La marcha del humanismo mexicano contra el daño del neoliberalismo en el país

Por: Marco Antonio García Téllez | Impulso Informativo

Nos encontramos en una época donde los mexicanos estamos despertando. Nuestras exigencias como ciudadanos ya no son fácilmente ignoradas. Un dato reciente y oficial del INEGI, emitido en agosto de 2025, muestra que 13.4 millones de personas salieron de la pobreza entre 2018 y 2024, y que tan solo entre 2022 y 2024 la cifra alcanzó 8.3 millones. Este logro no fue producto de la casualidad, sino de una política nacional distinta, que rompe con las mentiras de un pasado neoliberal que tanto daño causó al país.

Aun con este despertar de criterio y reflexión, no podemos quedarnos en esta primera etapa. El reto está en dar el siguiente paso: hacer que estos avances perseveren bajo los valores y la ideología humanista de la Cuarta Transformación, de modo que se conviertan en una base cultural sólida para el futuro.

Podemos decir, sin duda, que la ideosincrasia del capitalismo neoliberal ha llegado a su fin. Hoy, gracias a nuevas formas de comunicación, los mexicanos tenemos una perspectiva mucho más amplia. Nos es posible distinguir con claridad las falacias y simulaciones de la oposición, lo que antes parecía imposible frente a los monopolios mediáticos.

No olvidemos que Miguel de la Madrid (1982-1988) inauguró la era neoliberal con la renegociación de la deuda externa en 1982, lo que trajo una política de austeridad que redujo salarios y gasto social, además de iniciar la privatización de más de 1,000 empresas estatales.

A este rumbo se sumó Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), quien firmó el Tratado de Libre Comercio en 1994, prometiendo modernización, pero dejando en quiebra a miles de empresarios mexicanosy sumidos en la pobreza a millones de campesinos. Ese mismo año estalló la crisis del llamado “error de diciembre”, con una devaluación histórica del peso y pérdida masiva de ahorros.

Más tarde, Ernesto Zedillo (1994-2000) recurrió al rescate bancario del Fobaproa en 1995, que convirtió las deudas privadas en deuda pública, un lastre que aún cargamos los mexicanos y que se estima hasta el 2050 finalizar su pago.

Con la llamada “alternancia”, Vicente Fox (2000-2006) prometió un cambio, pero en realidad mantuvo la misma política. Durante su sexenio, el campo siguió en crisis y la migración hacia Estados Unidos alcanzó cifras récord.

Después, Felipe Calderón (2006-2012) enfrentó la crisis financiera internacional de 2008, que provocó en 2009 la peor caída del PIB en 70 años, con un desplome del 6.5%. Además, en 2012, impulsó una reforma laboral que abrió las puertas al outsourcing y a la precarización del empleo.

Finalmente, Enrique Peña Nieto (2012-2018) profundizó los daños con la reforma energética de 2013, que lejos de abaratar la luz y la gasolina, generó gasolinazos y mayor dependencia del extranjero. Sus reformas estructurales apenas lograron un 2% de crecimiento promedio anual, mientras aumentaban la desigualdad y la corrupción.

Estos episodios no son invento ni retórica, son hechos que la memoria de los mexicanos ya no olvida y que marcan claramente el fracaso del neoliberalismo en México.

Según sus discursos, todo esto se hacía en nombre del desarrollo. Pero basta mirar los resultados de esos sexenios para comprobar que no fue así. El único sector beneficiado fue el de los grandes empresarios y los capitales extranjeros. Hoy, la oposición todavía insiste en esa narrativa, aunque cada vez menos gente les cree. Por eso, como se dice coloquialmente, dan patadas de ahogado, recurriendo a rostros políticos sin credibilidad que insisten en el intervencionismo extranjero. El caso más reciente es el de “Alito” Moreno, con sus visitas a Estados Unidos en busca de acuerdos oscuros, que en el fondo no son otra cosa que intentos por seguir vendiendo la patria al mejor postor.

Preguntas para profundizar la reflexión

  1. Si el “humanismo mexicano” busca desplazar al viejo paradigma neoliberal, ¿qué métricas (además del ingreso) deben guiar la política pública: salud mental, tiempo libre, cohesión social, movilidad intergeneracional?
  2. ¿De qué manera podemos institucionalizar estos avances —con leyes, presupuestos multianuales y controles ciudadanos— para que no dependan del signo político del gobierno en turno?
  3. En una sociedad más politizada, ¿cómo equilibrar participación crítica y unidad en lo fundamental, evitando tanto el sectarismo como el regreso de la tecnocracia desarraigada?
  4. Si el pasado privilegió a unos cuantos, ¿qué mecanismos de rendición de cuentas y combate a privilegios (en partidos, empresas y gobiernos) necesitamos para que la justicia social sea más que un discurso?

Por fortuna, ese tiempo ya terminó. Lo que se viene es una sociedad más crítica y consciente, que defiende su soberanía. Estamos frente a un cambio cultural profundo, en el que se fortalecen los derechos de los mexicanos y se mejoran las condiciones de vida de los trabajadores y sus familias, aunque la oposición pretenda negar lo evidente.

Los datos del INEGI respaldan al actual gobierno y a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, quien sigue demostrando resultados concretos en la reducción de la pobreza y la defensa del interés nacional. La marcha del humanismo mexicano apenas comienza, y su fuerza radica en que nace de un pueblo mas critico.