El arte de enseñar matemática
Por: Dr. Esptiben Rojas Bernilla
Universidad de Magallanes (Chile)
En los 5,000 años de historia de la matemática, jamás se inventó para educar a personas, sin embargo, desde la masificación de la educación en el siglo XX, el nuevo reto académico fue aprovechar el conocimiento matemático para educar personas, nace el psicologismo pedagógico, diversas corrientes de educación matemática precientífica y actualmente la Didáctica de la Matemática, más profesional, pero aún no vemos resultados concretos de mejoras en los aprendizajes de la matemática. Las razones de esta crisis mundial son multifactoriales, uno de ellos es la forma de como enseñamos la matemática en la sala de clase.
En las actuales escuelas de formación de profesores de matemática, se centran más a estudiar cursos de Didáctica de la Matemática, y que de acuerdo a la escuela del profesor (francesa o mexicana) inciden bajo esa influencia, en un marco teórico específica y en la reflexión pedagógica. La enseñanza en sí en las salas de clase se reduce a las “practicas pedagógicas” en donde envían al alumno directamente hacer la clase o práctica, con muy poca o nula preparación previa. Es por ello que en general, ver la exposición de un estudiante de pedagogía en matemática es similar a la de un alumno de ingeniería, a lo sumo se imita las clases universitarias, que tienen otro propósito. Es común ver, falta de caligrafía y ortografía, desorden para escribir en pizarra, sin instrumentos didácticos (regla, compas, escuadra etc.) bajo nivel de oratoria, poco liderazgo en sala y hasta poco fundamento de la matemática que están pretendiendo enseñar.

Un elemento fundamental para entender una clase de matemática es el talento que debe tener el profesor de matemática para explicar conceptos debidamente motivados, lo paradójico que se observa es que doctores en didáctica de la matemática no tienen ese talento y sus clases son mecánicas o con excesivos recursos tecnológicos, o con poca claridad en los conceptos matemáticos a enseñar. Este escenario tiene una explicación: enseñar matemática es un arte, y como arte, no es suficiente que me guste enseñar, sino tener las capacidades para comunicar. A muchos le puede gustar el futbol, pero si no hay talento no se toca ni la pelota, lo mismo pasa en la enseñanza, hay profesores que sin tener formación pedagógica tienen una capacidad innata para comunicar, lo hacen con pasión, se entiende toda la clase, los alumnos quedan muy motivados a seguir profundizando. Mientras que otros, por su propia personalidad comunican muy mal, aunque tenga muchos conocimientos didácticos pedagógicos.
Lo ideal es que alguien con buena formación matemática y capacidad comunicativa, con pasión por enseñar, tenga formación pedagógica, porque así podrá comprender los factores del bajo rendimiento y poder remediarlos. Estas competencias deberían formarse en las escuelas de pedagogía, en donde cada curso de matemática debería tener 3 componentes: histórico-filosófica, disciplinaria, detección de rupturas cognitivas para el aprendizaje. La constante reflexión con información científica, sería lo óptimo. Además de cursos de oratoria y liderazgo educativo, todo lo demás viene con el talento del futuro profesor.
En estos años se añora a antiguos y buenos profesores de matemática, con buena formación matemática, capacidad didáctica para explicar, orden precisión, caligrafía y ortografía impecable, y que enseñaban sin recursos tecnológicos (porque no existía), pero que era suficiente: tiza de colores, pizarra, regla y compás. Sin embargo, debemos entender que ese mundo ya no existe y estamos presenciando el nacimiento de otro mundo pedagógico, más tecnológico, más facilitador en todos los aspectos, en donde no se aprende, pero igual se termina la enseñanza media.
Es importante mencionar que seguimos siendo humanos, tan igual que en la antigua Babilonia, y que necesitamos el contacto humano para aprender con lápiz y papel, un buen maestro que conjeture, motive y haga matemática frente a sus alumnos, que el alumno lo vea equivocarse, seguir caminos, conectar ideas, formar cerebros es lo que busca la matemática en la educación.
En fin, es un problema complejo, porque se trata de formar seres humanos pensantes, los profesores hacemos nuestra parte, aquí todo educamos, y todos estamos fallando en alguna medida. Felizmente siempre existirán jóvenes que les apasiona la matemática, aún de las deficiencias que acabamos de mencionar.
