Hacia una pedagogía ludita
Lev M. Velázquez Barriga
Pedagogía Ludita, es el más reciente libro del politólogo Mauro Jarquín, articulista de este diario La Jornada. Aunque no es producto de las consultas promovidas por la federación en las escuelas, viene a contribuir a un debate mayúsculo que no se remite sólo a la responsabilidad personal en el uso de los teléfonos celulares, sino a cómo las mercancías tecnológicas educativas (Edutech) y la inteligencia artificial en la educación (IAED) están cada vez más presentes en la formación, pero además son parte de la política pública.
Jarquín sugiere hacer una crítica material a las tecnologías de nueva generación, de ahí el concepto de megamáquina educativa, para poder entender que detrás de ellas no hay ninguna neutralidad, sino que subyace un entramado corporativo, de instituciones públicas y centros de investigación que promueven la dependencia tecnológica del aprendizaje, las herramientas didácticas de los docentes, incluso del sistema educativo por completo y los centros escolares. Se trata entonces de una serie de engranes de funcionamiento sincronizado para acelerar el desarrollo ideológico y material del capitalismo digital, que tiene su centro neurálgico en el Silicon Valley norteamericano, donde se asientan las empresas con mayor impacto global.
En otro libro que coincide con este planteamiento Atlas de la inteligencia artificial: Poder, política y costos planetarios, Kate Crawford da cuenta del impacto ambiental, los conflictos bélicos y geopolíticos generados por un modelo que se presenta a los ojos del mundo a manera de solución ecológica; sin embargo, la realidad dice otra cosa: contaminación del agua para el mantenimiento de grandes centros computacionales de datos con los que funciona la IA, devastación terrestre y marina para tejer el cableado submarino intercontinental que permite la transmisión de datos, la huella de carbón que dejan los enormes barcos interoceánicos para hacer llegar a nuestras casas y de un continente a otro las mercancías solicitadas por Internet, o bien, los costos humanos que dejan los desplazamientos y las vidas perdidas en las guerras territoriales por el saqueo de los materiales raros.
La megamáquina educativa es parte fundamental para que este capitalismo tecnológico desarrolle su propia forma de acumulación originaria: por medio de la minería digital se apodera, sin consentimiento, de los datos personales y la singularidad de miles de millones de personas conectadas diariamente a las plataformas y redes de Internet controladas por las Big Tech, pero también está despojando a la humanidad de toda su producción intelectual y capacidad creativa; sin lo anterior, las operaciones automatizadas de eso que nos venden como solucionismo mágico de la IA generativa para la creación secuencial de nuevos contenidos y respuestas, serían simplemente imposibles.
La falacia de los solucionismos mágicos, que implica ceder al desplazamiento de las capacidades humanas para dar respuesta a las necesidades de aprendizaje, es un proceso acontecido con el consentimiento de los gobiernos; en México, un caso bien sabido, es la apertura de la Secretaría de Educación para que Google entrara con todas sus herramientas digitales a la reconfiguración de los modelos de enseñanza y de gestión escolar, lo cual no quedó como respuesta al periodo de confinamiento pandémico, sino que se ha extendido hasta la actualidad con la llegada, en algunos centros escolares, de chromebooks, cuyo sistema operativo es de su exclusiva propiedad. Lejos de ser respuestas personalizadas, adaptativas, autónomas y críticas de la diversidad de aprendizajes, se producen nuevas estandarizaciones hechas por automatizaciones de matriz inhumana.
En el anterior ejemplo, alumnos y docentes son el campo concesionado oficialmente para la minería de datos a cielo abierto y al mismo tiempo el fracking que está resquebrajando los espacios de aprendizaje que se han dado a partir de las relaciones y las capacidades humanas, interactuando con el mundo social. Cuando permitimos que las herramientas IAED, de las Big Tech, desplacen la inteligencia natural, invadan y reconfiguren los entornos de aprendizaje y de gestión escolar, estamos yendo en sentido opuesto de la autonomía profesional de los maestros, de las comunidades de aprendizaje y de la constitución de soberanía política.
Los ingenieros de esta megamáquina son oligarquías tecnofascistas impulsando el bloque de derecha de Trump y sus guerras, que están reconfigurando desde la educación, el sistema de gobernanza global hacia uno de vigilancia satelitalizada, control de las mentalidades, formación de ciudadanías fascistizadas y de formas de organización de las escuelas para que contribuyan en el desarrollo de habilidades sociodigitales para el consumo de mercancías tecnológicas y la producción de sujetos emotivos de la explotación laboral, mediante el emprendimiento o del enganchamiento hacia las plataformas.
Pedagogía Ludita es un llamado a la construcción de autonomía y soberanía tecnológica digital, sustentable y emancipadora; a la crítica, propositiva y creativa de alternativas de desenganchamiento y desconexión que nos libre de la dependencia de la megamáquina educativa; a la revitalización de respuestas y soluciones que vengan de las experiencias humanas, los saberes docentes y las comunidades de aprendizaje, así como de los conocimientos y cosmovisiones desplazados por la colonialidad del saber tecnológico y occidental.