El cavernícola de la Casa Blanca cumplió sus amenazas, llevándose de corbata a los gringos
- Construir una estrategia que conquiste nuevos mercados, rutas y socios para romper la gruesa cadena de dependencia con el vecino del norte y lograr que México ingrese a un mecanismo comercial y productivo multilateral
MÉXICO SA
Por: Carlos Fernández-Vega
Pues sí: réquiem por un sueño. El cavernícola de la Casa Blanca cumplió: no ratificó el Tratado México-Estados Unidos-Canadá; lo transforma en un muerto viviente con 10 años de purgatorio (“revisiones anuales”) y sepulta al mecanismo de forma “institucional”. Así, deja colgados de la brocha a sus “amigos y socios” y les envía un cariñoso mensaje: consuélense con la década que marca el reglamento (de lo perdido, lo que aparezca), háganle como quieran y si saben contar no cuenten más con el gringo.
Ante tal panorama, al gobierno mexicano parecen quedarle dos opciones: en esa década, intentar que el próximo gobierno estadunidense (sucesor de Trump, porque éste ya no puede repetir, aunque hay que insistir: de cuándo a acá este salvaje ha respetado la ley) reconsidere tal decisión y reviva el T-MEC. En su defecto, que salga de la cómoda burbuja y estructure un sólido plan B, ponga en marcha una nueva estrategia y conquiste nuevos mercados, rutas y socios para romper la gruesa cadena de dependencia con el vecino del norte y lograr que México ingrese a un mecanismo comercial y productivo multilateral, inclusivo, equitativo y en mejores condiciones, algo que, por lo demás, debió hacer tiempo atrás.
El hasta hace unos días “entusiasmado” secretario mexicano de Economía, Marcelo Ebrard, intentó consolarse y recurrió a la ya vieja tesis de Rosita Alvírez (“de tres tiros que le dieron, nomás uno era de muerte”). Dijo: “ninguna de las partes manifestó intención de retirarse del acuerdo; ninguna de las partes dijo ya no voy al tratado”; pero “sólo” uno no lo ratificó ni pretende hacerlo (Estados Unidos), es decir, Trump simplemente lo condenó a muerte.
Algo más dijo Ebrard: “Estados Unidos no está en la posición de extender (el T-MEC) 16 años (es decir, ratificarlo); por lo tanto, nos vamos a ir por el carril de la revisión anual por los próximos 10 años, que es la vigencia acordada del tratado; no existe riesgo de salida de alguna de las partes; no es el caso, eso no ha ocurrido ni estimamos que vaya a ocurrir; el tratado no tendrá modificaciones inmediatas; va a seguir funcionando como está previsto; el objetivo será que cada revisión anual tenga menos asuntos pendientes que la anterior” (hasta su eventual extinción).
Y de pilón detalló: “el proceso de revisión arrancó formalmente ayer y la siguiente conversación bilateral con Estados Unidos se realizará la semana del 20 de julio en la Ciudad de México, sesión que ya forma parte del mecanismo de revisión establecido en el tratado. La decisión de Washington no representó una sorpresa para los mercados financieros, dado que, de acuerdo con los indicadores de ayer en la mañana, los inversionistas ya habían asumido que el resultado sería el de revisiones anuales, por lo que no se anticipa un efecto adverso sobre la inversión extranjera directa”.
En la mañanera de ayer, poco antes de conocerse oficialmente la decisión de la Casa Blanca, la presidenta Sheinbaum se refirió cautelosamente a este tema, considerado toral para la economía mexicana: “si hoy no hay la decisión de Estados Unidos de prorrogarlo 16 años, el tratado se mantiene por la próxima década, que es su vigencia, hasta el 2036, y se revisaría cada año. Las características de esa revisión se pueden definir en los próximos meses. Si después de ese tiempo, o después de tres o cuatro años, deciden las partes prorrogarlo por 16 años, a los seis años de esa prórroga vendría nuevamente la revisión. Es decir, no se acaba el tratado, sino que continúa 10 años con revisiones que serán definidas por el trabajo que se va a hacer conjuntamente a partir de hoy”.
El 20 de julio (“hasta ahora; hoy lo van a confirmar”) “vendría a México un equipo de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos para seguir con esta revisión. Entonces, esto es lo que se va a definir –ayer a las 9 de la mañana–, las características de esta condición, en caso de que no se prorrogara por los próximos 16 años. Ahora, sigue el trabajo conjunto; no es que hoy se acaba, sino que sigue el trabajo conjunto. Y se puede determinar esas revisiones de cada año qué características tendrían, a lo mejor se llega a un acuerdo y ya se dice: ‘pues los siguientes años nada más es la revisión de lo que se acuerde este año’; o a lo mejor en un año se dice ‘queremos otros 16 años’, pues se puede prorrogar por ese periodo. Pero el tratado continúa hasta su vigencia, que es 2036”.
Las rebanadas del pastel
Entonces, 10 años para salir de la ratonera heredada por el régimen neoliberal y lograr participar en mecanismos comerciales más inclusivos, multilaterales y democráticos.
X: @cafevega