El consejo de un asesor que nunca escuchó un gobernador destituido

REFLEXIONES / Periodismo con Historia

Por: Miguel Ángel García Muñoz

¿Cuán trascendente es que un político de altos vuelos cuente entre su círculo cercano a asesores experimentados y leales que, incluso, sepan más que él?

En esa relación tendría que prohibirse la entrada al celo profesional, al egoísmo y la soberbia, lo que es difícil concretar porque el gobernante suele sucumbir a las mieles del poder que le impiden saber escuchar e imponiendo, finalmente, su voluntad.

Hoy, cuando nuevamente la BUAP se ve envuelta en una encrucijada de intereses que parecieran dirigidos a desestabilizar a la rectora Lilia Cedillo, me viene a la memoria el consejo de un asesor que nunca escuchó un gobernador destituido.

La historia es breve, pero significativa.

Mi papá Ángel García López, de enorme reputación periodística, que lo llevó a servir a la nación junto con el canciller Emilio O. Rabasa, había sido subdirector de prensa en el gobierno de Aarón Merino Fernández (1963-1969), quien tuvo que dejar el cargo para ser sustituido por Rafael Moreno Valle, el general que también fue obligado a desocupar la oficina de gobierno en 1972, entregando el interinato a Gonzalo Bautista O’Farrill, quien duró 13 meses en la administración. Y es precisamente con este último personaje que se envuelve la historia que me viene a la memoria.

Para 1972, el maestro Ángel García López ya había participado en 1957 en la fundación del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec junto con el Capitán Raúl Velasco de Santiago, luego del fallido intento de militarizar la educación en la Universidad Autónoma de Puebla. Al mismo tiempo, su trabajo en el periodismo lo llevó a ocupar la dirección de El Sol de Puebla, siendo en esos momentos que Gonzalo Bautista, aún saboreando su arribo interino a la gubernatura de Puebla, después de su paso relámpago como alcalde de la capital poblana, lo invitó a convertirse “secretamente” en su asesor.

Los tiempos convulsos de la UAP, ligada al comunismo, estaban lejos de marcharse; la espina de los enfrentamientos entre FUAS y Carolinos estaba clavada y, de hecho, pareciera que no se ha sacado de la conciencia ni se han borrado los asesinatos de los líderes estudiantiles destacados Joel Arriaga Navarro y Enrique Cabrera Barroso, ni el conflicto lechero, ni la participación del clero a favor del conservadurismo.

Fue Gonzalo Bautista, quien mandó a buscar a su asesor “secreto” Ángel García López, para decirle: “Fíjese que un subalterno del presidente Luis Echeverría Álvarez, me mandó a decir que son órdenes presidenciales, que vayamos con todo a poner quietos a los universitarios de la UAP. ¿Qué me aconseja usted?”.

La respuesta de García López, fue: “No, gobernador, no haga caso. De ser cierta la orden girada por el presidente Echeverría, dígale a su mensajero que la indicación se la mande por escrito. Ni siquiera permita que se lo pida por teléfono, de esta forma usted tendrá elementos para defenderse y de que no lo culpen si llega a suceder algo que tengamos que lamentar”.

Gonzalo Bautista oyó, nunca escuchó y agregó: “Cómo cree usted que voy a desobedecer la orden del presidente Echeverría; el hombre que me dio el recado es de su total confianza y viene escoltado por elementos del Estado Mayor”.

“Bueno, gobernador, usted es el que dicta la última palabra”, fue la contestación frustrada de Ángel García López, saliendo de la residencia de Gonzalo Bautista para nunca volver.

Las calles se mancharon de sangre; hubo detenidos; las instalaciones de El Sol de Puebla fueron lapidadas nuevamente y la gestión de Gonzalo Bautista O’Farrill culminó con su remoción del cargo, siendo señalada su responsabilidad desde la Presidencia de la República, abandonando el gobierno de Puebla con el escarnio universitario sobre las espaldas, acusándolo de ser el asesino de estudiantes.

POSDATA: La importancia de escuchar y valorar la sabiduría de un consejero.

Ángel García López fue, a la postre, asesor de otros tres gobernadores y dos presidentes municipales.

Ironías de la vida: En 1973, mi papá Ángel García López sirvió en misiones diplomáticas en el exterior a nombre del Gobierno de México por órdenes del presidente Luis Echeverría Álvarez.

Su estancia en la Casa Rosada junto al dios argentino Juan Domingo Perón, es memorable.

Su charla con el presidente de Uruguay Juan María Bordaberry, inolvidable.

Existe una carta auténtica firmada por el general, creador del peronismo que vive en la sangre pampera desde 1940, dirigida al pueblo de México que mi papá guardó emocionado. En su momento fue publicada en El Sol de Puebla y en el periódico ABC; los archivos no mienten.

POSDATA 2: ¿Quién asesora a la rectora de la BUAP, Lilia Cedillo?