La vigencia del México antiguo

23 de febrero de 2026.-El 22 de febrero se conmemora el centenario de uno de los grandes hombres que ha tenido México y la UNAM: Miguel León-Portilla, historiador, filósofo, escritor, diplomático y académico, con un reconocido conocimiento en materia del pensamiento y la literatura de las culturas indígenas.

Uno de sus alumnos más emblemáticos, José Rubén Romero Galván, del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UNAM, mostró su emoción al hablar de su maestro, de quien consideró que uno de sus principales aportes fue colocar la lengua indígena en el centro del estudio del México antiguo y demostrar, con rigor académico, la existencia de un pensamiento filosófico entre los pueblos nahuas.

“Pertenezco a una generación de alumnos del doctor León-Portilla en la que si uno quería dedicarse a lo prehispánico a fuerza tenía que estudiar náhuatl”, recordó el doctor en Etnología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Francia.

El ganador del Premio Universidad Nacional en el área de Docencia en Humanidades en 2015 explicó que la traducción del náhuatl es un elemento importantísimo inculcado por León-Portilla, porque dota de una profunda seriedad a los estudios que se realizan.

León-Portilla, prosiguió el investigador, dejó de lado cualquier cuestión romántica para realizar unos estudios objetivos y profundos, en los que por medio del análisis de la lengua se llega a conclusiones importantes y delicadas, las cuales son contribuciones para el mejor conocimiento del México antiguo.

Describió que su obra nodal, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, resultado de su tesis doctoral, ofreció pruebas documentales de que entre los pueblos nahuas hubo un pensamiento susceptible de ser llamado filosófico. Planteó que a partir de la traducción y discusión crítica de textos originales, León-Portilla abrió un campo de reflexión que dignificó el pensamiento indígena en el ámbito académico.

Romero Galván reveló que Miguel León-Portilla abrió y consolidó el camino trazado por el padre Ángel María Garibay para comprender el mundo prehispánico de manera seria y profunda, a partir del estudio de la lengua náhuatl y otras.

Recordó una anécdota que el propio León-Portilla solía contar sobre su primer encuentro con el padre Garibay. En esa ocasión, el sacerdote le preguntó:

—Entonces, ¿usted se quiere dedicar al México prehispánico?

—Sí, padre.

—¿Y sabe náhuatl?

—No.

—Pues estudie.

“Acto seguido, le obsequió La llave del náhuatl, una de las gramáticas fundamentales para el aprendizaje de esa lengua, con la que generaciones de estudiosos han iniciado su formación. Garibay le advirtió que existen helenistas que no saben griego, subrayando así que no es posible estudiar una cultura sin conocer su idioma”, exaltó el universitario.

En este sentido, sostuvo que, desde un plano académico, hay una gran deuda con su obra a nivel de divulgación, “porque fue un extraordinario expositor. Creo que a muchos de nosotros nos mostró una visión del México antiguo en sus clases de licenciatura con un método claro y orgánico de tal suerte que caímos en las redes de la cultura náhuatl”.

León-Portilla, continuó, fue el ejemplo de un intelectual profundamente comprometido con el conocimiento, “era un enamorado del trabajo y éste era la puerta de acceso para la comprensión del ser humano”.

Al cuestionarlo sobre cómo se podría acercar la obra de Miguel León-Portilla a los jóvenes, lo consideró como un gran reto, porque estamos en una época de una revolución intelectual cuyos alcances no se vislumbran todavía.

“Para atraer la atención de los alumnos hacia una figura trascendente sería inventar ciertos mecanismos electrónicos para invitarlos. Videos que hablen de la importancia de su obra y, sobre todo, invitar a que se quemen las pestañas y estudien náhuatl”, relató.

En este contexto, Romero Galván dijo que los jóvenes deberían acercarse a la obra de León-Portilla y plantearse la siguiente pregunta: ¿qué del México antiguo existe en nosotros? “Recuerdo que en sus clases de licenciatura siempre nos obligó a reflexionar sobre ciertos rasgos de la cultura mexicana que estaban vinculados con la náhuatl. Por ejemplo, el uso del diminutivo que lo vinculaba con el -tzin, que es un sufijo del náhuatl.

El catedrático subrayó que la obra de Miguel León-Portilla no es para solazarse en un romanticismo, sino realmente para reconocer una parte de nosotros que le debe mucho al mundo indígena.

“No es que nosotros seamos indígenas o que podamos identificarnos tan fácilmente como tales. El mundo indígena es una otredad, es otra cosa. No somos nosotros totalmente indígenas, somos una mezcla de todo, esto es lo maravilloso; y, por supuesto, hay un esfuerzo para identificar qué del mundo prehispánico existe en nosotros”, manifestó.

Asimismo, José Rubén Romero consideró a León-Portilla como un universitario ejemplar, un hombre muy implicado con la máxima casa de estudios. Recordó que fue director del IIH durante dos periodos, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras donde fundó el curso de introducción a la cultura náhuatl.

Para finalizar resaltó: “La visión de los vencidos, obra cumbre que se publicó por vez primera en la UNAM en abril de 1959, tiene como uno de sus grandes aciertos reunir diversas traducciones realizadas previamente por el padre Ángel María Garibay y presentarlas como un conjunto orgánico en un volumen accesible, pensado especialmente para los estudiantes”.