Freinet y la pedagogía del riesgo

  • Freinet fue valiente, puso en riesgo la sagrada tarima de la sala de clase, junto con la autoridad formal del maestro, y acomodó la libertad de las criaturas, y la suya propia, en el centro de la vida escolar.

27 marzo 2026.- Hasta donde recuerdo, a lo largo de mis columnas, no he expresado lo que voy a escribir: Célestin Freinet fue un maestro de escuela primaria popular, de a pie, escribió y dio muchos consejos a los maestros; no fue tratadista educativo de escritorio. Célestin no se ocupó de sistematizar didácticamente su pedagogía. 

A mi manera, principalmente para los estudiantes, he explicado la educación Freinet como aquella pedagogía comprometida por alcanzar en la vida escolar una serie de principios y metas: dignidad, confianza, cooperación, democracia, sencillez, trabajo dignificante y gozoso; libre expresión, responsabilidad, autonomía, respeto, felicidad, buen sentido y tanteo, entre otras pautas importantes. En los siguientes párrafos me referiré a otra característica de la pedagogía Freinet, extraída de su pensamiento y obra: la pedagogía del riesgo, enfrentada, claro está, a la comodidad generada por la pedagogía del eterno ayer, la de la domesticación, identificada como “escolástica”, o educación bancaria a la manera de Paulo Freire. 

Desahuciado por las heridas que recibió en la Primera Guerra Mundial, que auguraban su pronta muerte, Freinet fue testarudo, apostó por la vida, tanto la propia como la de la escuela, con sus niños incluidos, y en esa apuesta, prácticamente si poder pronunciar palabras por su voz enferma, se arriesgó en la búsqueda de un proyecto de escuela popular que chocó con todo. Freinet fue sensible, y en una época en que campeaba lo contrario, se dedicó a escuchar a los niños, a quienes dio la palabra. ¿Hay algo más arriesgado en la escuela que favorecer la toma de la palabra por los muchachos en un contexto amplio impregnado de desconfianza en el ser humano? Los críos, poco a poco, se convirtieron en los verdaderos maestros de Freinet, quien se arriesgó, con humildad, a seguir las enseñanzas de los pequeños. Los niños marcaron el camino escolar, enseñaron a Freinet que ellos también tenían cosas importantes de niños que decir, escribir y defender, y así lo hicieron a través de sus textos libres. 

Freinet fue valiente, puso en riesgo la sagrada tarima de la sala de clase, junto con la autoridad formal del maestro, y acomodó la libertad de las criaturas, y la suya propia, en el centro de la vida escolar, construyendo textos libres y libros de vida, intercambiando correspondencia con otras escuelas de diversas partes del mundo, procurando una profunda crítica social, por parte de los niños, contra la opresión. Aunque no lo parezca, Freinet, a la vez, sin decírselo a los chicos, los encaminó implícitamente a trabajar con entusiasmo en una escuela del riesgo. Del alto riesgo. Los discípulos de Freinet desafiaron al usurero del pueblo (le desbarataron jugosas operaciones económicas), al político embustero, y en general a todas las fuerzas vivas de la localidad. Personajes que, unidos por sus mezquinos intereses, lograron echar a Célestin de la escuela pública en momentos muy delicados. Hay un episodio emblemático: Freinet, dentro de la escuela, acompañado por los estudiantes, con pistola al cinto, tuvo que defender el recinto escolar. A tal grado llegó su riesgo educativo. 

Ante el ejemplo de riesgo educativo asumido por Freinet, mal haría yo si no convido a mis estudiantes a que en clase asumamos el riesgo de combatir la escolástica con la práctica de una pedagogía basada en Freinet. A veces avanzamos y en ocasiones debemos hacer una pausa, antes de volver a iniciar el ascenso. También tomamos en cuenta las demás características de la pedagogía Freinet señaladas párrafos atrás. Las enseñanzas de Freinet, por supuesto me han servido para la construcción de lo que investigo y publico. El tanteo en mi camino ha sido fundamental, y el riesgo ni se diga (viajar de México a España, de improvisto, por ejemplo; sin más datos, en busca, para entrevistarlos, de los familiares de un viejo maestro llamado Antonio, apellidado García Martín, presentó un alto riesgo, y gracias a mis tanteos y al uso del buen sentido, al día siguiente del arribo a Madrid, con la ayuda de una archivera, las hijas del maestro estaban localizadas, y el libro en condiciones de ser terminado con la información buscada). 

Hablando del riesgo, dice el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), doctor Leonardo Lomelí Vanegas, que su reforma universitaria ha comenzado. Desde hace casi tres años, en mayo de 2023, en esta columna comencé a insistir –lo seguiré haciendo–, en la necesidad urgente de que la UNAM se transforme a fondo, que se escudriñe con cuidado todo lo que acontece en la institución, sin temas prohibidos. Hace falta una reforma, de cara a la nación, con la presencia, en los auditorios, de estudiantes, profesores, investigadores, trabajadores y gobernantes. 

En la UNAM hay muy variados y crecientes problemas; las condiciones objetivas para la transformación universitaria están puestas sobre la mesa y se pueden agravar. Las disposiciones subjetivas para hacerla, en cambio, faltan; la presencia activa de los integrantes de la casa de estudios, para impulsar una reforma desde abajo, está por verse. Ojalá llegue el momento. Considero necesario que los universitarios arriesguemos nuestro tiempo y esfuerzos para analizar la situación universitaria actual y hacer propuestas para mejorar. Eso puede llevar bastante tiempo, lo sé, pero hay que arriesgar y comenzar. El rector se adelantó, está dispuesto a la realización de una reforma desde arriba, con temas establecidos de antemano, mientras que otros, que son fundamentales, están ausentes en su agenda (los dineros de la UNAM, por ejemplo), incluso está el tema tabú de siempre: la intocable Ley Orgánica que en unos meses cumplirá 82 años de vigencia. Aun así, le sigo concediendo el beneficio de la duda. 

Coletilla: mientras tanto, sigo pensando en la importancia central de revisar las concepciones y prácticas educativas universitarias, para superar la escolástica, o educación bancaria, en aras de una educación liberadora. Y también en la importancia de trabajar el tema de la democracia universitaria, a partir de su práctica, por los estudiantes, en sus asambleas de clase, con la discusión y acuerdos sobre temas vivos de su interés. 

¡Elevemos la mirada de la educación! 

*Profesor en la UNAM 

jimenezmyt@gmail.com