Falso, que los médicos cubanos sean esclavos

31 marzo 2026.-La ofensiva contra las brigadas médicas cubanas no cesa. Las presiones de Estados Unidos para que los países donde actúan rompan la relación con ellas no se detienen. Apenas hace unos días, regresaron de Jamaica 227 integrantes del proyecto, luego de que Kingston rescindió unilateralmente el acuerdo de cooperación sanitaria binacional. Terminó así un convenio que llevaba 30 años funcionando, en el que fueron atendidos por los galenos cubanos más de 8 millones 176 mil pacientes.

Igual destino tendrá el personal sanitario isleño en Guatemala, de donde saldrán 412 profesionales de la salud, después de 27 años de colaboración. La brigada cubana cubría más de 70 por ciento de los 22 departamentos, dio el año pasado más de 2 millones de consultas, con frecuencia en lugares a los que los médicos locales no llegan.

Desde Cuba para el mundo

La solidaridad sanitaria de las batas blancas antillana con más de un centenar de naciones tiene una larga historia detrás. La doctora en ciencias médicas Ana Beatriz Pérez Díaz, investigadora desde hace años en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kouri, explica a La Jornada que estas colaboraciones comenzaron “tan temprano como a inicios de los años 60, cuando salió la primera brigada médica cubana hacia África, específicamente a Argelia, que estaba comandada por el Che Guevara, nuestro comandante”.

Según ella, la hermandad sanitaria “es uno de los rasgos que caracteriza a la revolución cubana, fruto del pensamiento internacionalista de Fidel Castro, que supo inculcarla desde muy temprano, masivamente, a nuestro pueblo, y que ha hecho que haya un sentimiento de solidaridad genuino por parte de los pueblos del mundo hacia esta isla”.

De ahí en adelante –explica– nuestro ejército de batas blancas, fue símbolo de solidaridad por los más pobres del mundo. Los médicos cubanos estuvieron siempre dispuestos a ir a los lugares más intrincados, a atender a los más pobres, a esos que no tenían acceso a los servicios de salud en sus países. Y esto les ganó el cariño de las familias. Crearon nexos entrañables de amistad, de agradecimiento. No sólo hacia un lado, también hacia el otro, o sea, era agradecimiento mutuo y verdadero sentimiento de fraternidad”.

Es impresionante, dice la historiadora mexico-estadunidense Tanalís Padilla a este diario, cómo desde 1960, la isla ha enviado alrededor de 600 mil médicos a más de 160 países, sobre todo del sur global. La investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts, asistió a La Habana como parte del Convoy Nuestra América, para expresar su solidaridad con el pueblo cubano y su indignación ante el criminal bloqueo de Estados Unidos. Lleva más de tres años trabajando en un libro sobre las misiones médicas.

La doctora Padilla arguye que hechos como el de Jamaica, Guatemala y Honduras son parte de una política que Estados Unidos ha impulsado desde hace varios años. Arranca con el Cuban Medical Parol Program, durante la administración Bush (2006), que buscaba activamente profesionales de la salud cubanos para que desertaran, y les prometía que si iban a Estados Unidos les daría la ciudadanía y podrían ejercer su profesión. “Luego la realidad era otra, puntualiza. Muchos que lo hicieron se quedaron muy desilusionados al llegar. Esa política la finalizó Obama por unos años, pero la volvió a implementar el gobierno de Donald Trump.

“Y ahora –remata– Marco Rubio está empeñado en ver a cuántos países puede convencer, manipular, presionar, para que retiren las brigadas médicas. Varios de ellos desafortunadamente lo hicieron. Hay escenas muy tristes en las que la comunidad que ya no va a tener acceso a doctores, los despide, algunas veces llorando.”

Ser mejores

Dos caras de la misma moneda, los brigadistas médicos que salen a otras partes del mundo lo hacen enfrentando riegos, pero también, aprovechando la oportunidad para mejorarse como profesionales.

Según la doctora Pérez Díaz, esa ayuda del personal sanitario a otros pueblos implica privaciones. Explica: “en primer lugar, estar lejos de la familia, de los padres, la pareja, los cónyuges, los hijos, durante varios años, es un sacrificio. En segundo lugar, a veces hay que vivir en condiciones precarias y hasta riesgosas. Y también, exponerse a enfermedades que no tenemos en Cuba y que son serias y pueden ser mortales”.

