Debate nacional

MAESTROS

Por: Gustavo Santín Nieto

Cartas a Gracia

Estimada Maestra: 

Va con todo Gracia. La mañanera del 21 de julio serviría de marco para que la titular del ejecutivo federal convocara a un “Debate Nacional sobre el uso de redes sociales”, dispositivos móviles e inteligencia artificial en niñas, niños y jóvenes, con el objetivo de construir una propuesta de regulación “basada en evidencia científica, participación social y consenso nacional”. La estrategia radicaría en la realización de 3 foros nacionales que se efectuarían en Nuevo León (19 de agosto); Chiapas (3 de septiembre) y en otra entidad de la zona Centro-Sur (por definirse; 17 de septiembre) a los que se sumarían otros de carácter regional; orientados a conocer, señalaría la mandataria “el impacto de las redes sociales, con la idea de que hagamos una propuesta de orientación, regulación de las redes para evitar lo que nos van a comentar los expertos. […] Y después, cuando le entreguemos al Congreso, que el propio Congreso haga sus foros abiertos, su debate, su discusión y que podamos -yo diría- proteger a las niñas y los niños de esto que puede convertirse en una adicción”.

La intervención de Mario Delgado abundaría en la propuesta de su jefa y reconocería lo “evidente”: “De acuerdo con datos en nuestro país, más del 70 por ciento de la población de 6 años o más es usuario de internet. Y entre adolescentes, este porcentaje es de arriba del 90 por ciento. A escala mundial, la ONU tiene datos de que los jóvenes entre 15 y 24 años constituyen el grupo más conectado en todo el planeta”, y abundaría señalando carencia de “derechos digitales efectivos” como un reto que incluiría contar con “marcos normativos capaces de proteger derechos fundamentales [que entre otras cuestiones generen] entornos más sanos, menos competitivos y más solidarios en nuestras escuelas y fuera de ellas, para fortalecer una comunidad protectora en torno a nuestros hijos, a nuestras hijas”.

El encargado del despacho educativo federal intentaría llevar la discusión mucho más allá del acceso tecnológico. El problema, señalaría, no radicaría únicamente en la conectividad, sino en las consecuencias sociales, emocionales y culturales derivadas de una interacción cada vez más intensa con “plataformas diseñadas para captar y retener la atención de sus usuarios durante el mayor tiempo posible”.

A partir de esa premisa, aparecería una de las definiciones más importantes mencionadas en la Mañanera de referencia: la conectividad no garantizaría por sí misma bienestar, ciudadanía digital ni ejercicio pleno de derechos. Por el contrario, el reto actual se sitúaría en una compleja intersección entre lo tecnológico, lo educativo, lo ético y lo social. Asegurar acceso a internet ya no bastataría; ahora se volvería indispensable discutir la seguridad digital, la salud mental, la privacidad, la protección de datos personales y la construcción de marcos regulatorios capaces de proteger derechos fundamentales frente a entornos digitales que evolucionan con mayor rapidez que las propias instituciones públicas, como se deduciría de las intervenciones de la representante de la ONU y del titular de la oficina educativa federal.

En este contexto Gracia resultaría particularmente significativo que el gobierno federal  coincidiera con la divulgación de las medidas que al respecto adoptaría Francia; nación de la que se conocería prohibiese el acceso a las redes a los menores de 17 años, tan solo dos días después de la convocatoria al debate nacional. Debate que ¿sería? condición previa autoimpuesta, para que quien preside el ejecutivo federal envíe una iniciativa que sería discutida en la cámara de diputados. Aunque sin duda, la iniciativa de modificación a la Ley General de Educación que resultararía de la discución en el legislativo, “atentaría” en contra de los intereses de quienes desearían seguir contando con un mercado juvenil sometido a los intereses financieros de los grandes consorcios nacionales y extrajeros.

El debate convocado no tendria que enfocar sus baterias en contra la tecnología en sí misma, sino en contra de modelos de negocio sustentado en una economía de la domesticación que iniciaría desde la más tierna infancia y que contaría con la complicidad en casa -en muchas ocasiones- de padres, madres y tutores; quienes facilitarían que sus vástagos fueran sometidos por esquemas empresariales, cuyo éxito económico dependería de mantener a niñas, niños, adolescentes y adultos el mayor tiempo posible frente a una pantalla, consumiendo información, contenidos y publicidad. Si se tomara en consideración la vertiente señalada, el debate dejaría de ser exclusivamente educativo, para convertirse en una discusión que se extendiera al poder que ejercerían las grandes corporaciones tecnológicas en la construcción de hábitos, preferencias, relaciones sociales y patrones de comportamiento Gracia.