Fidel Castro y el magisterio mexicano

Por: Luis Hernández Navarro

Durante años, en la década de los sesenta, durante las marchas de cada 26 de julio en solidaridad con la Revolución cubana realizadas en la Ciudad de México, maestros, normalistas y estudiantes de internados, entonaban: “¡Abajo el imperialismo! / ¡Arriba, libertad! / Llevaremos con las letras, / la luz de la verdad!”.

El Himno de las Brigadas Conrado Benítez cubano, compuesto por Eduardo Saborit, fue interpretado en la Isla durante la Campaña Nacional de Alfabetización en 1961. La gesta movilizó a toda una generación de jóvenes bajo la consigna: “Quien no sepa leer, que aprenda; quien sepa, que enseñe”. La Antilla mayor se convirtió en la primera nación de América Latina libre de Analfabetismo.

El entusiasmo de la epopeya castrista contagió a docentes y jóvenes mexicanos. De manera que, como si fuera una misión propia, al desfilar coreaban: “¡Estudio! ¡Trabajo! ¡Fusil! / Lápiz! ¡Cartilla! ¡Manual! / ¡Alfabetizar! ¡Alfabetizar!”

La campaña se cruzó con la aventura yanqui de invadir la isla con una tropa de contrarrevolucionarios. Convencido por el embajador Portuondo, con el pendiente de una materia para terminar la carrera, el escritor mexicano Eraclio Zepeda partió a Cuba en aquellos años a dar clases. Tenía 23 años el 15 de abril de 1961, cuando las explosiones lo despertaron. El ataque de Bahía de Cochinos había comenzado.

El poeta contó a Ana Inés Larre: “Vergüenza me dio que mis jóvenes alumnos se estuvieran convirtiendo en defensores de su tierra y pensé algo que siempre pienso: uno no puede escoger el lugar dónde va a nacer, pero sí puede escoger dónde puede morir… Y al amanecer partimos al frente. Cuando llegamos y triunfamos, 72 horas después veníamos con la primera victoria de América Latina en la mochila”.

La Revolución cubana tuvo un profundo impacto entre los maestros que en aquellos mismos años –como ahora– luchaban por democratizar el SNTE y aumentar sus salarios. La siguió teniendo después. Con Fidel Castro, se sumaron a la lucha por el socialismo. No fueron pocos los dirigentes que albergaron la ilusión de reproducir en México lo acontecido en la isla. Othón Salazar, el principal dirigente del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), lo recuerda así: “Por entonces estábamos bajo la influencia de la Revolución cubana y nos parecía que el magisterio mexicano tenía mejores condiciones que las que tuvo Cuba para iniciarla”.

“La figura de Fidel Castro entonces, pero también ahora –contó Othón al escritor Carlos Monsiváis en una charla realizada el 11 de mayo de 1993– nos parecía que tocaba el cielo, y por el pueblo cubano y su revolución nos cuadrábamos. Los antecedentes de la revolución victoriosa de Cuba pesaban en nosotros.”

Solidario con la gesta cubana, el dirigente magisterial encabezó varios actos de apoyo a la causa. La derecha lo atacó sin misericordia por ello. El periódico Tabloide le dedicó su titular del 22 de julio de 1960: “se le subió la cuba libre a Othón Salazar. Bien pisto, en un mitin, ofreció su incondicional apoyo a Castro Ruz”.

El cubano José Carrillo García había dado clases en la Nacional de Maestros antes de sumarse al movimiento. Cuando regresó a México después del triunfo, se reunió con sus estudiantes. Plutarco Emilio García lo recuerda así: “Fue un encuentro tan emotivo que, si antes los veíamos con respeto por ser buen maestro, ahora lo mirábamos como un héroe”.

Othonista, jaramillista y maoísta, el profesor Vicente Estrada contaba sobre sus pláticas con su amigo Lucio Cabañas: “Cuando hablábamos de Fidel Castro, era una chulada; estábamos hablando de un mundo diferente. Decía Lucio: ‘Nosotros siempre vamos a apoyar a Fidel, pero Fidel no nos va apoyar a nosotros. Fidel nos va apoyar cuando seamos un movimiento de triunfo”’.

Rogelio Vargas Garfias es un profesor oaxaqueño fundador de la CNTE y la UTE. No supo del comandante por sus profesores. Todo estaba bajo control por el ascenso de la lucha social y la guerrilla de aquellos años. En agosto de 1974, estaba por alcanzar los 16 años y la revolución cubana victoriosa cumplía sus primeros 15. Fue entonces cuando conoció a Fidel por canciones como Tío Caimán de Quilapayún y las de Carlos Puebla. Pero lo más fuerte para él llegó con los círculos de estudios semiclandestinos que luego darían origen al PC de M (ML).

Cuenta Rogelio. “Aún conservó un libro de hojas amarillentas de Rius, que la Editorial de Cultura Popular publicó en 1972: Cuba para principiantes, que ilustró mis primeros conocimientos. Pero la lectura que más me impactó fue “La historia me absolverá” del compañero Fidel. Nunca olvido un párrafo: “Nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres, y primero se hundirá la isla en el mar que consintamos en ser esclavos de nadie”.

Teodoro Palomino fue, también, fundador de la CNTE. Recuerda: “Conocí a Fidel Castro, durante uno de esos Congresos de Pedagogía que se realizaban en los noventa. En varias ocasiones escuché sus intervenciones tanto en el Teatro Carlos Marx como en la Plaza de la Revolución. Cuando charlé con él, me deslumbró su mirada tranquila y su voz pausada, llena de conceptos filosóficos que advertían el gran conocimiento de la historia y el amor por su pueblo y la humanidad. Sencillo, amable y contundente”.

La lista de testimonios de trabajadores de la educación tocados por el castrismo daría para escribir un libro. En los hechos, el comandante Fidel Castro ha sido (sigue siendo), para las buenas conciencias, fuente de inspiración y un gran maestro de los maestros democráticos mexicanos.

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