Sin embargo –pondera– “la ganancia humana para nuestros médicos es enorme. Tienen la posibilidad de superarse profesionalmente en la atención a diversas patologías y enfrentarlas con resolución; patologías que no están en Cuba, que no se ven, y que han ampliado la visión y la preparación de nuestros doctores.

“También, poder conocer otras realidades en distintos rincones del mundo. En un país que como Cuba no tiene grandes recursos naturales, eso permite ayudar a valorar mejor los logros de la revolución. Cuando uno se mueve a lugares donde las cosas no son así, esto crea un referente importante.

“Pero –remata su balance–, más allá que todo eso, algo que siempre hay que agradecer es el ejercicio de la solidaridad humana. Es una oportunidad para ser mejores, para practicar el altruismo y la generosidad con otros seres humanos. La profesión médica en sí tiene implícito eso. Y cuando lo enfrentas con sacrificios mayores para ti, en condiciones alejadas de tu familia y muchas veces precarias, ese altruismo y esa generosidad escalan a un nivel mayor y nos hace mejores”.

¿Esclavos?

Según la maestra Padilla, la acusación de que los médicos cubanos son esclavos del gobierno es parte de una campaña de la derecha, porque, mientras Cuba, un país pobre, bloqueado, manda cientos de miles de médicos a otras partes del mundo, Estados Unidos lanza bombas y manda a la DEA. El contraste es notable. Lo que da una idea de la hipocresía de esta campaña –asegura– es que a Washington nunca le ha importado la explotación laboral.

Tanalís ha entrevistado a muchos galenos cubanos en varios países. Ellos le han respondido una y otra vez: “venimos voluntarios. Tenemos que hacer una solicitud completa para aplicar. A veces, hay tantos que quieren hacer esas misiones, que otros no alcanzan a hacerlas. Sabemos a lo que vamos, cuánto nos toca, cuánto le toca al sistema de salud para seguir formando médicos de forma gratuita, para seguir formando a médicos de otros países. Lo sabemos y lo hacemos conscientemente. No somos esclavos”.

Es –explica la profesora– una indignidad que les digan que lo son, porque van con mucho orgullo a brindar esta solidaridad a otros países. Van porque su formación como médicos lleva como principio no sólo brindar salud a sus connacionales, sino también ser internacionalista. Los doctores se educan así. Al ir a otros países tienen la oportunidad de brindar esta calidad humana y solidaria.

En las entrevistas, los médicos le han dicho orgullosos: “ahí nos volvemos mejores médicos, porque tenemos que tratar enfermedades que en Cuba ya no existen. Eso nos hace mejorar nuestra formación y conocer a más gente”.

Internacionalismo

¿Por qué otras naciones utilizan los servicios sanitarios cubanos? De acuerdo con la doctora Padilla “lo hacen porque gran parte de los países en el mundo, y no sólo en el sur global sino también Estados Unidos, no tienen suficientes médicos para atender las necesidades de su población. Y, aunque tengan doctores, se concentran en ciertas ciudades y hay muchas áreas que no tienen cobertura. Hay multitud países que si no fuera por las misiones que Cuba manda, un porcentaje sustancial de su población no tendría acceso médico”.

Por su parte, la doctora Pérez Díaz recuerda: “después del periodo especial, Fidel Castro concibió el desarrollo de la ciencia y el polo científico, donde la industria biotecnológica ganaba un especial protagonismo como vía para salir de ese estancamiento económico.

Advierte: “nuestros profesores también han formado decenas de miles de profesionales de la salud en otros países, tanto en universidades médicas del tercer mundo como en la Escuela Latinoamericana de Medicina, en la que he dado clases. Fidel nos decía: hagan que ésta sea una institución al servicio de la humanidad. Él nos enseñó a concebir la medicina para servir no sólo a Cuba, sino a los más necesitados y humildes de todo el mundo.

“Soy una heredera más de ese pensamiento. Somos dichosos por haberlo tenido y porque este pueblo ha defendido esas ideas de altruismo y de solidaridad a través del internacionalismo cubano”.