Futbol, el opio de los intelectuales
Por: Hermann Bellinghausen/ II
19 julio 2026.- Un poco antes de la Copa Mundial, adelantándose al diluvio futbolístico que se venía, el ex canciller Jorge G. Castañeda (quien en los años 70 parecía, those were the days, la esperanza blanca de Partido Comunista Mexicano) se erigió en agorero del fracaso y el desastre mundialista. Su columna, freudianamente titulada El Mundial de nuestros sueños ( Nexos, marzo de 2026) enumera “los riesgos” del torneo en casa.
Duda de la capacidad del gobierno para cumplir el compromiso, prevé menor turismo del esperado, calcula que a la postre no habrá ganancia, sospecha de los acuerdos impuestos por la FIFA al gobierno de Enrique Peña Nieto, “ajustados” por el lopezobradorismo. Adelanta una “decepción” para las cuentas alegres oficiales en las ciudades de Monterrey, Guadalajara y México, en entidades gobernadas por partidos que no le gustan.
La permanente obsesión de los políticos, intelectuales y cabezas parlantes de su bando es “la inseguridad”, el miedo a “la violencia criminal”, “el orden”, aprovechando que la realidad ofrece múltiples ejemplos, útiles para su golpeteo político. Antes, cuando fueron gobierno, les parecía un problema combatido, dentro de lo posible, por el foxismo-calderonismo-peñanietismo, que nunca llaman narcogobierno aunque lo haya sido.
Su previsión es tan ruin que sorprende, incluso viniendo de él: yo no tengo la menor idea si el CJNG (cártel Jalisco Nueva Generación) piensa en estos términos o no. Pero es obvio que uno de los golpes más espectaculares que podría dar como venganza por abatir al Mencho, consistiría en una serie de acontecimientos violentos en Guadalajara. Explosiones, camiones quemados, secuestros, balaceras, ejecuciones de policías o de funcionarios: todos estos sucesos se encuentran al alcance de sus hombres armados.
Tal vez decida no aprovechar la coyuntura, portándose como buenos mexicanos, o sólo por prudencia: para qué antagonizar a una población que a priori no le es demasiado hostil. Pero de suceder, llevaría a un peligro innegable: que se suspendieran los partidos en Guadalajara, se tuvieran que llevar a México, o a Monterrey, o a Houston, creando más que una publicidad favorable al país, una confirmación de la mala imagen que México ya tiene en el mundo desde hace tiempo.
Pero no sólo el CJNG puede verse tentado por este tipo de acciones. Cualquier fuerza violenta enemiga del gobierno federal, de Jalisco, o de Guadalajara y Zapopan, puede sentir la tentación de aprovechar el momento. Entonces quedaría todo peor que si no hubiera habido mundial o no hubiera habido captura y muerte del Mencho”.
Luego de tal parrafada no cumplida, concede: “sabremos pronto si estos nubarrones se materializan o no. O en una de esas el gobierno tiene razón: llegan cinco millones de extranjeros, todos la pasan felices, y México sale airoso de un lance nada fácil de superar”.
No vaticinó que donde sí se manifestaría la violencia futbolera sería en Estados Unidos, país tan cerca de su corazón, con al menos 27 tiroteos ( shootings) relacionados, pero sin rastros del CJNG de sus pesadillas, con el añadido de los abusos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, según sus siglas en inglés) y las policías en aduanas, calles y estadios de la Unión Americana, el único anfitrión hostil y racista del Mundial 2026.
Igual que la FIFA, tampoco consideró los grandes incendios en Estados Unidos y Canadá que afectan la sede de la final, algo que sí previó la publicación ambientalista Grist, (“el mundial está a un incendio del desastre en la calidad del aire”, https://grist.org/ ).
Más allá de la obsesión ideológica que enturbia una parte de los análisis, es muy saludable que la ciencia política, la sicología, la economía, la historia y la sociología se ocupen de el deporte-espectáculo más formidable del planeta. No todo ha sido turismo, propaganda y negocios. Siempre se agradece el indispensable periodismo informativo y crítico. De hecho, los ensayos y las columnas de opinión han ganado en número, seriedad y claridad. El futbol ya no necesita reclamar su sitio en la cultura.
Numerosos escritores y escritoras juegan y jugaron balompié espontánea y gozozamente. Así como la temporada mundialera arrojó luz sobre proyectos fotográficos de elocuente raigambre popular y hasta rural, también visibilizó a la literatura en un tiempo donde el juego, como ilustra el Mundial, es mercantilizado por la superficialidad evasiva y el estratosférico negocio de las guerras simbólicas sobre el césped.
Se dio cierto relieve a la gran cantidad de buenos textos literarios (crónicas y cuentos sobre todo, como los que publica la escuadra de la editorial Ficticia) que se vienen escribiendo y publicando en las décadas recientes.
No llega a subgénero, pero sí constituye un tema recurrente y fértil, como en otras latitudes donde la literatura futbolera ha dado frutos, al grado de existir ya autores canónicos de predecible mención cada cuatro años.
¿Entonces qué? ¿Un futito?