La lectura y la matemática

Por: Dr. Esptiben Rojas Bernilla

Universidad de Magallanes (Chile)

Los humanistas son unos apologistas de la lectura. Siempre ponen a la lectura, como la única forma de adquirir conocimiento, transportarse a otros mundos, abrir la mente, para entender el mundo de la cultura y de otras visiones del mundo. No se cansan en decir las bondades que tiene leer, sumergirse en el relato de una novela, de un ensayo, de la poesía como un viaje en la metafísica de lo humano.  Sin embargo, dentro de estas lecturas, no se encuentra los libros de matemática o de ciencia en general, aún más, la gran mayoría de humanistas, poco saben de matemática, pueden tener una idea de la importancia que tiene la matemática para la sociedad, pero poco o nada saben de la matemática en si (con excepción del conocimiento escolar).

Esta animadversión a la lectura de libros científicos, y en particular de matemática, tiene raíces históricas, prácticamente desde que se creó la escritura, y que se ha profundizado a través de nuestra educación a través del tiempo. Cuando se habla de cultura o de manifestaciones culturales, comúnmente se refiere al arte, la música y a las humanidades en general, y no se incluye al conocimiento matemático y muy tangencialmente incluyen a la ciencia.

En el sentido inverso también se observa, muchos matemáticos, tampoco leen novelas, poesía o profundizan en temas humanos, poco conocen de historia, filosofía, antropología, psicología etc., incluso de la misma ciencia, en temas que no son de su expertiz. Basta sacarlos muy ligeramente de su tema de especialidad, para que entren en la nebulosa del desconocimiento. Es decir, no leen temas humanos, como lo hacen los humanistas.

La razón de este fenómeno, es en primer lugar, que el conocimiento matemático formal es estrictamente cognitivo, fuera de este mundo, a pesar que está hecha por humanos, no trata de lo humano, como lo es una novela, un ensayo, la poesía. Esta diferencia intrínseca de ambos mundos hace que su escritura, también sea diferente. No es lo mismo (ni siquiera se semeja) leer una novela, que leer un libro de matemática. En principio, para un matemático cuando lee un libro de su expertiz no tiene la misma connotación que para un humanista. Para leer una novela, es suficiente saber leer y tener la suficiente imaginación para seguir el relato y reflexionar sobre lo leído. Leer un libro de matemática es distinto, saber leer literariamente, no es suficiente, para seguir el relato matemático (teoremas, ejemplos etc.) es necesario formar al cerebro humano en el formalismo, en donde cada concepto o idea, representado formalmente, posee una semántica universalmente aceptada. No hay interpretaciones particulares, como puede haber en una novela, todos tienen que pensar de la misma manera y de forma precisa. Todo esto es solo para comprender el texto matemático. Para los matemáticos, la lectura no se queda en la simple comprensión, requiere del hacer matemático, con lápiz y papel, es decir conectar el formalismo (conocimiento matemático) con nuestro cerebro, esa conexión se hace a través del “hacer matemático”, a través de la de invención de nuevos ejemplos, contraejemplos, y/o resolver alguna conjetura, es que se da lectura a un texto matemático. Es decir, cuando leemos un libro de matemática, nosotros somos actores importantes de la lectura, en la lectura de una novela, somos simples espectadores.

La creación matemática, es distinta a la creación literaria. La lectura de libros de matemática, es muy potente y formativa para el cerebro humano, puesto que requiere formación académica formal, para que al final del camino, podamos comprender, y percibir la belleza de las ideas de la matemática.

 Más que una novela, los libros de filosofía es también distinto, puesto que el hacer de los filósofos no es simbólica, ni formal, pero es altamente conceptual, requiere de cierta formación académica, que incluya a los grandes pensadores, no existe una especie de formalismo, que lo sintetice como en el caso de la matemática El conocimiento filosófico al carecer de sistemas formales que lo dirijan, tienen un grado de complejidad distinta. Es por ello que hacer filosofía de la matemática requiere, buena formación matemática y buena formación filosófica.