Desolación e impotencia, el sentir de miles de damnificados a tres días de terremoto en Colombia

Bogotá, 14 agosto 2026.- Tres días después del terremoto de magnitud 7.4 la desolación e impotencia de los cientos de miles de damnificados se matiza en albergues improvisados o sobreviviendo a la intemperie con montañas de escombros a su lado y cientos de personas que hoy yacen sepultadas bajo los bloques de concreto.

Colombia no sale de su asombro al ver a través de las redes sociales y medios de comunicación esa realidad incontestable, mientras cada hora aumenta el registro de fallecidos, 273 y 367 personas desaparecidas.

Más allá de los tres centros urbanos donde se ha concentrado la ayuda estatal -Cali, la tercera ciudad más habitada del país; Pereira, Risaralda; y Quibdó, Chocó-, comienzan a llegar reportes de cientos de municipios medianos y pequeños de los cinco departamentos afectados por el terremoto donde se reportan escasas pérdidas de vidas, pero todos coinciden en profundos daños materiales irreparables.

Abundan campañas de solidaridad por los dispositivos móviles para que se hagan aportes en dinero a través de cuentas bancarias sin control, direcciones de centros de acopio para que la gente se acerque y deposite sus donaciones, todo esto, más allá de las decisiones de gobierno que también creó un “Fondo Milagro” para canalizar cooperación nacional e internacional.

Los fallecidos aumentan a 273, según el último reporte del director de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo y Desastres (UNGRD), David Tamayo, que también cifra en cerca de cuatro mil los heridos; por lo pronto, las labores de rescate continúan sin parar, aunque la posibilidad de encontrar sobrevivientes bajo los escombros, tres días después del sismo, se desvanecen.

Este nuevo parte, suministrado por el director de la UNGRD muestra que a medida que las autoridades consolidan los daños los datos arrojan otra realidad: en medio de la tragedia una cifra positiva aflora, de 497 desaparecidos que había publicado el presidente Abelardo De la Espriella se reduce a 367; sin embargo, otros rubros aumentan como el número de viviendas destruidas 12 mil 584, crecen a 172 los edificios colapsados, igual que los centros educativos y centros de salud a mil 187 y 216, respectivamente.

La institución forense, Medicina Legal, informó que ha recibido 250 cadáveres, de los cuales identificaron 227 y 189 ya fueron entregados a sus familiares.

Según analistas independientes, estiman que los daños económicos van a impactar 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), con graves consecuencias en el comercio, el empleo, la vivienda, la seguridad alimentaria, el transporte y la agricultura.

Insensibilidad del empresariado sale a flote

En este contexto, el empresariado colombiano adelanta su congreso anual en la turística Cartagena de Indias, lejos de la catástrofe humanitaria, y más allá de expresar su solidaridad con las víctimas del terremoto, siguen a la espera de que el gobierno de De la Espriella, ratifique su propuesta de eliminar el impuesto al patrimonio a los megarricos del país ¿Cambiará esta iniciativa, con la nueva realidad catastrófica?, es la pregunta que se hacen muchos sectores de opinión.

Entre tanto, el gremio de empresarios, según el vicepresidente José Manuel Restrepo, donó 10 mil millones de pesos, unos 3 millones de dólares, al “Fondo Milagro”, que gestiona Ana Lucía Pineda, esposa del presidente De la Espriella.

Por su parte, el ex presidente Gustavo Petro, compartió en su cuenta de X una conversación que tuvo con el ex director de UNGRD de su gobierno, Mauricio Pava, quien piloteó hasta el martes la entidad y estuvo en las primeras reuniones de crisis posdesastre.

Pava contó lo siguiente al expresidente: “Van a sacar un decreto de emergencia económica para modificar las fuentes financieras, sobrendeudando el país y obligando a todos los colombianos a sumarnos estos gastos, con graves impactos económicos”.

Tras esta información, Petro de inmediato comentó en la misma red social: “(La deuda recaerá) sobre toda la población colombiana. Se acerca la insostenibilidad de la deuda, que la encarecerá aún más si el Banco de la República no baja la tasa de interés y si los ricos de Colombia no se meten la mano al bolsillo para devolver lo que el pueblo trabajador les entregó en subsidio”.

“Ahora que ven sufrir al pueblo trabajador, miran para otro lado, ricos apátridas y sin alma. Ya veo a (Donald) Trump preparando un gran crédito del FMI (Fondo Monetario Internacional) para salvar al Estado colombiano del default”, puntualizó el ex presidente y líder de la oposición.

El presidente Abelardo de la Espriella, tuvo que trasladar su despacho presidencial de Barranquilla, en el Caribe, de donde dijo que gobernaría, a la fría Bogotá, no a la Casa de Nariño, secular oficina de gobierno, sino al Palacio de San Carlos.

Allí continuó con la tarea de nombrar cientos de funcionarios que engrosan el aparato burocrático del Estado colombiano, y delegó en su vicepresidente Restrepo y el ministro del Interior, Rodrigo Lara, la coordinación para hacerle frente a la inesperada realidad.

Esa realidad hoy choca con un futuro de incertidumbre, pues millones de colombianos deberán prepararse para soportar en corto plazo otra crisis natural: El Fenómeno del Niño, que se dejará sentir con todo su rigor los meses de noviembre a marzo de 2027.