Cruz Azul en el Cuauhtémoc; ¿Puebla en peligro de extinción? (2ª parte)
JUEGO Y CONTEXTO
Por: Alejandro García Téllez
La lectura más honesta de este momento no está en los comunicados ni en los discursos, está en las gradas. Y los números no mienten, aunque incomoden. El martes pasado, el partido entre Puebla y Mazatlán apenas reunió 8,696 espectadores en el Estadio Cuauhtémoc. Una entrada baja, sí, pero también comprensible si se considera el horario: cinco de la tarde en día laboral, un contexto que expulsa al aficionado trabajador incluso antes de hablar de fútbol. Un día después, el duelo entre Cruz Azul y Atlas convocó 7,519 personas, y el sábado, el encuentro entre Cruz Azul y Puebla alcanzó 15,440 asistentes, una cifra que sigue quedándose corta si se compara con el último enfrentamiento entre ambos en el torneo pasado, que superó los 25 mil aficionados. Ni siquiera el hecho de que Puebla jugara con diez hombres y le compitiera con dignidad al rival fue suficiente para encender a la tribuna. La conclusión es incómoda, pero clara: aunque no haya pruebas formales, tampoco hay dudas. La afición va a elegir cada vez mejor en qué partidos invertir su tiempo y su dinero, y hoy todo indica que preferirá ver a Cruz Azul enfrentarse a equipos mejor estructurados antes que seguir apostando por un proyecto local que, desde hace años, no ofrece certezas.
A ese desgaste se suma otro problema que ya no puede maquillarse: el estado de la cancha. El Estadio Cuauhtémoc presenta un deterioro que no solo afecta el espectáculo, sino que representa un riesgo real para los jugadores. El antecedente más reciente es la lesión de Faustine Robert, futbolista del Toluca, durante un partido de la Liga MX Femenil, un episodio que encendió las alarmas sobre las condiciones del terreno de juego. La consecuencia ya es un hecho: el equipo femenil del Puebla no podrá seguir utilizando el Cuauhtémoc y será relegado al Club Alpha 3, una decisión que no solo limita su crecimiento deportivo, sino que exhibe el lugar secundario que ocupa el futbol femenil dentro de la institución.
Y mientras la tribuna se vacía y el estadio se deteriora, el cierre del torneo apunta a un desenlace conocido. Puebla volverá a pagar la multa por el cociente. Para evitarlo necesitaría recortar una diferencia de 28 puntos, una misión irreal con el plantel actual y el funcionamiento mostrado. Ya no se discute si habrá sanción económica, sino de cuántos millones será esta vez. Otra multa más, otro torneo más sobreviviendo desde el escritorio y no desde la cancha.
Al juntar esta segunda parte con lo expuesto anteriormente, el panorama es imposible de ignorar. Puebla se desgasta en la tribuna al mismo ritmo que se diluye su proyecto deportivo, mientras Cruz Azul ocupa el Cuauhtémoc como una solución temporal que termina exhibiendo todas las carencias del equipo local. La afición ya habló sin gritar: castiga, selecciona y se distancia. No por falta de amor, sino por exceso de decepción. Y cuando un club normaliza pagar multas, jugar en canchas en mal estado y relegar a su equipo femenil, el problema deja de ser futbolístico y se vuelve estructural. La pregunta final, incómoda pero necesaria, sigue en el aire: ¿esto es simple incapacidad… o la crónica de una muerte anunciada?
P.D. Mientras todo esto pasa, Chivas, jugando bien, es líder… y el América juega igual que su uniforme de visitante: espantoso.