Esa otra manifestación de la política genocida en Cisjordania/Nadya Rasheed

12 marzo 2026.-A la luz de los hechos, quienes creemos en la justicia debemos tener la voluntad para mirar de frente a la imposición del poder por el poder mismo, pues el sentido de la verdad nos muestra que las vías que conducen a la igualdad de condiciones y oportunidades para existir están fuera del mapa, del piso y techo que la justicia debe ofrecernos.

La ideología sionista no pierde un segundo para atacar, en primera instancia, a la comunidad palestina. Esto ha ocurrido durante décadas y responde a un proyecto dirigido a nuestra total desaparición en el olvido mediante la deshumanización, que actúa como cadena perpetua para todo mi pueblo.

Ahora, esa misma ideología supremacista nos obliga a observar su expansión hacia otras regiones, no sólo con el fin de causar daños igualmente injustificados, sino con el claro y macabro propósito de minimizar –hasta borrar de nuestra conciencia política y humana, mediante más violencia– la realidad del genocidio en Gaza. Desde el exterminio expansivo, pasando por los constantes ataques de colonos en Cisjordania, hasta el aislamiento de Jerusalén Oriental de su raíz histórica, somos testigos del punto de partida de este caos, elegido y promovido por la ideología sionista para difundirse en nuestro mundo.

Como ciudadanos globales, y a cualquier distancia de Palestina, sabemos que nuestra memoria no es observadora pasiva. Es, en cambio, orgánica, hermana, humana por elección. Y desde esa ambición primera del sionismo de borrar a Palestina de la Tierra, entendemos hoy la repetición del patrón: vemos la expansión del colonialismo tanto en otras regiones como en una narrativa que pretende ocupar todos los espacios de nuestro sentido crítico y de comunidad a escala mundial. Estamos frente a una urgencia humanitaria y una amenaza supremacista que, desde su plataforma de limpieza étnica, nos ocupa a todos. Allí está la advertencia: Palestina como modelo para la violación de los derechos humanos. Las matanzas y la hambruna no cesan en Gaza; el desplazamiento y el robo de hogares en Cisjordania persisten, y la exclusión de Jerusalén Oriental sigue avanzando, todo bajo una figura de “legalidad” sin fundamento en el marco jurídico internacional.

En esta realidad, donde la muerte se impone al respeto a la vida, el objetivo es claro: la anexión de Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental. Así, desde la tierra universal de Jerusalén, la voluntad de paz del Estado de Israel ha sido, una vez más, una burla. Israel, por un lado, redobla el despropósito de incentivar que los colonos asuman funciones de fuerzas policiales y militares en Cisjordania. Por el otro, el sionismo continúa alimentando el plan de adoctrinamiento de la opinión pública por medio de las redes sociales.

El Estado de Palestina, pese a todo, persiste en nuestra conciencia como lo que es: Palestina. Palestina toda en su derecho a existir, aunque más de 800 mil colonos dividan la cotidianidad de los palestinos; aunque la impunidad de los colonos, sumada al ejército ocupante, busque aniquilar el presente y el largo aliento de la historia que nos mantiene aferrados a la tierra de nuestra civilización. Mi pueblo, como cualquier pueblo hermano, no debe ser sustituido.

Tenemos la obligación de hacer frente al genocidio y la ocupación. Debemos evitar que el método de aniquilación total que hoy se ejecuta en Palestina sirva de modelo para el futuro de otros pueblos. Asegurarnos de que Israel cumpla las órdenes de la Corte Internacional de Justicia es tarea de todos. Denunciar la violencia ejercida por Israel al ignorar las advertencias de organizaciones de derechos humanos, de la sociedad civil, de estados parte y de la ONU es también una responsabilidad con la humanidad. Debemos continuar exigiendo que Israel se someta a la debida rendición de cuentas y se lleven a cabo los procesos pertinentes que obliguen a asumir responsabilidades a personas y empresas involucradas en el genocidio y en la ocupación.

Tampoco perdemos de vista hechos que rara vez aparecen en las noticias o en redes sociales: en Cisjordania vemos casos de niños que son obligados a destruir con martillos las paredes de sus hogares, sólo para humillarlos. Ni escapa de nuestra atención que hasta los cadáveres palestinos son retenidos, mientras más de 9 mil personas permanecen detenidas.

Estamos ante una estrategia mercantil de ocupación y aniquilación. La defensa del derecho de Palestina a existir es, en el mismo terreno de los derechos humanos, la defensa legítima de todos los pueblos a vivir con libertad, dignidad y justicia.

Embajadora del Estado de Palestina