Elena Poniatowska, defensora del periodismo como un oficio ético
- Durante el cierre del ciclo de la séptima generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas, reflexionó sobre la vocación, la escritura y los retos actuales que enfrenta la labor informativa, al tiempo que evocó los años en que reportear se hacía sin celulares, internet ni inteligencia artificial
25 junio 2026.-Para la periodista y escritora Elena Poniatowska, “escribir es un oficio, como lo es el de la carpintería o el de la costura. No sale bien a la primera”. De ahí que la perseverancia sea una herramienta esencial, pues el periodismo tiene que ver con “la espera y con la esperanza”.
Ataviada de blanco y con un conjunto de cuartillas en la mano, la autora de Hasta no verte Jesús mío arribó puntual la mañana del pasado martes a la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario para dictar una conferencia magistral en el marco del cierre del ciclo de la séptima generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de la Coordinación de Difusión Cultural UNAM (CulturaUNAM).
La UIP forma a estudiantes de diversas disciplinas para investigar, narrar y comunicar, apoyándose en la claridad y la veracidad como principios periodísticos. Cada alumno experimenta la elaboración de contenidos periodísticos en todos los formatos contemporáneos y se enriquece a través de mentorías, talleres y clases magistrales.
Ante una sala abarrotada de integrantes de diversas generaciones de la UIP, así como por personas lectoras, Poniatowska estuvo acompañada en la mesa por Rosa Beltrán, coordinadora de CulturaUNAM, y Alma Delia Fuentes, titular de la UIP.
Comenzó con una advertencia fiel a su oficio: “Como soy periodista, traje un texto escrito”. Pero pronto la lectura se volvió conversación. Evocó el México de 1953, una capital de cuatro millones de habitantes en la que todavía podían verse los volcanes, y recordó sus primeros días en los diarios Excélsior y Novedades, cuando entrevistar era un acto cara a cara, armada apenas con una libreta de taquigrafía, papel revolución y copias al carbón.
La escritora trazó el mapa de un periodismo anterior a los celulares, internet y la inteligencia artificial. En aquel mundo, rememoró, cada reportero buscaba la nota de primera plana, pero también aprendía a escuchar. “La escritura sí es una inyección de interés por los demás y por lo que sucede”, afirmó. Esa curiosidad la llevó a entrevistar a figuras centrales de la cultura mexicana como las escritoras Rosario Castellanos y Elena Garro, o los escritores Juan Rulfo, Carlos Fuentes y Octavio Paz, pero también a presos, lavanderas y personas que rara vez figuraban en la historia oficial.
Uno de los pasajes más significativos fue su defensa de la cárcel como escuela periodística. En Lecumberri (inmueble que albergó a la penitenciaría) encontró relatos imposibles de hallar en otros espacios: hombres y mujeres que necesitaban contar sus verdades, mentiras, culpas o inocencias. Para alguien que quiere escribir, dijo, “no hay mejor lugar que ir a la cárcel”, porque ahí la escucha se vuelve método.
Frente a los nuevos desafíos informativos, Poniatowska advirtió sobre las noticias falsas y la corrupción, y defendió el periodismo como un oficio ético.
Las preguntas de las y los estudiantes abrieron un diálogo sobre la vocación, los géneros y el futuro del oficio. Diego, de la séptima generación, le preguntó qué le despierta todavía el gusto por sentarse a escribir; Poniatowska respondió que escribe todos los días y busca personajes capaces de interesar a los lectores. Mientras que Andrea, de la misma generación, quiso saber cómo definiría una obra que cruza géneros literarios; ella contestó, sin solemnidad: “Yo defino la escritura como la palabra escrita”.
También hubo preguntas sobre las mujeres periodistas, el teatro mexicano, la migración y la posibilidad de que los jóvenes cambien el mundo. Poniatowska respondió desde la experiencia, a veces con memoria, a veces con límites: cuando no sabía algo, dijo que prefería no “cotorrear”.
Rosa Beltrán celebró la presencia de una figura que ha acompañado la vida cultural y política del país. “La periodista, la escritora, la novelista, la activista” entró a una redacción en 1953, y “para nuestra fortuna nunca volvió a salir”. En ella, añadió, se encarna una forma de periodismo basada en la escucha, la sensibilidad y el rigor.”
Por otro lado, Beltrán subrayó el carácter singular del programa coordinado por la periodista Alma Delia Fuentes: un espacio que forma periodistas de diversas disciplinas, unidos por el interés en la cultura como territorio de libertad y como testigo de la realidad. Mencionó que por la Unidad han pasado 140 estudiantes, que han producido 835 contenidos publicados.
Previo a entrega de reconocimientos a los 18 egresados, Beltrán agradeció su presencia a Elena Poniatowska y la describió como “un testimonio viviente” de México, capaz de leer no sólo lo visible sino lo que queda entre líneas.