Del carácter ante Santos, a la rendición ante un América alterno

Por: Pedro Ramírez

Hay derrotas que duelen por el resultado y otras por lo que revelan. La del Puebla ante el América, el sábado en el estadio Banorte, pertenece a la segunda categoría. No fue solo una derrota ante el líder invicto del torneo de apertura 2026, sino la exposición de las diferencias estructurales entre un equipo que aún está en construcción y otro que, incluso con rotaciones y mirando de reojo la semifinal de la Leagues Cup, sigue imponiendo jerarquía.

Una semana antes, en el Cuauhtémoc, el Puebla había ofrecido una versión distinta. Ante Santos Laguna remontó un 0-1 tempranero y se impuso 3-2 con doblete de Eduardo Mustre y el tanto de Carlos Baltazar. Fue un partido de carácter, de respuesta inmediata, porque de sufrir el 1-2 de Bullaude al inicio del segundo tiempo, volvió a empatar y dio vuelta con personalidad.

Esa victoria, sumada a la anterior ante Pachuca, colocaba a la Franja con 10 puntos y en zona de clasificación, como una de las gratas sorpresas del arranque de torneo bajo el mando de Gerardo Espinoza.

Contra el América, ese carácter se diluyó. El equipo de Espinoza enfrentó a un cuadro azulcrema con varios jóvenes y suplentes, pensado en cuidar piernas para el duelo de media semana ante Monterrey. Aun así, el Puebla apenas generó peligro real y terminó sin gol.

El 1-0 llegó con un golazo de Ícaro da Conceição: tiro libre de Alexis Gutiérrez que la barrera rechazó y el brasileño de 19 años, desde fuera del área, conectó de primera con potencia al segundo poste. El segundo, fue obra de Brian Rodríguez, ingresado desde el banquillo: arrastre desde la izquierda, recortes hacia el centro y definición colocada al poste lejano. Un gol de categoría que cerró cualquier ilusión.

Las estadísticas del Banorte reflejan un partido más parejo de lo que sugiere el marcador, pero la diferencia estuvo en la contundencia y en la capacidad de resolver. América no necesitó su once más potente para controlar. Cuando Puebla adelantó líneas en el segundo tiempo e insistió con centros y llegadas de Velasco y Monárrez, Almada metió a los titulares y el partido se inclinó de nuevo. La Franja tuvo más intentos, pero careció de la precisión y la personalidad que sí mostró ante Santos.

Ahí está el contraste. Ante los Guerreros, un rival hundido y sin puntos, el Puebla encontró respuestas ofensivas, aprovechó el área y demostró que podía remontar; ante el líder con alineación alternativa, se vio limitado, sin ideas claras para desbordar o generar superioridades, dependiendo de acciones individuales que no llegaron a cristalizarse.

Mustre, héroe la semana previa, fue sustituido sin impactar. La defensa que había aguantado y reaccionado en el Cuauhtémoc, cedió en dos jugadas de calidad individual. El medio campo no logró imponer ritmo ni cortar las transiciones americanistas.

Espinoza tiene razón cuando dice que el equipo sigue en construcción. Llegó a un club que arrastraba temporadas irregulares, armó un plantel con refuerzos modestos y ha logrado resultados que superan las expectativas iniciales. Tres victorias y un empate en cinco fechas antes del Banorte no es casualidad.

Pero la visita a Ciudad de México expuso los límites actuales: falta de profundidad en el banquillo para partidos de alta exigencia, menor calidad individual frente a rivales top y una dependencia excesiva del momento anímico y de jugadores puntuales como Mustre o Velasco.

América, por su parte, demostró una vez más la solidez del proyecto de Guillermo Almada. Invertido, con rotaciones, manteniendo el liderato y sumando confianza de cara a la Leagues Cup. La profundidad del plantel y la capacidad de los jóvenes para responder son un activo que pocos equipos en la Liga MX pueden igualar en este momento.

Para el Puebla la derrota no borra lo construido, pero sí obliga a una lectura crítica: Ganar a Santos y a Pachuca y genera ilusión, el lugar de no generar peligro real ante un América alternativo y dejar dudas sobre el techo del equipo.

La Franja sigue en zona de liguilla y el torneo es largo, pero el salto de calidad necesario para pelear de tú a tú con los grandes aún no se ha consolidado. El carácter que apareció en el Cuauhtémoc debe volverse hábito, no excepción.

De lo contrario, las derrotas como la del Banorte, seguirán recordando que, entre el buen momento y la verdadera competitividad, todavía hay un trecho por recorrer.