Examinan formas de recuperación del cerebro, luego de un infarto
- Luis Tovar y Romo expuso su estudio en la materia; Fabiola Duarte Ortiz compartió los avances sobre circuitos auditivos; y Andrés Jara Oseguera los mecanismos moleculares para detectar cambios en la temperatura
27 enero 2026.-Un equipo científico, liderado por Luis Tovar y Romo, director del Instituto de Fisiología Celular, indaga la importancia de un mecanismo llamado vesículas extracelulares para ayudar al restablecimiento de quienes han sufrido un infarto cerebral.
Estudiamos si se pueden modular los mecanismos de recuperación que le permitan al cerebro repararse después de un suceso de esa naturaleza, del cual se registran en el mundo 15 millones de casos cada año.
Durante su participación en el Primer Congreso de la comunidad biomédica de la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica (LIBB) UNAM, precisó:
Las vesículas extracelulares son vehículos de transporte de moléculas que tienen las células en el cuerpo -las cuales llevan en su interior proteínas, micro RNA o metabolitos-, los cuales salen de la célula y, al ser captadas por otros receptores, influyen sobre las respuestas moleculares.
El doctor en Ciencias recordó que el infarto cerebral tiene numerosas características que lo hacen particularmente complejo, pues hay pacientes, de manera espontánea, que presentan buena recuperación.
Esto indica la capacidad del cerebro para recobrar algunas de las funciones que perdió luego de una lesión; este mecanismo se limita a poco tiempo, ya que después de seis meses las personas no pueden reestablecer más funciones de las que volvieron a adquirir en ese tiempo.
La propuesta del equipo, probada en especies de laboratorio, es que la recuperación espontánea no sucede solo por la generación de nuevas neuronas, ya que estas suelen morir rápidamente. Se ha observado que se liberan moléculas exportadas en las vesículas extracelulares y eso influye en la recuperación neuronal.
Tovar y Romo dio a conocer los avances de su trabajo, como parte de la iniciativa del Primer Congreso de la comunidad biomédica entre los egresados de la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica (LIBB), cuyo objetivo es intercambiar experiencias, visualizar nuevas propuestas de quehacer conjunto y establecer opciones de mentorías.
Guían nuestras emociones
El secretario Técnico del Instituto de Investigaciones Biomédicas, Luis Antonio Mendoza Sierra, se refirió a la importancia de la colaboración proveniente de la comunidad científica estableciendo proyectos entre grupos de personas investigadoras biomédicas.
Fabiola Duarte Ortiz, actualmente investigadora posdoctorante de la Universidad de Washington, expuso lo referente a circuitos auditivos para el aprendizaje y evaluación de una canción para cortejo en aves.
Abundó que los sonidos guían nuestras emociones, por lo que ante la escucha de algún audio se generan expectativas o predicciones sobre lo que es posible esperar en el entorno, correcciones respecto a lo que esperábamos y evaluar si la experiencia fue positiva o negativa, aprendiendo constantemente.
Por ello, la egresada de la LIBB en su generación 41 y su equipo laboran con pinzones cebra, las cuales enseñan a sus crías las canciones, por lo que han logrado reconstruir los análisis de las diferentes sílabas (representaciones) de la melodía, así como visualizar cómo fluctúa la actividad cerebral mientras los pájaros están cantando.
Duarte Ortiz destacó: Hemos ubicado múltiples neuronas que responden a esta composición en particular. El proyecto indica que tienen diferentes formas de codificar la calidad de la canción para mantenerla estable.
En tanto, el científico de la Universidad de Texas en Austin, Andrés Jara Oseguera, compartió su indagación sobre los mecanismos moleculares (secuencias detalladas de procesos que ocurren a nivel de moléculas, como ADN, ARN, proteínas y lípidos) que usamos los animales para detectar cambios en la temperatura, particularmente del canal TRPM8, que es el principal sensor de frío en nuestro cuerpo.
El egresado de la generación 32 de la LIBB acotó que este es un canal iónico (un espacio que permite el paso rápido y pasivo de sodio, potasio, calcio o cloruro) que avisa cuando la temperatura disminuye, indicando variaciones en los niveles de sodio y calcio, que eventualmente percibimos como una sensación de frío.
Jara Oseguera indicó que compararon los patrones de mutaciones y revisaron los cambios en la percepción del frío al exponer a las células a este y al mentol, encontrando patrones de comportamiento básicamente idénticos lo que indica que, independientemente de cómo se detectan estos dos estímulos, el resultado es el mismo.
Durante la jornada, realizada en el auditorio Alfonso Escobar Izquierdo, participaron también especialistas en microbiología, biología celular y del desarrollo, inmunología, biología computacional e industria biomédica.