortalecer una educación que no sólo informe, sino que forme sujetos capaces de interpretar su realidad.

En un contexto donde las sociedades enfrentan fenómenos como la desinformación, la polarización y el debilitamiento del diálogo público, iniciativas como ésta recuerdan que el conocimiento también tiene una función social: contribuir a construir comunidades más conscientes, críticas y humanas. La divulgación del conocimiento, como promueve la política científica contemporánea, implica precisamente abrir las discusiones académicas hacia públicos más amplios y mostrar que las investigaciones universitarias dialogan con problemas reales.

Desde Salerno, el mensaje fue claro: enseñar historia no consiste únicamente en explicar lo que ocurrió; también implica preguntarnos qué hacemos hoy con aquello que decidimos recordar, porque cuando la memoria entra al aula, el pasado deja de ser una fecha y se convierte en una oportunidad para comprendernos como sociedad.